EL INFANTILISMO DE LA IZQUIERDA “REGENERADORA”

La Comisión de Investigación de la Asamblea de Madrid sobre las irregularidades del Instituto de Derecho Público (IDP) de la Universidad Rey Juan Carlos, destapadas con motivo del Máster presuntamente fraudulento de la expresidenta Cifuentes, ha terminado sin un dictamen de conclusiones. La responsabilidad de este lamentable final es atribuible por completo a los grupos parlamentarios de Podemos y Ciudadanos. Ambos votaron en contra de la propuesta de dictamen del grupo socialista y presentaron un documento alternativo sin ninguna intención de consenso, ya que contenía graves acusaciones al PSOE.

De Cs hablaré poco, porque este partido ha dado ya numerosas muestras de oportunismo, y de guiarse exclusivamente por los titulares que espera conseguir. En este caso, no le interesaba aparecer al lado del PSOE en un asunto cuyo único objetivo para ellos era obtener réditos políticos haciendo comparecer a políticos el PP y del PSOE como Casado, Cifuentes y Montón, que aparecen como presuntos beneficiarios de un trato de favor en los másteres del Instituto. Reparar en lo posible el injusto desprestigio que las universidades públicas han sufrido con este escándalo les ha importado bien poco. Tan poco, que votaron un día antes junto al PP para aprobar a toda prisa tres nuevas universidades privadas en Madrid (que pasan ya a ser 11), con todos los informes en contra de la comunidad universitaria. Para ellos, la enseñanza universitaria, lejos de ser el servicio público que por Ley es, es un área de negocio más, que está abierta a cualquier empresario, o a la Iglesia Católica, cumpla o no unos requisitos mínimos para poderse llamar universidad.

Me ocuparé sobre todo de Podemos, porque este partido presenta todos los síntomas de la enfermedad infantil que ya diagnosticó Lenin hace casi un siglo en su obra La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, refiriéndose a los errores de los primeros partidos comunistas occidentales que aparecieron tras la revolución de octubre de 1917, los cuales estaban formados por líderes jóvenes con poca experiencia.

El primer error de Podemos en el tema que nos ocupa ha sido en la fijación del objetivo político. Concibieron la Comisión de Investigación como un altavoz para hacer un juicio mediático a algunos dirigentes destacados de otros partidos. Su objetivo era increpar públicamente a los políticos mencionados más arriba para desgastar a la vez al PP y al PSOE y así aparecer como adalides de la regeneración que ellos creen representar. Es decir, el mismo objetivo que C’s, por lo que no es de extrañar que ambos partidos hayan ido de la mano hasta el final.

Un partido que se reclame de izquierdas no debería fijarse objetivos puramente electoralistas, que tan solo le benefician a él. En el tema de la Rey Juan Carlos, los grandes perjudicados han sido los alumnos y los docentes de esa universidad, y por extensión de todas las universidades públicas. La obligación de un partido de izquierdas es hacer que los culpables sean identificados, que se aclaren las responsabilidades de cada uno, y evitar que se haga una causa general contra las universidades. Esa causa general la hizo el PP en las primeras semanas del escándalo Cifuentes cuando, para protegerla, afirmaron que las numerosas irregularidades publicadas -las matrículas fuera de plazo, los cambios de notas en el sistema informático, la no publicidad de la lectura de los trabajos fin de máster, etc.- eran moneda corriente en todas las universidades públicas. Incidir en los políticos beneficiados por el fraude, y en que un carnet de partido es suficiente para obtener títulos sin esfuerzo, era abundar en el discurso de que la universidad pública está corrompida.

Por otro lado, es obvio que el Gobierno Regional del PP ha sido cómplice de las irregularidades. Durante más de 10 años pasaron por su Consejería de Educación las memorias del IDP y los informes de seguimiento del controvertido título de máster, donde eran bastante evidentes las insuficiencias de ambos, mientras ellos miraban hacia otro lado. También, doparon al instituto con abundantes fondos públicos provenientes de contratos firmados con sus consejerías y organismos dependientes. Y la inmensa mayoría de los beneficiados son del Partido Popular. Al destaparse el escándalo, se ampararon tramposamente en la autonomía universitaria para no tomar ninguna acción, ni de investigación, ni de corrección. Ha tenido que ser la propia universidad la que ha tomado la decisión de cerrar el IDP y de poner en manos de la fiscalía los datos de los que dispone. Por tanto, la estrategia de un partido que se reclama de izquierdas debería haber sido denunciar y poner el foco en dicha complicidad entre el poder político y ese instituto corrupto, que formaba parte de su red clientelar. En lugar de ello, Podemos ha empleado toda su energía en descalificar al PSOE por negarle su ansiada foto con Casado, y su decisión final ha supuesto un claro beneficio para el PP, que respira con alivio al comprobar que la comisión termina sin conclusiones, y por tanto sin debate en el pleno de la Asamblea, y sin repercusión mediática.

Han equivocado el objetivo político y han reaccionado de modo infantil cuando han visto que no tenían suficiente apoyo para conseguirlo. Y todo ello haciendo un alarde de superioridad moral que de ninguna manera se les puede conceder, ya que el resultado ha sido un beneficio neto para la derecha y un perjuicio para las universidades públicas, a las que deberían haber defendido.

Estas actitudes infantiles las hemos visto también recientemente en el bloqueo de última hora que hicieron en el Pacto de Toledo, el cual impidió llegar a un acuerdo que era muy necesario para la sostenibilidad del sistema de pensiones. Siempre, por supuesto, desde la superioridad moral de sus planteamientos en comparación con los de los otros grupos. Todavía no han entendido que la democracia no consiste en que una parte imponga su programa máximo al resto, y mucho menos en darle una patada al tablero cuando esto no se consigue. La izquierda es útil cuando es capaz de encontrar puntos de acuerdo que supongan mejoras relevantes para los ciudadanos, aunque no sean todas las que se pretenden. Como no es útil es descalificando a los que no coinciden con el planteamiento propio, rechazando complicidades con las fuerzas cercanas, y sobre todo votando en beneficio de la derecha. Y para rematar su ineficiencia como izquierda, aderezándolo todo con grandes voces y no pocos insultos.