EL MODELO ESPAÑOL DE NEGOCIACIÓN POLITICA

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He tenido la excepcional oportunidad de participar y conocer en diferentes seminarios a los profesores Fisher y Ury, fundadores de la denominada Escuela de Negociación (por principios) de Harvard. Fisher, en un encuentro sobre negociación de crisis políticas, nos trasladaba experiencias y conocimientos a la par que informaba sobre conflictos y desencuentros políticos en los países de sus alumnos. España le producía un especial interés, por la complejidad que proyectábamos en nuestros conflictos cuando teníamos condiciones objetivas para lo contrario. No obstante, insistía en los fundamentos de su teoría: hay que negociar desde los intereses y nunca desde posiciones personales y “no pierdan el pie en la realidad”, en caso contrario el fracaso está garantizado.

Los estilos de negociación se conceptualizan con muy diferentes nomenclaturas. El proceso que estamos viviendo en España para la formación de gobierno tendría una categorización y denominación propia para cada grupo. En el global, nuevamente, seríamos sui generis y exclusivos: “el modelo español de negociación”.

Uno a uno. En primer lugar, tendríamos: El “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedios”. Seguido por el PP cuyas notas características serían: ofrecer un gobierno de coalición sin ofrecerlo, pactar un acuerdo sobre un programa que no se presenta, basado en el axioma de ser la solución y los demás el problema; la relación se fundamenta en la descalificación deslegitimadora de los intereses de la otra parte. Los principios esenciales como la regeneración democrática luchando contra la corrupción, es pospuesta, pues no es el problema. La fortaleza está en la resistencia y el fracaso ajeno, en una frase: la tormenta escampará y el elector reconocerá dónde se encuentran las esencias patrias. La corrupción no deja de ser una anécdota.

Ciudadanos desarrolla el estilo “Otro ocupa mi lugar”. Consiste en la predisposición a estar en todas las soluciones posibles, y en última instancia la baza ganadora es posicionarse como la centralidad perfecta, con vista a un nuevo y cercano proceso electoral. El mediador del conflicto en cualquiera de las soluciones posibles tiene el riesgo de quedarse fuera en el último momento. Permanecer como balanza del equilibrio inestable y equidistante no garantiza el éxito si no hay un compromiso mayor propiciando un gobierno de cambio a tres, sin perjuicio de que otros decidan excluirte, será el problema de ellos.

“Hoy puede ser un gran día” es el seguido por el PSOE. Apuesta por la posición negociadora que se presenta como más complicada a la luz del resultado electoral. Intenta combinar dos intereses: la no continuidad del PP y evitar la repetición de las elecciones generales, interpretando que ambos son sentimientos buscados por los ciudadanos. Según avanza pone más tenacidad e ilusión que convencimiento en poder hallar un resultado exitoso. Sus cartas están puestas encima de la mesa de negociación, no ignoran que un fracaso puede penalizar gravemente; permanecer expectante, más. Un acuerdo puede ser una bomba de relojería, el PP puede bloquear cualquier cambio legislativo en el Senado y Podemos puede hacer saltar un acuerdo con ellos por los aires si el guion de “Capitanes intrépidos” que están escribiendo lo exige. El vértigo es superable si se consigue el objetivo planteado: sacar al país del parón y ponerse a trabajar antes de que el tsunami de esta nueva fase de la crisis económica nos arrolle.

Dejamos para el último el estilo negociador más atípico al que denominaré: “Autosuficiencia o “Todo tiene su fin. La actitud negociadora de Podemos desde fuera parece inentendible, tanto en las formas como en el fondo. No tan inentendible, pues es obvio que el objetivo está situado fuera de cualquier mesa de acuerdo, lo que explica muchos de sus comportamientos. Estos son: fijación de un marco de material de negociación irrenunciable, que aleja del acuerdo a otros posibles participantes; negación de los interlocutores menospreciando su legitimidad; situarse en el centro de la negociación, como núcleo, cuando es un elemento importante pero no determinante (cabe se quede fuera si hubiera un acuerdo entre PP, PSOE y C’s con una salida de Rajoy y la búsqueda de un Presidente independiente), mediatizando las posibilidades de con quién dice querer negociar, haciendo propuestas incumplibles que intentan socavar su base electoral, e incluso su militancia, desconociendo el marco legal de referencia, y sobre todo haciendo de la posición propia y personal la bandera de conquista. Como muestra un botón de su documento programático: “Convertir la Vicepresidencia de nuestro país en una institución que la ciudadanía perciba como propia y, por consiguiente, se presenta el diseño de una Vicepresidencia que tiene como fundamentación ética una idea de la política como servicio público y derecho ciudadano, una Vicepresidencia de cercanía, que sitúa el interés general por encima de cualquier interés particular, una Vicepresidencia y un Vicepresidente al servicio de la gente”. En resumen, Podemos hace de su posición, más personal que política, el núcleo de la negociación. Con ello niega de plano cualquier interés en el acuerdo, y lo que es peor, tiene los pies muy lejos de lo que es la realidad (ciudadana, institucional y del contexto europeo y mundial en el que España está situada). Es el nuevo modelo de negociación de la nueva Ciencia Política española, ya sabemos:“El cielo no se toma por consenso, sino por asalto”.