EL SENY DEBE IMPONERSE A LOS ILLUMINATI

Los Illuminati fueron una secta secreta que surgió en Baviera a finales del siglo XVIII para combatir los abusos del poder real y de la iglesia. Algunos les suponen una influencia en la Revolución Francesa sucedida poco después. Ya en el siglo XX, se ha dado el mismo nombre a varias sectas que se supone mueven los hilos del mundo y tratan de instaurar un “Nuevo Orden Mundial”. A mi juicio, el movimiento independentista catalán tiene muchos rasgos en común con los sucesivos illuminati: han tratado de imponer un nuevo orden en Cataluña saltándose los cauces democráticos  y apelando a un sentimiento de justicia universal. También han rodeado su gesta de un relato y de una épica atractiva para muchos miles de personas: la lucha de un David bueno contra un Goliath malo, malísimo, que es el Estado Español.

Es ilustrativo a este respecto las respuestas dadas por muchos catalanes a los entrevistadores que les preguntaban por qué querían la independencia: “para que no haya corrupción”, “para ser libres”, “para librarnos del gobierno español” (ojo, del Gobierno, no del Estado). Un alcalde independentista de un pueblo de Gerona, y una señora del mismo, declaraban que su pueblo ya estaba en la nueva República y que se sentían muy bien.

Más racional que perseguir ese sueño sería considerar que la larga crisis económica ha hecho estragos en las clases medias y populares, y ha acrecentado la pobreza y la desigualdad, tanto en España como en gran parte de Europa. Ello ha creado una amplia desafección hacia la democracia, bajo el simple “principio” de que si la democracia no es capaz de darnos de comer, la democracia no sirve. Es decir, el principio toma la parte –la crisis– por el todo –el sistema. No es racional, pero sí muy humano.

Es en estas situaciones de crisis y desafección donde el populismo hace su agosto. Su especialidad es dar respuestas simples a problemas complejos. Simplificar el mensaje al máximo y sobre todo señalar culpables hacia los que dirigir las iras de los perjudicados. Su objetivo final es siempre hacerse con el poder.

Mientras que en el resto de España, el populismo ha señalado a “la casta” y al “régimen del 78” como los culpables, y con ello ha cosechado cinco millones de votos, en Cataluña el populismo independentista ha señalado a España como la culpable. Los recortes, la corrupción de CIU evidenciada en los tribunales, el malestar, todo ello se ha ocultado y sublimado bajo la bandera estelada, y se ha acusado al “culpable” con el miserable eslogan de Junqueras: España nos roba. Estos mensajes populistas han caído en un terreno abonado por el sistemático trabajo de adoctrinamiento llevado a cabo a lo largo de muchos años de ocupar el poder, y el resultado final es la eclosión que hoy vemos.

Sorprende la gran tolerancia de tantos a las patrañas y mentiras difundidas desde los centros neurálgicos del independentismo: España nos roba (en lugar de CIU nos roba), tenemos derecho a decidir (derecho que quitan a otros), las leyes internacionales nos amparan (no existe tal derecho de autodeterminación en una democracia), nada hay más democrático que poner las urnas (depende de para qué), nos envían a la policía por querer votar (y no por violar la ley), las empresas no solo se quedarán sino que querrán venir (ya lo estamos viendo), en Europa ya estamos y nadie nos echará de ahí (también lo estamos viendo), España nos reprime porque es autoritaria y no democrática (no porque llevemos varios años saltándonos la ley), nos encarcelan por nuestras ideas, (por eso los independentistas Tardá y Rufián siguen siendo parlamentarios en el Congreso), somos presos políticos (y no políticos presos por sus delitos), la justicia española no ofrece garantías (por eso Bárcenas, Matas, Ignacio Gonzalez, Rato, Urdangarín, y muchos otros, están inmersos en juicios).

Parecen sentir que su causa es del todo justa, y por ello mismo se sienten injustamente reprimidos, lo que añade más épica a su gesta. “Desgraciados los tiempos en que los locos llevan de la mano a los ciegos”. La sentencia la pronuncia el conde Gloucester en El Rey Lear, y ha sido reproducida recientemente por El País. Creo que describe perfectamente el proceso que estamos viviendo.

Pero el tradicional seny catalán debe imponerse. Los locos se han precipitado. Se han lanzado a la aventura sin haber convencido previamente a la gran mayoría de su propia población. Han emprendido su quimera con solo el 47% de los votantes, apenas un 33% del censo. Han intentado quemar etapas en su loca huida hacia delante. Además de las leyes españolas, han violado su propio Estatut, sus propias normas parlamentarias, han silenciado en los medios a los disidentes y los han amedrentado, acosado e insultado. Han explotado el victimismo y los errores del Gobierno de España al máximo. Aún así, todo ello no ha sido suficiente, y es evidente que han fracasado: no han conseguido nada de lo que prometían; van a presentarse a unas elecciones que ellos mismos declaran ilegítimas; Europa les ha dado la espalda; han despertado la ira de su propia mayoría silenciosa, que ya no está dispuesta a callar; y lo peor, han asustado a sus propios empresarios, que han buscado seguridad en otras partes de España.

Y han hecho mucho el ridículo, lo único prohibido a un político, según Churchill. Las partes finales del proceso han sido patéticas, con las independencias proclamadas, y suspendidas ocho segundos más tarde, con las elecciones convocadas y no convocadas en el mismo día, con las resoluciones aprobadas y no aprobadas en el Parlament, culminando todo ello con la rocambolesca fuga de la mitad del govern, con su President al frente, con la evidente cobardía del mismo y con el sainete que está protagonizando desde Bruselas. Han dado al mundo una imagen de aventurerismo e irresponsabilidad.

El seny debe imponerse, las cosas se han hecho muy mal. Los hasta ahora ciegos deben recapacitar, aunque solo sea por el bien de la propia Cataluña. Seguir en esta batalla absurda no hará más que agravar su crisis económica y hacer que esta comunidad pierda mucho de lo que ha conseguido en 40 años. Por cierto, que entre sus “éxitos”, el procés también ha conseguido darle alas a una ultraderecha española que había estado desaparecida todo este tiempo. Se han de ensayar otras vías, otra relación con el resto de España que no sea dar un portazo por las bravas. Por las bravas, el Estado será siempre más fuerte. Y además, como ya se ha visto, Europa no lo permitirá.

El seny debe imponerse a la rauxa.  Los hasta ahora ciegos han de separarse de los locos y buscar un discurso menos simple que el de que todo lo malo es culpa de España. Tal vez deberían pensar que sus propios gobiernos conservadores, y en gran parte corruptos, han tenido mucho que ver con sus recortes y su malestar. También, que España es algo más que Rajoy. O admitir que el franquismo está muerto, y bien muerto, y que la represión que sufren sus dirigentes no es más que la reacción que tendría cualquier estado democrático ante un golpe de estado como el que ellos han intentado. Admitir que nadie les roba, sino que Cataluña contribuye más que la media porque es más rica. Exactamente lo mismo que les pasa a Baleares y Madrid. Reflexionar que no es democrático saltarse las leyes y robar un derecho a otros. Que se han de buscar respuestas más complejas a los problemas, y sobre todo que se han de buscar soluciones pactadas. Seguir con el desafío, nos hará retroceder a todos. Esta loca aventura también ha tenido el efecto de silenciar durante meses otros problemas importantes y urgentes, como son la corrupción del PP, el peligro que corre nuestro sistema de pensiones, la desigualdad tras la crisis, el hacer frente al cambio climático, a la despoblación del mundo rural, y muchos otros.

Amigos catalanes, entren en razones y no les den más alas a los locos. Y emitan su voto el día 21 de diciembre considerando con cuidado todo lo que está en juego.