EL NUEVO GOBIERNO, LA CONFIANZA, EL CRECIMIENTO Y LA INCLUSIÓN SOCIAL: MIRANDO A PORTUGAL

EL NUEVO GOBIERNO, LA CONFIANZA, EL CRECIMIENTO Y LA INCLUSIÓN SOCIAL: MIRANDO A PORTUGAL

El nuevo Gobierno europeísta y feminista de Pedro Sánchez tiene ante sí la oportunidad de dar un giro progresista a la política económica seguida en los últimos años.

La economía española lleva creciendo a un ritmo notable (por encima del 3%) desde 2015. El paro ha descendido significativamente desde un máximo cercano al 27% a principios de 2013 hasta situarse en el 16,7% en la EPA del primer trimestre de 2018. Sin embargo, estas cifras enmascaran importantes problemas estructurales que afectan a la calidad de dicho crecimiento. Por un lado, la productividad crece a un ritmo muy débil, lastrada por la escasa capacidad innovadora de nuestra economía. Por otro lado, y como he tenido oportunidad de explicar en detalle en anteriores artículos, la recuperación económica no llega a todos por igual y no es capaz de reducir las importantes brechas de desigualdad generadas por la crisis.

En este contexto, el nuevo Gobierno tiene la oportunidad de buscar consensos a lo largo y ancho del arco parlamentario que apoyen reformas para hacer que España crezca más, pero también mejor. Aquí deberían incluirse medidas para mejorar el capital humano, promover la ciencia y la innovación, favorecer el crecimiento y la competitividad de nuestras empresas o mejorar la competencia en los mercados. Pero también medidas tendentes a recuperar progresivamente el peso de los salarios, mejorar los sistemas de protección social, restaurar la universalidad de la sanidad, asegurar la sostenibilidad de nuestro sistema de pensiones y combatir la pobreza (empezando por la pobreza infantil) y la exclusión social.

El Gobierno socialista debe tener en cuenta que empiezan a avistarse algunos nubarrones en el horizonte económico como resultado de una serie de factores externos. Los “vientos de cola” que han impulsado a la economía española en los últimos años están perdiendo intensidad. El nuevo Gobierno debe prepararse para un escenario algo menos favorable que el que hemos vivido hasta ahora.

En primer lugar, existen importantes focos de inestabilidad en nuestro entorno y en el contexto internacional. El más cercano es Italia. La retórica euroescéptica del nuevo Gobierno italiano y un programa que presenta importantes dudas (una masiva rebaja de impuestos acompañada de importantes medidas de gasto, tales como un ingreso mínimo garantizado, en el segundo país con mayor deuda pública de la zona euro) anuncian una relación complicada con Bruselas así como tensiones en los mercados de deuda del país transalpino. Es posible que estas tensiones tengan efectos sobre el conjunto de lo que se da en llamar (con poca fortuna quizás) “países periféricos” de la zona Euro, incluida España.

En este contexto, las señas de identidad europeístas del nuevo Gobierno son el mejor cortafuegos ante un posible incendio en Italia. El Gobierno envía así una inequívoca señal a Bruselas y a los socios internacionales de España de que el giro en la política económica no se va a hacer a costa de los compromisos de estabilidad presupuestaria que nuestro país tiene en el marco del Pacto de Estabilidad y Crecimiento y de que, aunque el Gobierno goce de un apoyo parlamentario limitado, España no será un foco de inestabilidad.

Pero más allá de la situación en Italia, el contexto político y geopolítico a nivel global empieza a ser preocupante. El resultado de la reciente cumbre del G7 muestra que existe un riesgo significativo que las tensiones comerciales deriven en una verdadera guerra comercial. La imposición por parte de Estados Unidos de aranceles al acero y al aluminio procedente de la Unión Europea y otros socios comerciales y las amenazas que se ciernen sobre otros sectores (como el automovilístico) no invitan al optimismo. Estas tensiones constituyen hoy el principal foco de riesgo para el crecimiento y la estabilidad económicos a nivel mundial. Y si se confirman los peores presagios, España y el conjunto de la UE se verán afectadas.

En segundo lugar, la retirada progresiva de los estímulos introducidos por el Banco Central Europeo anunciada hace unos días y la previsible subida de los tipos de interés aumentarán el coste de financiación de la deuda pública (que se encuentra en el entorno del 100% del PIB). En efecto, salvo que se produzcan sorpresas indeseables, el BCE pondrá fin a su programa de compra de activos (el llamado quantitative easing) a finales de este año.[i] Preparando su próxima jubilación, Mario Draghi ha enviado un mensaje a los ministros de finanzas de la Unión Europea: es hora de que tomen el relevo de las autoridades monetarias y utilicen los instrumentos a su alcance (incluida la política fiscal) para consolidar la recuperación económica. Ya debieron hacerlo hace tiempo, pero Draghi acaba de hacer sonar el despertador.

Por último, la época de petróleo barato está quizás llegando a su fin. El Brent se sitúa actualmente sobre los 75 dólares, cuando hace aproximadamente un año se encontraba altededor de los 45 dólares. El Programa de Estabilidad 2018-2021 preparado por el anterior Gobierno preveía un precio de 67.7 dólares en 2018 y 64 el año que viene. Esta desviación podría generar, según cifras del propio Gobierno, un impacto negativo sobre el PIB de 7 décimas, es decir, unos 8.000 millones de euros[ii].

En el contexto descrito anteriormente, el Gobierno va a tener que conjugar responsabilidad fiscal con reformas para favorecer un crecimiento más orgánico y, sobre todo, más incluyente de nuestra economía. Estabilidad, reformas y sensibilidad social para resolver las importantes emergencias que ha dejado la crisis.

Si queremos buscar un poco de inspiración no tenemos que ir lejos. Basta con mirar a Portugal.

En un contexto político de gran complejidad (con un Gobierno encabezado por un Partido Socialista que no ganó las elecciones de 2015 y que tiene como socios a dos partidos a su izquierda), el gobierno portugués ha conseguido un verdadero milagro económico. A pesar de los presagios que auguraban inestabilidad política y un nuevo rescate como resultado de políticas económicas que eran consideradas como “economía de vudús”, Portugal crece hoy a los niveles más altos, no ya desde la crisis de 2008, sino de su historia reciente. El 2017 se cerró con un crecimiento del 2,7%, por encima de la zona Euro (alrededor del 2,5%). Y ello en un país que en 2011 tuvo que pedir un rescate de 78.000 millones de Euros a la llamada “troika” (FMI, Comisión Europea y BCE).

El Gobierno portugués ha tomado una serie de medidas sociales de primera magnitud. Se ha subido el salario mínimo desde los 505 euros hasta los 600 que se esperan alcanzar en 2019. Y ello en un país donde casi una cuarta parte de los trabajadores cobra ese salario mínimo y donde el salario medio no alcanza los 1.000 euros (la mitad aproximadamente que en España). Y, pese a las críticas que predecían un aumento del desempleo, la tasa de paro ha bajado tres puntos y medio desde la llegada al poder del nuevo Gobierno para situarse por debajo del 9%.

Otras medidas sociales incluyen una bajada de impuestos para las rentas más bajas, la mejora de los programas sociales para familias sin ingresos, una subida de las pensiones y la reversión de la subida del IVA para los productos de primera necesidad. Asimismo, el gobierno aprobó un nuevo impuesto sobre la fortuna inmobiliaria.

Entre las medidas para fomentar el crecimiento se ha puesto en marcha un vasto programa, llamado Simplex+, de eliminación de la burocracia y de simplificación reglamentaria que busca eliminar trabas para la actividad empresarial. El Programa Nacional de Reformas portugués incluye además mejoras en la formación profesional, nuevos programas de formación para trabajadores, un plan para reducir el fracaso escolar (un grave problema que Portugal comparte con España), la mejora de los procedimientos de insolvencia y otras reformas para favorecer el acceso al crédito, o la introducción de bonificaciones fiscales para la contratación de desempleados o la inversión en I+D, por citar solo algunos ejemplos.

Y el caso es que una política fiscal expansiva como la anterior ha ido acompañada de un saneamiento notable de las cuentas públicas. Portugal salió del procedimiento de infracción por déficit excesivo en 2016 (España sigue todavía ahí). El Gobierno socialista portugués ha conseguido rebajar el desequilibrio presupuestario de niveles superiores al 3% hasta alrededor del 1% en 2018 (el nivel más bajo desde la llegada de la democracia en 1974), previéndose superávits a partir de 2020. Unos resultados que han merecido el aplauso del Fondo Monetario Internacional[iii].

Obviamente, nuestro país vecino tiene ante sí importantes desafíos. La deuda pública sigue siendo muy elevada (126% en 2017), el sector financiero ha vivido años de fragilidad a pesar de las mejoras notables observadas en la solidez de los bancos portugueses los últimos meses (por ejemplo a través de la caída de los préstamos en mora), el crecimiento tiene una cierta dependencia del boom turístico del país, la calidad del empleo es (como en España) una asignatura pendiente y la transformación estructural de la economía avanza lentamente.

Pero Portugal ha demostrado que, con buenas políticas, el abandono progresivo de las políticas de austeridad puede ser bueno para generar confianza, promover el crecimiento y sanear las cuentas públicas. Es difícil trasplantar políticas de un país a otro, pero el caso portugués debería ser fuente de inspiración para una nueva política económica en España basada en la búsqueda de un crecimiento más incluyente sin poner en riesgo la recuperación ni los objetivos de estabilidad presupuestaria.

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[i] De manera más general, el endurecimiento de la política monetaria en los principales países desarrollados y, en particular en Estados Unidos, puede generar problemas para determinados países emergentes, sobre todos aquellos con unos niveles de endeudamiento más elevados.

[ii] Actualización del Programa de Estabilidad y del Plan Presupuestario 2018, disponible en: http://www.mineco.gob.es/stfls/mineco/comun/pdf/180503_np_estabilidad.pdf

[iii] Véase por ejemplo la nota de prensa del FMI sobre su última misión a Portugal en el marco del Artículo IV, fechada el 29 de mayo (disponible aquí: http://www.imf.org/en/News/Articles/2018/05/29/ms052918-portugal-staff-concluding-statement-of-the-2018-article-iv-mission).