EL PSOE REFUERZA SU PODER

EL PSOE REFUERZA SU PODER

El PSOE ha ganado las elecciones para elegir a los representantes en la UE, en los Ayuntamientos y en las Comunidades Autónomas (gana en 10 de las 12 CCAA que han celebrado elecciones) y, como consecuencia, ha reforzado considerablemente su poder institucional. En cambio, el PP ha vuelto a fracasar; en esta ocasión lo ha hecho a pesar de su redoblado esfuerzo por convertir estas elecciones en una pretendida segunda vuelta electoral, encaminada a recuperar los votos perdidos en las pasadas elecciones generales.

El nuevo fracaso del PP resulta incontestable en el conjunto del Estado (elecciones al Parlamento Europeo), pero también en las CCAA (pierde votos en todas) y en Ayuntamientos, especialmente en Catalunya y el País Vasco (en estas dos Comunidades Autónomas su presencia resulta testimonial), a pesar del pretendido cambio de discurso de Casado. Por su parte, Rivera, en su pugna por alcanzar la hegemonía dentro de la derecha- lo que ha significado en la práctica abandonar el centro político- ha cosechado resultados particularmente negativos. La falta de credibilidad del PP (a pesar de su desplome electoral sigue liderando la derecha), de Ciudadanos y, sobre todo, de Vox (al margen de la realidad social), explican este notable desastre que puede tener consecuencias internas en las formaciones descritas. Lo más grave de la situación es que las opciones de gobierno de la derecha en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas (especialmente en Madrid, donde el PP obtiene su peor resultado de siempre) sólo  se podrá llevar a cabo con el apoyo explícito y lamentable de la ultra derecha (VOX), a pesar de su discurso reaccionario y la pérdida de 1,3 millones de votos en las elecciones europeas en relación con las generales del 28 de abril.

Después de estas elecciones comienza de hecho la legislatura y la gestión de los gobiernos e instituciones del Estado en las tareas que les son propias. En este contexto político, la izquierda tiene una gran responsabilidad a la hora de abordar los asuntos capitales que preocupan a la ciudadanía y al conjunto del país: política exterior (particularmente la UE), debate territorial (Catalunya y la financiación de las CCAA), el cambio climático, la consolidación de las libertades, la igualdad de género, el desempleo y la escandalosa precariedad de nuestro mercado de trabajo, la protección social (pensiones, desempleo y dependencia), el cambio de nuestro modelo productivo, los servicios públicos (enseñanza y sanidad), el desarme fiscal y  el fenómeno de las migraciones. Además de consolidar el Estado de Bienestar Social, superar las desigualdades, la pobreza y la exclusión social, y, por supuesto, de cumplir con los compromisos asumidos de déficit y deuda pública con nuestros socios de la UE.

Esta tarea mayúscula requiere incrementar la participación del conjunto de la ciudadanía y de los movimientos sociales, garantizar la transparencia en la gestión del dinero público, así como la igualdad de oportunidades, para erradicar definitivamente la corrupción a todos los niveles y la ineficacia en la gestión pública que han presidido los gobiernos del PP. Eso es lo que votaron mayoritariamente los españoles el 28 de abril. Además, los ciudadanos exigen hacer política, acordar un programa progresista y formar un gobierno sólido con mayoría suficiente para gobernar sin ataduras durante los próximos cuatro años  y, sobre todo, sin tener que depender de la llamada “geometría variable”; simplemente porque genera incoherencias y termina por confundir a los ciudadanos. Por eso es bueno evitar también la dependencia de los partidos independentistas en el desarrollo de una política socialdemócrata y respetuosa con la Constitución, al margen de que se insista en resolver el problema catalán a través del diálogo y del acuerdo, muy a pesar de las últimas y lamentables actuaciones independentistas. En cualquier caso, las conversaciones recientes para formalizar la actual composición de la mesa del Congreso de Diputados son un buen precedente y una esperanzadora realidad.

En este sentido, a los nostálgicos, a los considerados “moderados” y partidarios de pactar con Ciudadanos les tenemos que recordar el dicho de ¿gobernar para qué? y preguntar cómo se desarrolla una política progresista con las propuestas de Rivera y, por lo tanto, sin contar con Unidas Podemos, que ya ha manifestado su oposición a participar en un acuerdo si se intenta pactar con Ciudadanos. Por lo tanto, no es extraño que la ciudadanía progresista espere con impaciencia la firma de un acuerdo de legislatura entre el PSOE y Unidas Podemos (a pesar de su fuerte división interna y de sus muy malos resultados), con la incertidumbre de si, finalmente, este partido va a participar en el gobierno con alguna responsabilidad o cartera ministerial. Esta posición es compatible con la búsqueda de acuerdos con otras fuerzas -a niveles inferiores- en función de la nueva y compleja relación de fuerzas que se ha producido después de las recientes elecciones.

De la misma manera, los ciudadanos esperan, con ilusión renovada, la composición y significado del gobierno, junto a las prioridades de su política económica y social. En todo caso, el nuevo gobierno debe aspirar a gobernar con la estabilidad necesaria para abordar con la mayor eficacia posible los problemas que afectan a nuestro país y, más en concreto, a las personas más vulnerables.

Por otra parte, la gestión del gobierno debe contar con los interlocutores sociales y con las fuerzas emergentes. Sin perder de vista la visión de la realidad social que deben aportar las estructuras internas del partido (PSOE) a todos los niveles. No debemos olvidar que, en correspondencia con ello, el partido debe también explicar a los ciudadanos las decisiones (sobre todo las más controvertidas) que pudiera tomar el gobierno en un momento determinado. Se trata de dos tareas complementarias que se autoalimentan en beneficio de la eficacia del gobierno y de los intereses de los ciudadanos.

En buena lógica, al bloque de la derecha le corresponde asumir el papel de oposición responsable con todas las consecuencias (visión de Estado), desde la autocrítica y el abandono definitivo de sus incendiarias proclamas de campaña. En este sentido debe abordar prioritariamente, y por separado, la crisis generada por un relato radical y reaccionario, poco creíble, al margen de las personas y de la evolución de la realidad social. Debemos asumir que la división en tres partidos ha penalizado electoralmente al bloque de la derecha por los efectos de la Ley de Hondt. Sin embargo, mucho más ha perjudicado al PP la corrupción, las mentiras,  el derroche del gasto, la ineficacia en la gestión y la fuerte desigualdad social generada por la última crisis económica (políticas de austeridad).

Por eso, la posibilidad de gobernar en el Ayuntamiento y en la Comunidad de Madrid no debería descartar la autocrítica y la petición de responsabilidades en el PP e, incluso, en Ciudadanos, relacionadas con sus actuales discursos y con las personas que los soportan, así como sus lamentables relaciones cortoplacistas con Vox, a pesar de ser partidos con una dirección muy centralizada, con muy escasa participación, bajo espíritu crítico de sus afiliados y un fuerte déficit democrático.

En todo caso, y en las actuales circunstancias, Pedro Sánchez ha salido muy reforzado y eso aconseja escuchar, actuar con humildad y seguir generando ilusión en los jóvenes, en las mujeres, en los pensionistas y en las personas más vulnerables, lo que requiere poner en práctica políticas relacionadas con el empleo, la precariedad y la protección social. Además de redoblar su apuesta por la UE y las ideas socialdemócratas, la modernización de nuestro país, la competitividad de nuestra economía y, sobre todo, por la superación de la desigualdad, la pobreza y la injusticia social.

En resumen, los electores han encargado a la izquierda y, en concreto a Sánchez, formar gobierno para los próximos cuatro años, con el deseo y la esperanza de que tenga éxito en el ejercicio de sus funciones. Además, la socialdemocracia en la UE  está observando con gran ilusión el desarrollo de la experiencia que se abre nuevamente en nuestro país, junto a nuestra vecina y adelantada Portugal. Por estas dos razones fundamentales, el futuro gobierno no puede fracasar en la redistribución de la riqueza y en la superación de las desigualdades… Esperar y ver.