EL DESMORONAMIENTO DE LA UNIÓN EUROPEA

EL DESMORONAMIENTO DE LA UNIÓN EUROPEA

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La cesión que han hecho los dirigentes de la Unión Europea (UE) al Reino Unido para evitar que este país abandone ésta resulta bastante vergonzoso. No está claro que este acuerdo sirva para mantener al Reino Unido dentro de la UE, pero sí que rompe uno de los principios básicos que estuvieron presentes en el Tratado de Roma, que recogía, entre tantas cosas, la libre circulación de trabajadores. Posteriormente, se ha avanzado en esta línea eliminando las barreras que ponían trabas a la libre circulación de los ciudadanos de la UE. El tratado de Schengen, aunque no todos los miembros de la UE lo han firmado, fue un avance decisivo en este sentido. El Reino Unido no forma parte del espacio Schengen, pero participa en la cooperación policial y judicial en la lucha contra la delincuencia y el terrorismo.

A pesar de estar fuera de este espacio, ahora el Reino Unido exige que se dé un paso atrás en la libre circulación de personas, que afecta fundamentalmente, aunque no solo, a la acogida de refugiados y emigrantes. La UE está lejos de ser una verdadera Unión y en lugar de avanzar en la integración política, económica, social y de solidaridad, lo que está sucediendo es una regresión. La integración política ha quedado aparcada tras el NO de Francia en referéndum al Tratado Constitucional, que pretendía cubrir en parte el déficit democrático que padece la UE, y que ha sido reconocido por muchos de sus dirigentes. No hay, por tanto, una unión política ni siquiera se avanza en este terreno, por lo que el déficit democrático aumenta. Este es el único déficit que no preocupa a los gobernantes.

La integración económica se entiende solamente como la creación de un mercado y una moneda única, pero no como un conjunto de políticas comunes, más allá de las directivas que pretenden unificar, y la existencia de alguna de ellas como la Política Agrícola Común (PAC). La falta de una política fiscal única es uno de los puntos más débiles del proyecto de integración, lo que genera muchas desigualdades en los impuestos y en el gasto público que tiene en los diferentes países fines muy diversos. Ni siquiera se ponen las bases para lograr alguna unificación en los tipos de algunos impuestos, como puede ser el de sociedades. En un mercado único, sobre todo en la eurozona, en el que no existe una política económica común, y básicamente fiscal, lo que propicia es un espacio económico cada vez más desigual entre países y clases sociales.

La política social no existe, aunque se hayan planteado algunas directivas comunes. El Espacio Social Europeo ha quedado como una declaración de buenas intenciones, pero nunca ha tenido la Carta Social Europea una obligación vinculante. Tampoco aquí se han establecido unos mínimos que habría que cumplir. La política social es de responsabilidad de los distintos países con lo que tiene lugar grandes diferencias entre ellos. El Estado del bienestar (EB) es muy insuficiente y limitado en países del Este de Europa, se desmanteló en gran parte en el Reino Unido, y en los demás está sufriendo recortes como consecuencia de la aplicación de las políticas de austeridad.

La UE se encuentra rota y a ello están contribuyendo las políticas de austeridad que golpea con mayor dureza a los países más vulnerables, y la insuficiencia institucional para dar respuestas rápidas y eficaces a los problemas cuando surgen. La política económica impuesta por la troika restringe el margen de maniobra de los gobiernos de los distintos países. La imposición ha sustituido al consenso y a la solidaridad. La crisis del euro ha dejado al descubierto las debilidades del área monetaria, que se encuentra lejos de ser óptima, lo que está generando excesivos problemas a determinados países, y que en lugar de solucionarlos se penaliza a los que está sufriendo con mayor dureza los efectos de la crisis económica, con lo que las dificultades en lugar de atenuarse se agravan. Una vez detectadas las graves deficiencias, que han sido puestas sobre el tapete por diferentes analistas, resultado de la forma en que se ha implantado la moneda única, no se han puesto en marcha reformas que palíen para el futuro los efectos catastróficos que se han dado.

Esta falta de solidaridad se está manifestando con gran crudeza en la tragedia de los refugiados. Este es, sin lugar a dudas, el lado más oscuro de la UE. Ante la avalancha de los refugiados no se han dado respuestas rápidas sino lentas, que han llegado tarde, y que, además, ponen de manifiesto esa falta de unidad cuando hay países, fundamentalmente del Este de Europa, que están actuando al margen de los que se aprueba en los órganos de la UE y que están mostrando el lado más inhumano de estos gobiernos. Lo que está sucediendo nos debería avergonzar a todos los ciudadanos que pertenecemos a la UE.

La UE está mostrando su inoperancia ante la crisis económica y de los refugiados. Mientras avanzan las ideas fundamentalistas de mercado se desmantela el EB, aunque en diferentes grados en los países miembros, pero que todos siguen una tendencia que está acabando con lo que fue el llamado modelo social europeo. La desigualdad y la marginación crecen al tiempo que aumenta la concentración y centralización del capital. Se hace una política que favorece a las grandes corporaciones empresariales. No existe una Europa de los ciudadanos, sino cada vez más la Europa del capital. El proyecto europeo lejos de mejorar las condiciones materiales de existencia, tal como decía Marx, de la población las está empeorando.