EL FRACASO EN LA FORMACIÓN DE GOBIERNO. LA POSICIÓN DE LOS PARTIDOS Y LECCIONES A EXTRAER (I)

gfdez270416

La definitiva constatación de que el actual Congreso de los Diputados no puede elegir un Presidente del Gobierno dará lugar en los próximos días a una riada de lamentos porque quienes se alegran de que se convoquen nuevas elecciones (el Partido Popular, Podemos y la prensa afín a uno y a otro partido) no se atreverán a manifestar su regocijo. Conviene por ello examinar con cierta distancia la posición de cada partido, evitando sin embargo caer en el pesimismo esencialista que achaca el fracaso al modo de ser español: los Laínes y los Marías no necesitan sucesores. Pero también conviene indagar si el fracaso en la formación del Gobierno puede contener alguna enseñanza positiva que nos ayude a afrontar las nuevas elecciones y la formación del nuevo Gobierno con mejores posibilidades de éxito.

Como apuntaba en el párrafo anterior, antes de proseguir hay que desechar la tentación esencialista, como si estuviéramos ante un nuevo noventa y ocho. No ha fracasado el alma nacional, no ha fracasado el pueblo español y menos aún éste pedía un Gobierno de coalición. Veamos las cosas con más distancia:

a) El Partido Popular. Ha estado casi desde el primer momento interesado en repetir elecciones, porque cree que en un nuevo llamamiento electoral puede alcanzar más escaños a costa quizá de Ciudadanos. Alternativamente, cree que una nueva elección sería un fracaso para el PSOE que, derrotado y descabezado, aceptaría, manso y humillado, formar un Gobierno de coalición Partido Popular/PSOE, o, si no queda más remedio, Partido Popular/PSOE/Ciudadanos. A pesar de los sospechosos sondeos de la prensa de derecha, no es seguro que el Partido Popular obtenga mejores resultados pues, más allá del sólido suelo electoral que tiene la derecha española, las continuas marrullerías del partido y de sus dirigentes, la imagen de desidia que transmite Rajoy, el continuo afloramiento de casos de corrupción mal manejados por la dirección popular y, en fin, el recuerdo permanente de la política de tierra quemada que ha practicado el Gobierno de Rajoy, va a hacer difícil que remonte el número de votos para la derecha. En este punto, sin embargo, quizá no vayan tan descaminados los populares: aunque es muy difícil el aumento de votos, sí puede aumentar el porcentaje de votos por causa de la abstención de la izquierda: tendrían los mismos votos pero podrían conseguir más escaños. Por otra parte, hay otra razón por la que el Partido Popular apostó pronto por la repetición de elecciones: sabiendo Rajoy que gran parte de los militantes y electores socialistas rechaza cualquier colaboración gubernamental con él, sabe que tiene que alcanzar un buen resultado electoral en la nueva convocatoria (en todo caso, mucho mejor que el PSOE) pues, de lo contrario, una nueva generación de dirigentes (y algunos antiguos), podría llegar a la conclusión de que es Rajoy el obstáculo para acceder al Gobierno, con o sin coalición.

En conclusión, dados los indeterminados resultados del Partido Popular (ni una derrota sonada ni una victoria suficiente para gobernar), casi se podía predecir tras el 20 de diciembre que Rajoy y su partido iban a intentar forzar la celebración de nuevas elecciones. Es una decisión legítima pero es reprobable acusar a otros (PSOE y Ciudadanos, especialmente) por no haber formado Gobierno: Rajoy (con entusiastas y ocultos apoyos, como veremos más abajo) no quiso formar Gobierno ni quiso afrontar una derrota parlamentaria. Legítimo, vuelvo a decirlo, pero haría bien la Vicepresidenta en funciones en sermonear menos acusando a los demás de una decisión meditada y muy deseada.

b) Podemos. Como hemos ido señalando en artículos anteriores, Podemos ha actuado con el mismo cálculo que el Partido Popular: prefiere la repetición de elecciones, porque cree que tendrá un mejor rendimiento y le colocará como segundo partido nacional, antes que el PSOE. Dejando a un lado el acierto o el error del cálculo que están haciendo los expertos electorales de este partido, es legítimo que un partido apueste por concurrir a nuevas elecciones si considera que le serán más beneficiosas. Pero es reprobable lanzar mensajes engañosos a los ciudadanos, como ha hecho Podemos desde muy pronto cuando a la vista estaba que el partido que controla Iglesias Turrión no deseaba apoyar al PSOE y, menos aún, formar parte de un Gobierno presidido por Pedro Sánchez. Han engañado a la gente porque el principal objetivo de Podemos era el fracaso del PSOE. Podemos buscaba el fracaso de este partido porque espera rebasarlo pronto y porque, adicionalmente, da satisfacción a sus bases más fieles, profundamente antisocialistas (nada nuevo, ya lo eran los comunistas hace noventa años). Para conseguir su objetivo de nuevas elecciones, Podemos ha actuado correctamente, pero probablemente le costará caro por la forma de actuar de su máximo dirigente. Porque para no pactar con el PSOE no es imprescindible ofender muy gravemente al partido, a sus dirigentes y a sus militantes y, menos todavía, hacerse espurio portavoz de los militantes socialistas como hace Iglesias Turrión cada vez que quiere criticar la conducta de este partido, porque en Ferraz no necesitan portavoces malintencionados que nadie ha contratado. Por otra parte, más allá de su obsesiva guerra al socialismo democrático, el comportamiento de Iglesias Turrión no provoca grandes entusiasmos en muchos ciudadanos aunque resulta preocupante que haya tantos electores que se sientan atraídos por un líder que sólo sabe agredir al adversario y no es capaz de un relato riguroso ante los ciudadanos pues sólo actúa teatral o televisamente. Claro que Iglesias Turrión, al lado de militantes como Bódalo, el Concejal encarcelado en Jaén, es Teresa de Calcuta.

La conclusión a que se llega respecto a Podemos es que su campaña será a muerte contra el socialismo democrático y que idearán todas las iniciativas que puedan debilitar al PSOE. Podemos es un partido antisistema, no por su ideología (muy tosca, más allá de las frivolidades inventadas por el argentino Laclau que son inexportables), sino por su posición existencial que le lleva a aspirar a conseguir todo el poder sin otros aliados que sus marcas blancas catalanas, valencianas y gallegas que empiezan a reivindicar su propio papel. Podemos nunca querrá gobernar con el PSOE salvo que atisbe que puede hundirlo en poco tiempo, por lo que, sin poder entrar en Gobiernos, será en el futuro un partido-apartheid, que vive en un gueto sin capacidad de formar coaliciones. Ese es el dato que deben manejar los electores en las próximas elecciones, porque votar Podemos es votar a un partido automarginado del juego político que conduce a gobernar.