EL PRETEXTO PARA VOLVER A ECHARSE AL MONTE

gfdez191016

Ha bastado la crisis del PSOE que ha conducido a la dimisión de su Secretario General y a la formación de una gestora para que Podemos retome su orientación más rebelde, acompañado previa y brevemente de unas lágrimas de cocodrilo por el Gobierno de progreso que no pudo ser.

Empecemos por el significado de esas efímeras lágrimas de cocodrilo que lanzaron algunos dirigentes de Podemos por no poder formar el deseado Gobierno de progreso o del cambio en el que este partido había puestas tantas esperanzas e ilusiones. En los últimos días de febrero y primeros de marzo de este mismo año se pudo formar un Gobierno presidido por el ahora tan llorado por Podemos Pedro Sánchez. Pero no se formó ese Gobierno por una concatenación de circunstancias que se compendian en:

a) A los pocos minutos de acabar el escrutinio la noche del 20 de diciembre de 2015, Iglesias Turrión dio un mitin en el que, además de arrogarse una conexión directa con la izquierda histórica de este país, habló del referéndum de Cataluña como línea roja que Podemos no traspasaría en una eventual negociación para formar Gobierno. Como la memoria de Iglesias Turrión es selectiva, posteriormente negó haber hablado de líneas rojas, pero mucha gente lo vio en televisión.

b) Mientras el Secretario General del PSOE estaba reunido con el Rey, Iglesias Turrrión convocó una rueda de prensa en compañía de los dirigentes más caracterizados de su partido donde se propuso como Vicepresidente de un posible Gobierno con el PSOE, reclamó los Ministerios más políticos conectados con los aparatos del Estado (nada de Educación o Trabajo) y vistió su eventual Vicepresidencia de todos los atributos de una Presidencia bis. Para rematar la faena, al poco tiempo Podemos de Aragón difundió una lista de Ministros donde el entonces número dos socialista, César Luena, aparecía confinado en el Ministerio de Agricultura. Aquella rueda de prensa fue una bomba de hidrógeno lanzada sobre las posibilidades de entendimiento con el PSOE, por la forma y por el contenido. Por la forma, pues se trataba de “contraprogramar” la rueda de prensa que daría Sánchez tras su entrevista con el Rey. Por el contenido porque una exigencia tan desmesurada (anunciada en público antes de una posible negociación) impedía formar el Gobierno que decía reclamar Podemos. En realidad, Podemos nunca quiso formar Gobierno con el PSOE y ni siquiera apoyarlo. Sus cálculos consistieron en que una repetición de elecciones daría al nuevo partido más escaños que el PSOE y de eso se trataba, de lograr, con ayuda del Partido Popular, unas elecciones lo antes posible.

c) Por si podía haber dudas, la intervención de Iglesias Turrión en el debate de investidura cerró cualquier posibilidad de entendimiento. Hubiera bastado que Podemos votara en contra, como efectivamente hizo, pero necesitaba humillar al candidato y a su partido hablando del caso Lasa y Zabala y atribuyéndoselo, naturalmente, al Presidente González. ¿Por qué Iglesias Turrión actuó con esa agresividad? Sin entrar en la compleja personalidad del dirigente de Podemos (aunque un componente de agresividad personal debió sobrevolar en su actuación), Iglesias Turrión necesitaba volar cualquier puente que le aproximara al PSOE pues desde la votación de investidura quedaban dos meses para celebrar una segunda investidura que no interesaba a los dirigentes de Podemos. Aun así, tras la fracasada investidura, Podemos teatralizó una falsa negociación con el PSOE y Ciudadanos, pero era una farsa.

Es decir, que si en España no hay un Gobierno de izquierdas desde principios de marzo (es decir, desde hace siete meses) es porque Iglesias Turrión y demás dirigentes de Podemos decidieron no apoyar a Pedro Sánchez creyendo equivocadamente que una repetición de las elecciones les sería más favorable. Hay quien dice que, además, las bases de Podemos no hubieran aceptado que este partido apoyara, por activa o por pasiva, al PSOE. Puede que sea cierto, pues todo partido es libre de tener unas bases primitivas e ideológicamente toscas que no distinguen entre un Gobierno de derechas y otro de centro-izquierda (ya lo hicieron algunos votantes comunistas alemanes en 1933), pero si es así, esas bases estarán ahora muy contentas de que quizá se forme el Gobierno de Rajoy. En realidad, ciertos militantes y votantes son carne de Le Pen si alguna vez emerge un partido de extrema derecha.

Con esos antecedentes, al dimitir Pedro Sánchez como Secretario General del PSOE Podemos dio dos pasos contradictorios. En primer lugar, como decíamos más arriba, vertió unas mínimas lágrimas de cocodrilo, impropias (o cínicas) de quien estuvo CONTRA EL GOBIERNO DE SÁNCHEZ en marzo de 2016. En segundo lugar, Iglesias Turrión reinventó su discurso más radical para, de paso, volver a injuriar al PSOE como partido en descomposición. Podemos ya no es socialdemócrata, ni peronista, ahora vuelve a ser el partido bolchevique que siempre ha sido.

Ese es el partido con el que se creyó que era posible gobernar, en coalición o con apoyo parlamentario, por lo que cabe preguntarse si era realista confiar la investidura a Podemos y a los partidos independentistas catalanes. En realidad, Podemos impidió que se formara un Gobierno socialista y si hubiera contribuido ahora a formarlo habría sido un Gobierno rehén de un partido muy poco confiable.