EL IMPUTADO

Así como el cartel electoral de un candidato personaliza a su partido político, la foto de un imputado hace lo mismo con la corrupción. Es como si esta, la corrupción, tuviera la cara del imputado pero, en sentido contrario al caso del candidato, rebaja el prestigio del partido político al que pertenece.

Sin embargo, la polémica sobre si un político imputado debe cesar en su cargo se mueve entre varias esquinas del debate. La más reciente es el compromiso que adoptan, explícitamente, algunos partidos, como el que ha adoptado el Partido Popular por su acuerdo con Ciudadanos, pero tiene otras varias. La presunción de inocencia de las personas, por ejemplo, aconsejaría la espera hasta la sentencia firme para censurar socialmente al imputado. Jurídicamente, eso es así hasta tal punto que la pena, en su caso, solo se aplica antes de la sentencia firme si se hace en forma cautelar.

Pero en el terreno político, en el que no necesariamente deben seguirse los mismos criterios, juega en contra de esa espera el tener que explicar en cada manifestación ante la prensa que el imputado es inocente, en lugar de dedicarse a los asuntos propios del cargo para el que ha sido elegido o nombrado.

Y, en esa explicación hay otra modalidad del debate y es la de las variaciones lingüísticas para rebajar el hecho de la imputación como el hablar de “investigado” en lugar de “imputado”, el “declarar para aclarar”, el de la bondad de declarar como imputado, en lugar de como testigo, por las posibilidades de una mejor defensa o el de la propia naturaleza de la imputación si es de mayor o menor importancia.

Y, eso, sin olvidar el clásico ¡que nos atacan!, grito que entona el imputado para explicar que, realmente, la imputación delictiva no es a su persona sino que trata de penalizar a todos los militantes, e incluso votantes, del partido porque solo tiene causas políticas.

En realidad, todo suele valer a un partido político para defender a sus imputados el mayor tiempo posible y a la oposición para incriminarle a las primeras de cambio y esto se ha convertido en un “déjà vu” cada vez que salta a la opinión pública un nuevo caso. Ha ocurrido con, prácticamente, todos los partidos políticos en España, y me voy a referir solo a España, con mayor o menor número de casos y esto permite un nuevo argumento en cada caso y es el ya famoso “y tú más” con el que se suele defender el grupo afectado.

Pero, en los últimos tiempos, es interminable la lista de casos de corrupción que afectan al Partido Popular, con lo que, por cierto, le debería resultar difícil entonar ese “y tú más” porque, realmente, no hay, ni ha habido, partido político en la democracia que pueda desbancar del ranking de casos de corrupción, con todas las presunciones con que se quieran matizar, al partido que acaba de revalidar su presencia en el gobierno español.

Pero, antes de pasar al nudo de este comentario, haré un apunte más. El CIS acaba de señalar que la corrupción es el segundo problema en importancia para los españoles, solo superado por el paro laboral. O, dicho de otra manera, que a los españoles les preocupa más el paro que la corrupción. ¿Puede decirse de una tercera forma, que los españoles están dispuestos a aceptar la corrupción si se redujera el paro? Y, una más, ¿estaríamos tan contentos si el problema de la corrupción fuera el primero porque ya no lo fuera el del paro?

Repasemos los datos: el PP se presenta como el partido de la recuperación económica pero, al mismo tiempo, ostenta ese dudoso honor de estar afectado por el mayor número histórico de casos de corrupción por lo que, aparentemente, los españoles debemos convivir, de momento, con el dilema de elegir entre el paro o la corrupción.

Ante ese dilema, quizás, el PP presuma que la respuesta preferida por los españoles sea elegir una recuperación económica basada en bajos salarios y aumento de las desigualdades pero con el acompañamiento inevitable de la corrupción. Y surgen, aquí, algunas preguntas. ¿Es posible un PP sin corrupción?, ¿tendría mejores resultados electorales el PP sin corrupción?, ¿es necesario aceptar al PP con corrupción incluida? ¿Es descalificante el hecho de la corrupción para un partido político?, ¿cuánto?

Bueno, no desesperen sus votantes. En el PP hay gente muy solvente y saben lo que significa el síndrome de Estocolmo. Cuando se sientan ustedes víctimas de un largo secuestro por un caso de corrupción que afecte a ese grupo, terminarán agradeciendo que el PP termine cesando al imputado y, si las pruebas son abrumadoras, dándole de baja en el partido. Eso le permitirá al PP, incluso, decir que son el partido que más lucha contra la corrupción.

Pero, para eso, tendrán que esperar al tiempo de descuento. Al minuto 93 del partido.