EL PSOE TIENE SOLUCIÓN

logo-psoe2

No cabe añadir mucho más al excelente análisis sobre la crisis desatada en el PSOE por José Félix Tezanos en su artículo “La semana triste del socialismo español”[1], salvo acaso volver a tomar acto de la gran desazón que invade a una buena parte de la militancia y de los electores, ante el bochornoso Comité Federal celebrado el 1 de octubre de 2016, y que está llevando a compañeros de larga trayectoria a abandonar la organización.

Ahora sin duda es importante pasar página, y tratar de que el PSOE acierte en sus próximos pasos, además de hacer un llamamiento a que nadie entregue el carné. Y no por una adhesión ciega o sentimental a unas siglas históricas, sino porque a pesar de todo, el PSOE es el único partido que representa la ideología socialdemócrata, federal y europeísta en la que se reconoce la gran mayoría de las personas progresistas. Sin el PSOE, la mayoría de los ciudadanos de izquierda no tendrían a quien votar. Podemos, sin ir más lejos, no es una alternativa, al no creer en la unidad del Estado ni en la construcción europea, aunque represente a cinco millones de votantes y sea necesario para lograr el cambio político.

Eso sí, me entristece enormemente que por segunda vez en veinte años los aparatos fuercen la dimisión de un líder directamente elegido por las bases, primero Josep Borrell en 1999, y en 2016 Pedro Sánchez, quien además de candidato a la presidencia era el secretario general de la Comisión Ejecutiva Federal.

Ambos contaron con mi apoyo en su campaña interna, y considero que en uno y otro caso el PSOE perdió (pierde) dos activos con un gran potencial, fruto de luchas intestinas por el poder interno. Pero también es verdad que nada es irreversible: el propio Borrell ha dado muestras notables de liderazgo en el marco de esta crisis en el PSOE, tanto en el fondo como en la forma, lo que ha sido muy apreciado por afiliados, simpatizantes y votantes socialistas.

En cuanto a Pedro Sánchez, este joven diputado es todavía el candidato del PSOE a la presidencia en tanto en cuanto no haya investidura o se convoquen nuevas elecciones, y el presidente del Grupo Parlamentario Socialista.  Por tanto, mientras el Comité Federal no altere su posición contraria a abstenerse en una hipotética segunda investidura de Rajoy, Sánchez está en disposición de colaborar con la Comisión Gestora, en particular si ésta decidiera intentar, con el apoyo del Comité Federal, la alternativa de un gobierno transversal (recordemos que la dimisión del secretario general es consecuencia de perder la votación sobre la convocatoria inmediata del Congreso extraordinario, pues no se sometió a votación la posición política). Por supuesto, Sánchez también tendrá la oportunidad de presentar su candidatura a liderar de nuevo la organización cuando se convoquen las primarias de militantes.

De hecho, si la Comisión Gestora quiere verdaderamente restañar las heridas internas, debiera mantener una relación exquisita con Pedro Sánchez, y reconocer su doble condición de candidato presidencial y líder de la bancada socialista hasta que se invista un presidente o se convoquen elecciones (en el primer caso) o se elija  un nuevo secretario general (en el segundo). De hecho Sánchez está en disposición de defender el “no” incondicional a Rajoy y el gobierno alternativo en el próximo Comité Federal. Si en cambio si en este órgano prevaleciera la abstención, sería el momento apropiado para que Sánchez renunciara a su condición de presidenciable, así como a dirigir el grupo parlamentario en la dirección contraria a sus convicciones.

Lo cierto es que la Comisión Gestora tiene ante sí un reto de grandes dimensiones. Hasta la fecha, la posición del Comité Federal es el voto en contra a Rajoy. Si bien la propia crisis interna generada por aquellos que querían derribar a Sánchez a toda costa ha puesto al PSOE en una posición de extrema debilidad en caso de convocarse nuevas elecciones, incluso frente al Partido Popular en la tesitura de negociar la abstención, lo cierto es que la abjuración del ciertamente rígido “no es no” de Pedro Sánchez supondría un giro de 180 grados que ni los militantes ni los electores entenderían.

Paradójicamente, la oposición interna a Pedro Sánchez no fue capaz de decir que preferían la abstención a nuevas elecciones, pero sí se hartaron de decir que con “85 diputados no se puede gobernar”, debilitando gratuitamente un relato político que bien podía conducir a dejar gobernar a Rajoy o a las urnas, pero solamente tras demostrar que el PSOE estaba comprometido a intentar liderar, en primera instancia, una alternativa a la derecha. En todo caso, tanto si la Comisión Gestora se dispone a proponer la abstención para que gobierne el Partido Popular, como si considera que no hay más salida que volver a votar, tendría que empezar por intentar primero formar un gobierno alternativo, encabezado por Pedro Sánchez, en su calidad de candidato del PSOE a la presidencia.

Solamente tras fracasar este intento, tendría algún sentido optar por la abstención ante una hipotética segunda investidura de Rajoy. Pero esta vía carece de apoyo mayoritaria entre la militancia, presenta un riesgo enorme en términos de coherencia y credibilidad, y augura una legislatura corta en la que el PSOE si intentara liderar la oposición (votando en contra de los presupuestos, por ejemplo) acabaría siendo responsabilizado como obstruccionista por Rajoy, lo que los socialistas pagarían en unas nuevas elecciones a corto plazo.

Así las cosas, y si no prosperara un intento serio de formar gobierno, el PSOE debiera compactarse rápidamente para hacer frente a unas terceras elecciones, preservando la línea política contraria a dejar gobernar a la derecha, y  concurriendo con un candidato de excepción, concretamente Josep Borrell, capaz de enfrentarse dialécticamente con garantía de éxito no solamente frente a Rajoy sino también frente a Iglesias Turrión.

Pasadas las elecciones, en las que con estos mimbres se podría ganar al PP, y desde luego preservar la hegemonía en la izquierda que logró mantener Sánchez en dos ocasiones, y contra todo pronóstico, el PSOE  tendría que dirimir no solo el liderazgo, sino también el proyecto, y sobre todo la reforma de la organización, cada vez  más inutilizada y anquilosada.

El PSOE, si quiere reconectar con la clase media urbana, necesita una reforma interna radical, que convierta la organización en un organismo vivo, caracterizado por el debate ideológico, la aprobación de resoluciones políticas en el nivel de agrupación local y de distrito, la cercanía con los movimientos sociales y la desprofesionalización de la organización.

La práctica desaparición de ciudadanos de a pie con vida laboral al margen de ostentar cargos públicos en el Comité Federal y en la Comisión Ejecutiva Federal es un buen ejemplo de este problema. Es necesaria una reforma estatutaria que reserve al menos un 20 por ciento de los asientos en los órganos del partido a militantes con proyección social al margen de la vida interna de la organización, y exigir un número de años cotizados fuera de la política para figurar en listas electorales. Solo así los ciudadanos se reconocerán en nuestro proyecto, no solo por los ideales que defiende, sino también por identificarse con las personas que lo encarnan.

[1] Véase http://www.fundacionsistema.com/la-semana-triste-del-socialismo-espanol/