EL MALTRATO A MENORES EN UN MUNDO GLOBAL

Una de las problemáticas que más intranquilidad produce en el seno de las  sociedades de nuestro tiempo es el maltrato a menores. Hoy es cotidiano que los medios de comunicación y en las redes sociales se informe de niños y adolescentes que en el mundo y en países desarrollados como el nuestro, padecen situaciones de violencia y malos tratos, bien sea a consecuencia de vivir bajo una disciplina violenta y la exposición al maltrato doméstico durante la primera infancia; a experimentarla en la escuela o a ser objeto de asesinatos o de violencia sexual.

Cuando estas noticias saltan a la luz pública provocan reacciones de estupor, escandalo… y remueven la conciencia social sobre un asunto sumamente amplio y dramático. Es, en definitiva, una cuestión reconocida social, política y públicamente. Nadie ignora que se trata de un asunto de gran relevancia social, sobrepasando las cifras reales con mucho las consignadas oficialmente. Por otro lado, la falta de datos exactos coadyuva negativamente en su resolución y acarrea graves dificultades para su esclarecimiento. Efectivamente no hay cifras exactas del maltrato a menores, pero todas las estimaciones y opiniones coinciden en señalar que su importancia numérica es muy elevada, que está extendido por toda la escala social y que sus consecuencias son de extrema gravedad.

Se trata de un fenómeno que, hasta hace no tantos años, estaba oculto, se negaba o desconocía, en definitiva se invisibilizaba. Nuestras conciencias de seres civilizados se resistían a admitir la existencia de millares de niños maltratados por padres y cuidadores. Reconocer este hecho social significaba romper con el mito del “niño feliz”. Por ello, cuando se conocían siempre eran considerados como hechos excepcionales y se entendía que solo podría suceder entre sectores sociales marginales; pero hoy sabemos que los malos tratos hacia los menores no sólo se producen en estos entornos, sino que cada día se descubren más episodios en familias estables y de buen status cultural y económico.

Como decimos, sólo una parte de los mismos llegan a ser conocidos; lo cual agrava el problema y da lugar a que muchos infantes no puedan ser apoyados porque su realidad queda en el anonimato y es frecuente que la primera intervención para ayudarles se origine cuando sus circunstancias adquieren tintes dramáticos. Todo lo anterior ha justificado la necesidad de potenciar dispositivos de cara a la intervención precoz, con métodos efectivos de localización de casos.

En la segunda década del siglo XXI, las cifras de malos tratos a menores a nivel planetario y en España producen escándalo y estupor. Según un informe de Unicef que lleva el título Una situación habitual. Violencia en las vidas de los niños y los adolescentes, publicado en 2017, cerca de 300 millones de niños de 2 a 4 años en todo el mundo (3 de cada 4) son regularmente víctimas de algún tipo de disciplina violenta por parte de sus cuidadores y 250 millones (6 de cada 10) son castigados físicamente. Por otro lado, 175 millones de menores de 5 años (1 de cada 4) viven con una madre, que a su vez sufre violencia de género. Sin embargo, tan sólo 59 países han legislado o prohibido totalmente el castigo corporal contra los niños en el ámbito familiar, lo que conlleva que más de 600 millones de menores de 5 años se encuentren sin protección jurídica. En otro orden, hay cerca de 130 millones de estudiantes entre 13 y 15 años (1 de cada 3) que sufren acoso escolar; 730 millones de niños entre los 6 y 17 años (1 de cada 2) viven en países en donde el castigo corporal en el entorno educativo no está prohibido completamente. Por último, consignar que cada 7 minutos, en diversos lugares del mundo, un adolescente es asesinado en un acto violento (tan solo en 2015 murieron por esta causa 82.000 en todo el mundo), resultando los más vulnerables los jóvenes entre 15 y 19 años. Es en los Estados Unidos, en donde las tasas de homicidios entre los adolescentes negros no hispanos con edades comprendidas entre los 10 a 19 años adquieren  dimensiones alarmantes (30 por 100.000), casi 19 veces superior a la de los adolescentes blancos no hispanos (1,6 por 100.000) (https://www.unicef.es/sites/unicef.es/files/comunicacion/Una_situacion_habitual_Violencia_en_las_vidas_de_los_ninos_y_los_adolescentes.pdf.)

En España el Registro Unificado de casos de sospecha de Maltrato Infantil y de la Plataforma de Infancia informó a finales del año 2018 que 37 niños son a diario maltratados en el ámbito familiar, más de 13.800 al año. Particularmente, en 2017, se interpusieron 37.000 denuncias por delitos violentos contra menores de edad y desde 2012 han fallecido 120 de menores por esta causa, a la par que de todas las denuncias por abusos sexuales presentadas en 2017 la mitad tenía a un menor como damnificado.

No hay dudas, el maltrato infantil en nuestro país va en aumento y ha adquirido nuevas dimensiones. Según el Estudio sobre la Evolución de la Violencia a la Infancia en España según las Víctimas 2009-2016, que vio la luz a principios del 2019, y en el que se analizaron las 2.405.524 llamadas telefónicas de menores y adolescentes recibidas en sus diversas líneas telefónicas de ayuda a menores y familias, puso de manifiesto que al tiempo que ha aumentado su frecuencia, duración y gravedad (seis de cada diez agresiones son diarias y tienen una duración de más de un año) se ejercen desde la propia familia a niños cada vez más pequeños. Según este estudio, son las niñas las principales afectadas (57,3%).

¿Qué hacer ante estos sucesos tan injustos e incomprensibles? Es preceptiva la movilización política y la promoción de estrategias que acometan las diversas perspectivas que coadyuvan en estos terribles sucesos, incluyéndose desde normas sociales y culturales que condonen la violencia, a   políticas y legislaciones que aborden el problema en su integridad, así como inversiones que promuevan sistemas de prevención y respuestas institucionales efectivas ante esta lacra social.

En la Agenda para el Desarrollo Sostenible de 2030 se expresa la obligatoriedad de erradicación de la violencia contra los niños y se reconoce como un componente básico del desarrollo sostenible. La Alianza Global para eliminar la violencia contra los niños promovida desde Unicef es una iniciativa de gran valor. En  España cobra una extraordinaria relevancia la Ley 26/2018, de 21 de diciembre, de derechos y garantías de la infancia y la adolescencia que detalla en su artículo 1 que “El objeto de esta ley es el reconocimiento de los derechos de la infancia y la adolescencia y el principio de corresponsabilidad de toda la sociedad, las administraciones públicas y las familias, así como el establecimiento del marco normativo que defina las políticas públicas en este ámbito y su distribución de competencias y medidas de coordinación”, contemplándose además del abuso sexual, el acoso en las redes sociales y la creación de un registro oficial.

Esperemos estar en el camino adecuado…