EL FRACASO EN LA FORMACIÓN DE GOBIERNO. LA POSICIÓN DE LOS PARTIDOS Y LECCIONES A EXTRAER (Y II)

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c) Ciudadanos. A lo largo del fracasado proceso de elección del Presidente del Gobierno, Ciudadanos ha actuado como un partido que rehúye tanto la agresividad gratuita como la publicidad fácil. No ha tenido comportamientos agresivos contra el resto de los restantes partidos, ha sido crítico con el Partido Popular y, especialmente, con Rajoy, pero no ha pretendido acogotar al partido criticado ni menos aún deslegitimarlo. Su pacto con el PSOE ha sido un pacto arriesgado pues, sabiendo que tenía pocas posibilidades de éxito, le debilitaba ante sus eventuales electores de derechas, aquellos que pueden dudar entre el Partido Popular y Ciudadanos. Como en política los análisis psicológicos tienen un efecto limitado, habrá que concluir que lo que ha influido en el comportamiento político de Ciudadanos ha sido un cálculo inteligente, es decir eficaz, que vamos a ver a continuación.

En principio, a Ciudadanos también le podía interesar repetir elecciones. Con una campaña electoral mal orientada, Ciudadanos quedó el 20 de diciembre de 2015 en cuarto lugar, a una distancia importante del otro partido emergente, Podemos. Aun así, ha mostrado ante la opinión pública que prefería la gobernabilidad al cálculo perverso de la repetición de elecciones. En un ambiente tan enfrentado y endurecido, donde todos los partidos han dibujado muchas “líneas rojas” excluyentes, Ciudadanos sólo ha expresado un veto, que es el de gobernar con Podemos. Veto comprensible, no sólo por razones ideológicas sino por estrategia de imagen, pues es difícil la convivencia con un partido de similar origen en el tiempo y en el perfil innovador de sus dirigentes. Además de situarse Ciudadanos en la derecha y Podemos en una pseudo-izquierda, Rivera e Iglesias Turrión quieren desplegar una misma imagen, de líderes nuevos que aspiran a recoger electoralmente el descontento de quienes apoyaron al Partido Popular y al PSOE, por lo que su coexistencia, mientras no se consoliden en el panorama electoral español, provocaría los mismos efectos que la manida imagen del agua y del fuego. Pero salvo esa inevitable línea roja, Ciudadanos ha mostrado una capacidad de diálogo y de búsqueda de entendimiento como ningún otro partido.

Es difícil predecir la suerte electoral de Ciudadanos en las próximas elecciones de junio. Por un lado, parece que su caladero de votos es una franja centro-derecha, salvo en Cataluña donde recibe votos provenientes del PSC. Si en las elecciones se premiara la decisión y el comportamiento no marrullero, Ciudadanos debería no sólo mantener su score sino acrecentarlo a costa del Partido Popular. Pero, además de las incertidumbres de la campaña electoral, la presión popular será muy fuerte y el viejo partido de la derecha no dejará de acusar a Ciudadanos por su pacto con el PSOE (ya lo refleja el suelto “Regañina empresarial a C’s”, La Vanguardia, 2 de mayo de 2016). Todo ello pone a Ciudadanos en una tesitura difícil, pues no puede acentuar su perfil conservador porque los votos que arrebataría hipotéticamente al Partido Popular le costarían muchos votos de centro. Por otra parte, ni siquiera tiene asegurado conservar los votos catalanes procedentes del PSC, aunque ello dependerá de la campaña que haga este partido y su casi segura candidata, la Diputada Batet. Lo más probable es que si Ciudadanos aguanta el resultado anterior o sube en votos se convierta en un sólido partido bisagra, capaz de entenderse con el Partido Popular, con el PSOE o con ambos. Pero necesita para ello una muy buena campaña electoral y un mensaje muy nítido sobre su posición de centro-derecha con vocación de entendimiento. Será un tema interesante para la Ciencia Política la evolución de este partido.

d) PSOE. Si hubiera que buscar un protagonista de los cuatro meses posteriores a las elecciones del 20 de diciembre, ese protagonista es el PSOE y su Secretario General. En los días posteriores a las elecciones el PSOE no se encontraba en una situación políticamente firme. Con unos resultados electorales muy deficientes, peores a cualquier otra convocatoria anterior, y con un evidente malestar en los dirigentes regionales (mucho más influyentes que en el Partido Popular). Además, con datos tan relevantes como la cuarta posición alcanzada en la circunscripción de Madrid o el relativo éxito de una pseudo-izquierda que pretendía representar a la verdadera izquierda.

Pero la iniciativa de Pedro Sánchez de acudir a la investidura ha cambiado por completo la imagen de perdedor que el PSOE podía dar. Frente a la pasividad, con un acuerdo programático muy interesante con Ciudadanos, con el mérito de desbloquear una situación que podía pudrirse si nadie quería someterse al debate y subsiguientes votaciones de vestidura, Pedro Sánchez ha situado a su partido en una buena posición ante la opinión pública, como partido que no rehúye las responsabilidades ni los fracasos y que conserva gran capacidad de acuerdos. Además, hay que agradecer a Sánchez y al PSOE que con su firmeza haya apoyado implícitamente al Rey frente a las maniobras de ruptura constitucional que proponía el Gobierno al intentar una disolución inconstitucional de las Cortes (el Gobierno de Rajoy será tramposo hasta el último día). Se puede reprochar a Sánchez una excesiva condescendencia con Podemos y también no haber distinguido ante la opinión pública entre la figura de Rajoy y el partido de Rajoy. Pero si juega bien sus cartas puede salir de la próxima convocatoria electoral sin perder escaños y con más votos y Diputados.

¿Cómo ha de jugar bien sus cartas el PSOE? En primer lugar, con un mensaje socialdemócrata muy nítido. Es cierto que la socialdemocracia ha quedado muy tocada en la última crisis por su incapacidad de ofrecer una alternativa a la destrucción del Estado social que ha planeado la derecha, máxime cuando hay partidos y figuras de la socialdemocracia internacional (como ocurre en Francia) que siguen entregados a una estrategia que merma los derechos sociales. Pero la aparición de Podemos es un acicate para el PSOE, no porque haya que ocupar el espacio de Podemos (como acaba de declarar alguna figura del PSC entregada a la ideología nacionalista), sino porque el programa irrealizable de la pseudo-izquierda de Podemos le brinda la posibilidad de mostrar al elector un programa y una concepción política con visos de realismo y de poder aplicarse. Por eso en estas próximas elecciones es fundamental presentar ante el cuerpo electoral un programa de izquierda verdadero, y no falso. Y no debe dar miedo entrar en confrontación con Podemos y con Iglesias Turrión que sigue empeñado, al día de hoy, en perdonar la vida al socialismo democrático y en actuar como portavoz de sus votantes y electores.

Pero también es muy importante que el ciudadano al que se le pide el voto conozca las diversas alternativas de Gobierno que el PSOE contempla. Este punto es bastante complejo, porque es difícil adelantar en la campaña electoral cómo se conducirá un partido para formar Gobierno. Pero algunas ideas genéricas se pueden adelantar: con Ciudadanos se gobernaría, no es imposible gobernar con el Partido Popular sin Rajoy, etc. Hay que ser particularmente claro con Podemos, pues si bien no parece posible que Iglesias Turrión y sus colaboradores más fieles participen en un Gobierno socialdemócrata, se podrían buscar fórmulas más flexibles de colaboración con simpatizantes y militantes de Podemos que estén dispuestos a implicarse con lealtad democrática. El tema no es fácil pero el PSOE no debería renunciar a estudiarlo.

En tercer lugar, por último, además de un programa electoral atractivo para los ciudadanos que han sufrido la degradación del Estado social, parece que el PSOE debería exponer una visión muy precisa de España y del Estado democrático en España. Eso no es programa electoral sino un programa de reforma del Estado que trasciende una legislatura: reforma de la Constitución (con rigor y contención, sin “comprar” todas las fantasías que suelen tener los profesores de Derecho Público), reforma territorial asumible en todas las Comunidades Autónomas, modelo de política europea que convenga a España, instrumentos para recuperar el protagonismo internacional que tuvimos cuando gobernaba Felipe González, etc. Parece necesario que el elector capte el compromiso del PSOE por ofrecer un Estado democrático sólido, participativo y abierto a los grandes cambios que ha experimentado el mundo desde que se inició el siglo XXI.