EL RIESGO DE ESTEREOTIPAR LA INVESTIDURA FALLIDA

La racionalidad limitada del ser humano busca en la simplificación del estereotipo una ayuda aparentemente sólida para entender la realidad. Los asuntos cotidianos de la realidad son, por naturaleza, intelectualmente complejos y difíciles de digerir como consecuencia de esa racionalidad limitada del ser humano, que se agrava hoy por razones de poca disponibilidad de tiempo para el análisis y estudio a fondo de los problemas, así como por otros factores que caracterizan a la sociedad actual.

Si a eso se une que los hechos y acontecimientos de interés social suelen vehicularse a través de los medios de comunicación que producen de manera constante y continua informaciones y noticias que se caracterizan por aparecer como una catarata incesante, en la que unas noticias tapan y sepultan a las anteriores, se puede comprender que tenemos así otro elemento para encontrar la necesidad de sobrevivir a tantas y complejas noticias mediante la simplificación y el estereotipo.

Debemos entender conceptualmente al estereotipo como el conjunto de impresiones, prejuicios y etiquetas creados de manera generalizada y simplificada por el sentido común. Es una percepción exagerada, con pocos detalles y simplificada, que se tiene sobre algo o sobre alguien.

Si analizamos la realidad política bajo este prisma, podemos entender que la complejidad que muchas veces caracteriza a los asuntos públicos se resuelve en la sociedad mediante la simplificación y el estereotipo, condicionando así el juicio de la ciudadanía respecto de la conducta de los responsables políticos (véase en las encuestas) y, cuando toca, motivando también el sentido del voto en las urnas.

No hay que olvidar que, además, buena parte de los elementos que conforman los estereotipos de la política en una mayoría de la sociedad vienen a su vez condicionados por la visión estereotipada que periodistas y “tertulianos” ofrecen sobre los asuntos de la actualidad, bien sea por su propio sesgo ideológico, bien sea por su propio desconocimiento de la complejidad del asunto sobre el que se opina, bien sea por ambas cosas.

Desde este punto de vista, puede considerarse que obviar que los asuntos públicos se analizan y procesan desde la simplificación de los estereotipos puede ser, en ocasiones, un error y una pérdida de oportunidades para el cambio y para la solución de conflictos sociales de relevancia.

En el caso de la investidura fallida, uno de los estereotipos más comunes es el que centra los análisis en determinar quién ha tenido la culpa de que no haya sido posible un acuerdo: ¿Pedro Sánchez? ¿Pablo Iglesias?

Y alrededor de este objetivo de buscar quien ha sido más culpable andan analistas y estrategas. No digo yo que esto no pueda ser interesante para el caso de una eventual repetición de las elecciones. Tener un relato favorable a los intereses electorales de cada parte puede justificar para algunos trabajar desde la simplificación.

Pero yo quiero introducir aquí una reflexión sobre la oportunidad que puede suponer que, al hilo de la investidura fallida, se analice y difunda con mayor profundidad una de las causas y puede que motivo central, que ha condicionado que el acuerdo para un Gobierno de coalición haya sido (y probablemente siga siendo en el futuro) imposible.

Me refiero a las enormes diferencias entre PSOE y Podemos en el tema del conflicto territorial de Cataluña. Este es un asunto nuclear en el que cabe afirmar que las discrepancias sobre el camino a seguir a partir de la sentencia sobre el “procés” son profundas y distantes. Hasta aquí, bien. Es muy probable que la ciudadanía conozca que hay enorme distancia entre Pedro Sánchez y Pablo Iglesias sobre este asunto.

Pero el proceso de investidura, al atraer el foco del interés mediático y social, es una oportunidad para que a partir de ahora se vaya analizando con detalle y sin simplificaciones cuál es el plan para desanudar este conflicto territorial del que se nos avecina una nueva tormenta política cuando, dentro de pocas semanas, la sentencia sobre los políticos presos sea pública.

Estoy convencido que la propuesta que tienen Pedro Sánchez y el PSOE para afrontar el desafío político que supone el conflicto territorial de Cataluña es la mejor propuesta a partir de la cual debe surgir un acuerdo de convivencia.

Y ésta es una muy buena oportunidad para ampliar su difusión e interpelar a todos, porque va a ocupar la actualidad en los próximos meses como un asunto clave. Pero, al tiempo, es una oportunidad para que se entienda mejor la enorme dificultad de encajar un Gobierno de coalición cuyos socios principales están tan distantes en un asunto de enorme envergadura para el Estado.

Se evitaría simplificar la razón del fracaso de la investidura fallida en los egos, las ambiciones o la lucha de poder para controlar “sillones” que es uno de los estereotipos que más están arraigando en la sociedad y que contribuyen a desprestigiar a la política y a los políticos. Algo que no conviene a la democracia.

Que no haya acuerdos de Gobierno porque hay discrepancias de fondo en asuntos como el citado es comprensible y genera menos malestar que centrar las razones en las ambiciones personales de unos u otros, aunque de todo haya habido.

De igual forma, deshacer los estereotipos sobre los otros elementos relevantes que han contribuido a que no se haya podido cerrar un acuerdo de Gobierno entre PSOE y Podemos, merece un trabajo de fondo para que el análisis del desencuentro sea una oportunidad para hacer posible una ciudadanía más y mejor informada.