EL FINAL Y EL COMIENZO DE LA CARRERA

Cuando está llegando a su fin el mes de julio, y un importante número de ciudadanos está de vacaciones o se prepara para disfrutarlas, también está finalizando un curso político caracterizado por el triunfo de la moción de censura del PSOE, que sacó a Rajoy de la Moncloa, y por el cambio de dirección en el PP, tras un proceso de primarias a dos vueltas, donde los afiliados votaron a una persona y los compromisarios en su congreso eligieron a otra.

Todos estos cambios, marcarán el inicio de la actividad política en un mes de septiembre que será el pistoletazo de salida de una larga campaña electoral en España con elecciones municipales, autonómicas y europeas. Y con la posibilidad de unas elecciones generales si las fuerzas políticas que apoyan al Gobierno socialista pretenden paralizar o acorralar al gobierno en su intención de hacer llegar un mayor bienestar a la mayoría de los ciudadanos.

Los meses anteriores y los que vendrán han reafirmado que la política es una actividad de la que no se puede prescindir, porque la política es una preocupación de hombres libres y su existencia es una prueba de libertad. A pesar de ello, hay ciudadanos que tienen la convicción de que la política no puede cambiar las cosas, y que lo que se hace, en los parlamentos o en los gobiernos, no sirve para nada.

Es verdad que existen razones para creer en esa idea. Pero también, hay otras personas, muchas más personas, que tienen fundadas razones para seguir creyendo en la política. Personas que saben que el centro público en el que estudian nació de una decisión política; personas que saben que el hospital público que las atiende en su enfermedad nació de una decisión política; personas que saben que la pensión no contributiva que cobran sin falta cada mes es el fruto de una decisión política.

A pesar de todos los pesares, esas personas siguen siendo una importante mayoría. La mayoría que sostiene nuestro sistema democrático, porque conocen su potencia de cambio. La potencia de la dignidad de la gente común frente a los abusos de quienes usan arbitrariamente su poder; la potencia de la esperanza que siempre encuentra un resquicio para empujarnos a la acción.

Y la esperanza nos dice que el cambio de Gobierno en España es el inicio de un cambio político en algunas comunidades autónomas y ciudades donde todavía gobierna un Partido Popular que ha cambiado de líderes, pero no de políticas.

Un ejemplo es Madrid, donde los ciudadanos perciben con claridad que se está abocado al cambio. Tras veinte años de mayoría absoluta del PP y cuatro más de Gobierno regalados por Ciudadanos las cosas van a cambiar, porque Madrid ya ha cambiado.

Madrid ha sido el territorio de un experimento ideológico. Un experimento de vaciamiento de los poderes políticos y de favores a los amigos. Favores a los empresarios amigos, a las órdenes religiosas amigas, a los medios de comunicación amigos. A todos los amigos del alma del Partido Popular. El resto allá se las componga. Esa es su filosofía liberal. Dejar hacer…, a los amigos; dejar pasar…, el tiempo.

Se puede decir sin exageraciones que el PP tiene el gobierno, pero han perdido la iniciativa política paralizados por sus fracasos, los escándalos continuos, los encarcelamientos de dirigentes populares y las dimisiones de presidentas. Aunque ahora pretenden refugiarse en unos cuantos datos estadísticos, que la mayoría de los ciudadanos madrileños no percibe en su vida diaria.

En Madrid existe una gran energía social de cambio. Pero solo se transformará en un cambio real mediante la política, mediante la política democrática, la que se hace en los parlamentos, en la que el poder del gobierno está limitado, y en la que ningún poder social o económico es más grande que el poder de las leyes.