EL FEMINISMO LIBERAL PARA VOLAR

Nobel acumuló su gran fortuna gracias a los réditos del invento de la dinamita. Ello le llevó a esponsorizar los premios que llevan su nombre. La dinamita ya está inventada y los premios suelen darse sobre cosas que realmente tienen sentido.

Reinventar el Feminismo Liberal buscando un hueco electoral, no es inventar nada. No es merecedor de ninguna recompensa y además resulta feo muy feo; pues eslóganes aparte topa con una realidad que nos dice que el discurso lo aguanta todo, pero hay cosas del vivir cada día, que no cambian poniendo apellidos.

El Feminismo Liberal, hoy descubierto por Ciudadanos, es una vieja doctrina en el movimiento feminista, criticado justo por poner el foco en la persona y no en el colectivo. Para el Feminismo Liberal la acción individual de la mujer es la que puede conseguir su “liberación”; es la propia actitud de la mujer ante la discriminación, que no es consecuencia de razones estructura social sino provocada por razones consuetudinarias, vamos la fuerza de la costumbre. Para ellos no es la acción colectiva lo que hará revertir la situación, así dice el punto 2 del Decálogo de “feminismo liberal” de Ciudadanos: “La mujer no se ha sacudido la tutela del varón para caer en la tutela de otras mujeres que pretendan hablar en su nombre”.  Es, en definitiva, el liberalismo político en su variante feminizada y poética, eso sí con un gran ramalazo patriarcal: “Quiero una España de mujeres libres e iguales, en la que cualquier mujer pueda volar todo lo alto que quiera” Rivera dixit.

Hay una diferencia ideológica que es pertinente tener presente en estos días electorales que corren. El liberalismo puede ser o no ser feminista, el socialismo no. Es muy fácil de entender, el liberalismo, y su versión radical “neo”, deja los problemas del individuo a sus uñas y sus dientes, al mercado. Todo desde la salud hasta la educación y también el ejercicio efectivo de los derechos de las mujeres. Lo importante para los liberales es que “el sistema” reconozca jurídicamente que se es libre e igual, aunque al volar te maten.

El socialismo, la socialdemocracia, que para muchos es una cultura política vieja de trasnochados conceptos, pero precisamente tiene su pleno sentido en que va mucho más allá en las condiciones de igualdad y libertad de las personas. Su objetivo es combatir y erradicar cualquier tipo de dominación, explotación o discriminación existente entre los humanos. El socialismo es feminista o no es, sin feminismo puede ser otra cosa pero no socialismo. Lo mismo o es ecologista o no es, pacifista…Este es un viejo debate hace tiempo saldado. No son sólo las relaciones económicas las que generan relaciones de dominación, explotación o desigualdad. Hay muchas otras cuestiones, todas situadas en el mismo plano: raza, religión, orientación sexual, pobreza, discapacidad, ausencia de recursos naturales y un larguísimo etcétera. Todo ello es esencial en la narración de lo que es y será el socialismo en el futuro. El socialismo puede variar en sus estrategias, en las fórmulas para solventar los problemas, pero los principios siguen siendo válidos y universales.

En multitud de ocasiones, el discurso de la diversidad ha terminado creando una cierta confusión, que no deja de ser avivada por aquellos que pretenden sacar tajada en este debate intentando convertir en estéril la identificación entre socialismo y feminismo pero también sin menoscabo en la acción colectiva en defensa de los trabajadores. Sólo la acción colectiva puede convertir la lucha en triunfo. Todo problema que afecta a la mayoría solo podrá ser resuelto si se asume con convicción de que solo con el esfuerzo de la mayoría se cambiaran las realidades injustas. Esa fue la significativa e incontestable foto del 8 de marzo.

La convicción colectiva de que las lacras que aun hoy siguen diferenciando a las personas, por el hecho de haber nacido mujer u hombre, sólo se erradicarán desde la unidad colectiva, en la calle protestando, en las instituciones cambiando normas, en las empresas rompiendo los techos de cristal y en cada casa, en cada escalera,  terminando no solo la violencia de género, sino la simple insinuación de la misma.

Los apellidos al feminismo tienen importancia para aquellos que tienen que explicar lo que son. El feminismo apelando simplemente a su definición lingüística ya es por si una declaración: Principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre. En el caso del liberalismo el feminismo es una variante; en el del socialismo es parte de sus principios esenciales. Conocer esto es muy importante cuando posteriormente se pretende pasar de los decálogos a las normas.