EL RACIAL-FASCISMO QUE NOS ACECHA

En las doctrinas fascistas, pueblo, nación y Estado se veían   permeados  por  una única totalidad de-secularizadora, sacral,  de sentido: ello convertía a los  nacional-fascismos  en una religión política, con sus dogmas,  creencias y actitudes;  sus tradiciones, mártires, símbolos y ritos;  sus pontífices, sacerdotes y anatemas. Simultáneamente, la acción fascista estaba  dotada  de un prontuario  de acciones colectivas,  en las que la violencia constituía  un correlato  central [1]. A partir de las tensiones provocadas  y polarizadoras,  fuera  con el enemigo,  definido como tal funcionalmente para los propios fines, fuera  con la diversidad de la propia sociedad, la exaltación de la violencia y .la organización de grupos paramilitares  identificaban  a los fascismos. Los  actuales reverdecimientos  de los mismos tienen lugar al margen del Derecho español, europeo e internacional.

En sus renacidas expresiones,   los fascismos se militarizan  paulatinamente para hacerse con  el poder: los histórico-originarios o los actuales siempre fueron y están animados por   el largo aliento de devenir  forma plebiscitaria de Estado y forma dictatorial de gobierno. De llegar a constituirse como tales, entonces y ahora han llevado y llevan  programado   en su espíritu,   adoptar  políticas de censura, adoctrinadoras, racialmente depuradoras y  de nacionalización, con miras a transformar, coercitivamente, sin reparar en medios o límites,  a la plural sociedad en un solo pueblo, con independencia  de su diversidad y de los  garantizados derechos de sus minorías.

Justo  esa unión ideológica que  tiene voluntad de imponerse    a los diferentes, de ser necesario por medio de la violencia, pasa, gradualmente,   de la inicial mera suspensión de la libertad de expresión y de la libertad de pensamiento, del derecho a la iniciativa privada, y de los demás derechos fundamentales, vía la violencia en la calle por grupos paramilitares, hasta la violencia policial desde el in fieri  Estado fascista.

Tal vez para culminar su perversa utopía necesitarían los secesionistas catalanes de un Führer, Duce o caudillo carismático del que carecen. Pero para ser racial-fascistas no requieren como condiciones que en la escena haya irrumpido  el partido Vox, ni que su violencia contra la  diversidad llegue a causar  cruentos  daños humanos. Lo llevan acreditado desde hace tiempo;  y nadie debería admirarse, si cualquier día, a rostro descubierto,  nos saludan a  los europeos  con vocación cívica universal (Kant) al  grito de, ¡los catalanes auténticos  somos racial-fascistas!, ¿tienen ustedes algún inconveniente?

_______________________________________________

[1]Cfr., Santos Juliá, Fascista, El País 16 de diciembre de 2018.