EL DECISIVO MOMENTO “PORRA”

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Intentando dar con la palabra definitoria de estas elecciones, escuché como un grupo de periodistas que asignaban con rotundidad el candidato ganador de los debates, puntuaban la seguridad, sonrisa, ocurrencias, elegancia y un largo etcétera que realmente en nada define cómo será el personaje, gobernando nuestros intereses; y dijeron la palabra clave: “hagamos una porra sobre quién ganará”. Eso es, “porra” es el sintagma polisémico que define estas elecciones.

Porra es un churro grande, y esto se dice cuando hablamos de una chapuza. Una gran chapuza son estas elecciones. Tendrían que servir para producir un gran cambio en la vida política española después de cuatro años de mediocridad y suciedad. Momento en el que los ciudadanos responsables dijeran basta a la corrupción, que ha inundado los aledaños del Gobierno sin haber tenido respuesta alguna. Algo más propio de Repúblicas bananeras que a todos nos producen rechazo, en el caso que tengamos dignidad sobre nuestra identidad como españoles.

La corrupción ha pasado de puntillas en este proceso electoral. No se ha sido capaz de poner el énfasis en analizar cuáles son las iniciativas para limpiar la política y dejar fuera los comportamientos corruptores de algunos miembros del entramado empresarial.

Se ha perdido la oportunidad de debatir sobre un proyecto de país y todo se ha convertido en un puro espectáculo de apuestas de taberna. Se ha jugado con las encuestas, sin el más mínimo rigor científico y respeto ciudadano, en función de intereses mediáticos para avivar el circo e intereses más oscuros e inconfesables. ¿Cuáles son las razones por las que se han ocultado los datos de referencia de las muestras realizadas? Esto no es inocente, estas encuestas (no resultados contrastados) han servido para dar un, cuestionable democráticamente, protagonismo a los llamados partidos emergentes que nunca antes han concurrido a unas elecciones generales. Si tomamos como referencia las recientes elecciones municipales, Ciudadanos no llegó al 7% del voto y Podemos es incuantificable, dado que tan sólo se presentó en unas pocas circunscripciones. Lo que la verdad esconde es que hay intereses que pretenden que el poder político pierda su capacidad transformadora en aras de formaciones políticas difusas y confusas ideológicamente, diluyendo un proceso de regeneración política basada en proyectos programáticos para España.

Esto no va ser gratis. Tras el espejismo estará la realidad, la del corolario de problemas que nuestro país tiene en este minuto que requiere encauzar y que están en la cabeza de todos los ciudadanos: desde el empleo, la recuperación económica, la regeneración democrática o dar fin a la violencia de género, o enfrentar la restructuración institucional y territorial de España y tener una acción política clara como país ante la amenaza yihadista. Todo esto ha dado lo mismo, lo importante ha sido el plató o la frase ocurrente del día. Lo peor realmente está en que todo el mundo termina entrando en el juego, todo para la forma nada para el fondo. Damos por bueno que los emergentes líderes creados por la televisión, como aquel “Chiquilicuatre”, tienen la solución a los problemas o estamos ante algo más frívolo, como la complacencia de que “tenemos chicos nuevos en la política”. Nos hemos hecho complacientes y nuestro nivel de exigencia es mínimo.

La derecha ha demostrado su incapacidad de regenerarse y de regenerar, lo cual es razón bastante para salir del Gobierno de España, y la izquierda -desde visiones plurales- no ve que es el momento de unir sus fuerzas para impulsar una mayoría que dé un futuro a los ciudadanos. El error del pasado de Anguita se vuelve a reproducir; no se pone el objetivo en consolidar un proyecto de cambio de amplio espectro, sino en procurar un cambio de siglas en la oposición que legitime veleidades mesiánicas. Ahora bien, si los partidos se equivocan, no menos la cultura política de izquierdas que prefieren la derrota electoral a reconocer que el camino del cambio sólo puede estar en la derrota del Partido Popular. El mismo progresismo de taza de té que en los años noventa querían que gobernara Felipe González pero sin su voto.

En todo caso si las pseudo-encuestas y los pseudo conformadores de opinión pública terminan convirtiendo su intención en realidad, se aventura un escenario complejo y de difícil gobernabilidad. Aunque todo parezca recomponerse al día siguiente, no creo que se cumpla la agenda que se tiene por delante y eso es perentorio. En consecuencia, pronto nos veremos ante un nuevo proceso electoral. A partir de ahí la derecha se volverá ofrecer como el único garante del “orden y la estabilidad” y buscará la mayoría absoluta que le permita gobernar de la única forma que sabe. O la izquierda política, social y ciudadana, toma conciencia de que sólo la concentración en torno a un proyecto común puede sacar a España de mediocridad que nos aqueja.

En todo caso el domingo todavía es tiempo para no mandar todo a la porra[i].

[i]Porra lugar de castigo en el centro de los asentamientos militares donde se espera hasta que el mando decide cumplida la pena.