EL GOBIERNO DE RAJOY Y EL RETROCESO DEMOCRÁTICO

El PP tiene una forma de gobernar de manual, siguiendo las instrucciones más neoconservadoras, y sin salirse un ápice del guión. Un guión que la mayoría de españoles quizás no perciba, pero que aplican de forma milimétrica.

El primer paso es acusar siempre de “politizado”, aquello que no les gusta, que les genera oposición o que puede provocar crítica y reflexión a la ciudadanía. Resulta sorprendente que un partido político que gobierna advierta a los españoles que la “politización” de la gestión pública es mala. Así lo ha hecho con temas recientes como la huelga feminista, acusando de “politizar”, como si lo personal no fuera político (bien lo saben las mujeres), como si no fuera decisión política la brecha salarial, las ayudas a dependencia, a escuelas infantiles, a permisos de paternidad/maternidad, y un largo etcétera.

Y ahora pretende hacerlo con las pensiones. Ya lo ha advertido el portavoz, “hay que despotilizar este asunto”, ¿y eso qué quiere decir? ¿Acaso no ha sido una decisión política no subir el IPC? ¿O la indignante y humillante subida del 0,25%? ¿O esquilmar los fondos de la hucha de pensiones?

El segundo paso enlaza con este último, y que también es de manual del PP. Recortar, recortar, recortar. Como saben que no es popular ni aceptado socialmente eliminar la red de protección creada por el Estado de Bienestar, y como el espíritu del PP es ampliamente neoconservador y suspira por las privatizaciones en todos los ámbitos sociales, su acción es no invertir en lo público, dejar que se deteriore y crear de forma alternativa (como si fuera casi milagroso) una opción privada. Lo han hecho con las escuelas allí donde han gobernado, con los hospitales (véase la Comunidad Valenciana como buen ejemplo de todo ello), con las pensiones (ahora nos aconsejan una pensión privada, porque se han gastado el dinero de los españoles que estaba en el fondo de pensiones públicas), con las becas universitarias públicas y las subidas de tasas (mientras la Universidad Católica cada vez está más extendida), o con la dependencia.

El caso de la dependencia es sangrante. Según el Observatorio de la Dependencia, el recorte realizado por el gobierno, desde que está Rajoy, es de 3.734 millones de euros; actualmente solo aporta un 18% del total de gasto, lejos del 50% que prevé la ley; y esto lo han sufrido los dependientes que la cifra escalofriante es de 90 fallecidos al día que, teniendo la dependencia reconocida, no llegaron a cobrarla (y doy fe porque mi padre fue uno de ellos).

El tercer paso está en otorgar migajas sobre lo que antes habían recortado. Cuando el sistema público ha sido ya estrangulado presupuestariamente, entonces el PP comienza la recuperación de forma lenta, euro a euro, haciéndolo valer y sobre todo con mucha propaganda. Por ejemplo, los 100 millones prometidos en dependencia (después de haber recortado casi 4.000). Pero, eso sí, los 100 millones es abultado y propagandístico porque la mitad de ese dinero no se ejecuta. ¿Es casual? No, es la forma de actuar del PP. Sus presupuestos, en cualquier autonomía donde gobiernan, nunca se ejecutan ni en su totalidad ni en un 80%, sino que existen grandes agujeros en las inversiones públicas. Porque no se trata de hacer, sino de decir (y eso no es lo mismo). Ellos viven de palabras (propaganda) y la ciudadanía de hechos (presupuesto).

El cuarto paso es modificar los valores ciudadanos. Así lo hizo desde que estableció, por ejemplo, la ley mordaza. O desde que impulsó la religión de nuevo en la educación. O desde que eliminó la asignatura de Educación por la Ciudadanía. O desde que retiró la Filosofía del Bachillerato. O desde que bloqueó la ley de memoria histórica, porque como dice Rajoy, “señores, dejemos a los muertos en paz” (claro, porque no son los suyos los que están invisibles en cunetas).

Mientras eso ocurre se establecen otras cuestiones educativas claramente alternativas al pensamiento democrático, tolerante e inclusivo. Por ejemplo, el convenido que Defensa firma con Educación para impulsar “los valores patrios” en el colegio, para que los niñ@s conozcan la importancia de las fuerzas armadas, porque afirma Cospedal que “una cultura de defensa impulsa una cultura de la paz” (al más viejo estilo), devolviendo la polémica seguridad versus libertad. Y se aplica la mordaza, poniendo sobre aviso tanto a la Unión Europea como a Amnistía Internacional.

Se han aplicado más de 36.000 sanciones en virtud de esta “democrática” ley; se han juzgado hasta 60 casos por libertad de expresión; y existen más juicios realizados por “exaltación del terrorismo” que cuando existía la banda terrorista de ETA.

¿Acaso esto no es hacer política? Sí, lo es. Es la política neoconservadora más descarnada, más hipócrita, más dañina, que, paso a paso, va desmantelando las redes sociales, debilitando lo público, esquilmando recursos presupuestarios, y modificando los valores democráticos a través de la doctrina educativa y de la acción política-legislativa.

Así que, cuando Rajoy advierta que “ustedes no se metan en política”, por favor, no se dejen tomar más el pelo.