EL SILENCIO CORPORATIVO

¿Qué pensarías si tuvieras un contrato de cero horas, como un 2,5 por ciento de empleados del Reino Unido a finales de 2015? ¿Qué pensarías si tuvieras un contrato de más de treinta, cuarenta o cincuenta millones de euros o dólares como CEO de una compañía? ¿Qué pensarías si supieras que, como demuestra un estudio de Corporate Executive Board (CEB), existe la llamada Regla 10:06:02, es decir, que cada aumento del 10 por ciento en la alineación de los empleados aumenta el nivel de esfuerzo de un trabajador en un 6 por ciento, lo que a su vez genera una mejora del 2 por ciento en su desempeño? Pues, que aunque el ser social determina la conciencia, es necesario hacer un ejercicio de empatía, y de acciones concretas, para que el progreso llegue a todas las personas, porque las fronteras y las vallas, sean visibles o invisibles, nunca son lo suficientemente altas cuando la desigualdad es insoportable.

Vivimos en una sociedad de contrastes. Por una parte, cientos de millones de personas quieren trabajar y no pueden, y personas que trabajan y cada vez lo hacen con peores condiciones. Por otra, la responsabilidad social en las empresas cada vez va cobrando más importancia, en un camino del que estamos en las primeras etapas. De en qué sociedad queramos vivir, y con qué valores, dependerá que el presente/futuro sea de ruptura o bienestar, sea de fronteras o prosperidad.

La crisis ha destruido millones de empleos. Pero también ha sido aprovechada para empeorar las condiciones laborales y salariales de millones de trabajadores. La consecuencia más evidente es una inseguridad creciente en personas que, aun manteniendo su empleo, perciben como una espada de Damocles pende sobre sus cabezas. Independientemente, de que realicen bien su trabajo y de que su empresa obtenga beneficios.

Este cóctel perverso, de altos niveles de paro e inseguridad laboral, ha sido aprovechado para que se utilicen de manera generalizada en los mercados laborales de todo el mundo las formas atípicas de empleo. Según la OIT, Organización Internacional del Trabajo, estas formas atípicas, es decir, el empleo temporal; el trabajo a tiempo parcial y a pedido; la relación de trabajo multipartita; y el empleo encubierto o por cuenta propia económicamente dependiente, está asociada con la inseguridad. Pero también implica desafíos para las empresas, para el rendimiento global de los mercados de trabajo, y para las sociedades en general.

Las principales tendencias de estos empleos atípicos son claramente descritas por la OIT. Entre ellas, podemos descatar:

1.- En más de 150 países, la utilización promedio de trabajadores temporales por empresasprivadas es del 11 por ciento. En España más del 25 por ciento.

2.- Las mujeres representan menos del 40 por ciento del total de empleo remunerado, pero constituyen el 57 por ciento de los asalariados a tiempo parcial.

3.- En los países industrializados, la diversificación del trabajo a tiempo parcial ha llegado a modalidades como los “horarios muy reducidos”, el trabajo “a pedido”, e incluso a los contratos de “ceros horas” (sin garantía de un mínimo de horas).

4.- Los trabajadores temporales sufren fuertes penalizaciones salariales, que pueden llegar hasta el 30 por ciento con trabajadores permanentes en situación comparable.

En paralelo a esta realidad, aparece una mayor implicación de las empresas en lo que se denomina Responsabilidad Social Corporativa o Responsabilidad Social Empresarial. El III Informe del impacto de las empresas, El poder de la Colaboración, realizado por la Fundación Seres en colaboración con Deloitte, demuestra que en el ámbito de las 77 empresas analizadas, se ha iniciado un camino de mayor compromiso con la sociedad, que es necesario transitar con convencimiento y sin atajos, para que el contrato social que nos hemos dado comprometa a todos los actores participantes y logre una sociedad más prospera y justa.

Es alentador y positivo, que durante 2015 estas empresas hayan invertido 741 millones de euros en 8.634 proyectos de RSE. Y que se hayan podido beneficiar 29,6 millones de personas, de las cuales 14,9 millones son beneficiarios directos.

Es alentador  y positivo, que  el 82 por ciento de lasempresas integran en su plantilla personas con discapacidad; que 7 de cada 10 empresas han contribuido a integrar laboralmente a colectivos desfavorecidos; y que 57.371 personas se hayan integrado laboralmente durante 2015.

Es alentador  y positivo, que el 60 por ciento de las empresas cuenten con un plan para extender las políticas de RSE a lo largo de la cadena de valor; que el 80 por ciento de las compañías tengan programas de voluntariado; y que 8 de cada 10 empresas analicen y comuniquen su contribución a la sociedad mediante memorias de RSE.

Pero, si juntamos la realidad social y la realidad en la empresa, hay que pensar en incrementar la actuación con los empleados y en porqué se sigue produciendo, ahora todavía más, el silencio corporativo. Sí, ese silencio entre los trabajadores en las reuniones con directivos. Ese silencio, donde no dicen lo que piensan por miedo a las represalias o a destacar. Un silencio sonoro, que viene a demostrar que la alineación entre los trabajadores y la empresa debe mejorar mucho.

Parece una obviedad, pero los empleados son personas. Y como tales necesitan información, formación, comunicación y consideración. Necesitan un trato menos jerarquizado y más abierto para ser más productivo. Necesitan coherencia entre las afirmaciones de la misión, visión y valores de sus empresas, y el posterior clima de trabajo y sus demandas internas.

Estas necesidades solo se pueden dar si existe un liderazgo conjunto para conseguir los objetivos de la empresa. Solo se pueden dar sabiendo que, como trabajador, formas parte de tu empresa. Con la seguridad que te da contar con directivos que enfocan su trabajo para que la empresa gane, gane la sociedad y ganes tú. Con la seguridad que te da saber que eres algo más que un número del cual poder prescindir para dar mejores resultados. En definitiva, con la seguridad de estar en un espacio de confianza, donde entre todos se avanza.

Y como dijo Séneca, en el Tratado de la brevedad de la vida, “el tiempo que tenemos no es corto; pero, perdiendo mucho de él, hacemos que lo sea, y la vida es suficientemente larga para ejecutar en ella cosas grandes, si la empleáremos bien.