EL DEBER DE DECIR LA VERDAD: HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO

muñoz181215

El motivo de este escrito es plantear, desde la reflexión que impone el método científico, lo que está siendo el pos debate que sostuvieron el día 14 de diciembre los candidatos a la Presidencia del Gobierno del Reino de España, los señores Rajoy y Sánchez.

En un programa de “A vivir que son dos días” en la SER, la jueza Manuela Carmena, que participaba con otros tertulianos en un debate acerca de la política en España, señaló algo así como que: “era necesario reivindicar el derecho a la verdad”, que, según explicó, era un derecho reconocido, aunque no recordamos dónde, si en la jurisprudencia o en las declaraciones de los organismos internacionales encargados de velar por los derechos de los ciudadanos del mundo.

Es en el marco de la búsqueda de la verdad donde los científicos trabajamos siguiendo pautas de racionalidad para tratar de plantear preguntas relevantes en relación con nuestros objetivos, y para procurar bienes y servicios para los otros. La contestación a tales preguntas se hace de acuerdo con lo que se conoce como método científico, que se rige por el esfuerzo en el diseño de las estrategias y por el rigor en la ejecución de las mismas. Es decir, que tenemos que basarnos en la objetividad porque asimismo sabemos que los datos y resultados que obtengamos deberán ser contrastables y comprobables por toda la comunidad científica que trabaje en nuestras áreas de investigación. Como resultado, se obtendrán verdades que nunca serán dogmas ni verdades absolutas y siempre permanecerán sujetas al escrutinio de los expertos.

Bajo estas perspectivas, nos hemos planteado la necesidad de realizar un análisis sobre las reacciones producidas durante el debate y el pos debate, partiendo de la premisa de que el señor Sánchez lo afrontó con el objetivo de cumplir con el deber de decir la verdad, que forma parte de la esencia de ser servidores públicos.

Por ello, desde el principio del debate el señor Sánchez trató de desmontar datos poco concordantes con la realidad que sobre diversos ámbitos ha venido desgranando el señor Rajoy en la defensa de las políticas realizadas por su Gobierno, y de modo más acusado desde que se convocaron las elecciones. Por citar algunos ejemplos, el preocupante futuro de las pensiones. Este futuro implica hacer frente a un progresivo aumento de la cuantía media, ya que los trabajadores que se van a ir jubilando han disfrutado de rentas más altas, como fruto del desarrollo español desde el advenimiento de la democracia. Este proceso coincide en los últimos años con la devaluación del trabajo y de los ingresos salariales con la consecuencia de que durante la legislatura de 2011 a 2015 se ha reducido a la mitad el Fondo de pensiones (El País, jueves 3 de diciembre de 2015, pág. 39). Otro ejemplo, a pesar de la notable reducción de los ingresos por rentas, los trabajadores medios y bajos han visto cómo les subían los impuestos en cuantía superior a los 17 mil millones de euros (El País, 13 de abril de 2015, articulo de Jesús Sérvulo González). Asimismo, cabe citar los descensos en las prestaciones a los desempleados (según palabras del propio señor Rajoy en el Congreso de los Diputados (El País 3 de diciembre de  2015, M.V. Gómez) o la caída en la financiación de los dependientes, según denuncias repetidas de familiares y asociaciones.

Tras el descanso, y dentro del apartado de las reformas institucionales, el señor Sánchez arrancó con fuerza sobre el tema de la corrupción y específicamente señaló que “tras haber dado apoyo (el señor Rajoy) al señor Bárcenas y realizar diversas declaraciones sobre el caso que probaron no ser verdad, debería haber dimitido, ya que para ser presidente de gobierno hay que ser una persona decente y usted señor Rajoy no lo es”. Después de un momento de choque, el señor Rajoy reaccionó afirmando que el señor Sánchez podría superar la pérdida de las elecciones, pero que no podría superar esa afirmación para, a continuación, lanzar una serie de acusaciones (no se sabe si al candidato o a la afirmación al no tener sujeto la oración que formuló como atropellada reacción) que incluyeron las palabras “ruin”, “mezquino” y “deleznable”. En la reacción pos debate se han sucedido declaraciones de otros integrantes del Gobierno o del Partido Popular en las que han tildado, ahora sin ambigüedades, al señor Sánchez de ser miserable, lo peor del socialismo español, de desarrollar prácticas macarras o de ser un payaso.

A continuación analizamos semánticamente las acepciones y objetivos de los términos expuestos para intentar llegar a una conclusión razonable sobre lo ocurrido en un contexto de racionalidad científica.

Acepción de persona/político. En función del contexto en que se realizaba el debate nos parece razonable considerar que la frase del señor Sánchez respecto a la decencia del señor Rajoy se relacionaba con la condición de político, que el Diccionario de la Lengua Española (DRAE) define como: “persona que interviene en las cosas del Gobierno y negocios del Estado”. El papel del político se centra en gestionar los problemas del Estado.

Acepción de decente: es el adjetivo de decencia, cualidad que “tiene que ver con valores o condiciones morales entre las que destaca el ser digno, quien obra dignamente “. Combinando político y decente, un político decente sería “aquella persona que interviniendo en las cosas del Estado deberá actuar dignamente”. En el caso Bárcenas, independientemente de otras consideraciones, el señor Rajoy ha ignorado su condición de jefe o director, por lo tanto, de supervisor de sus actividades, y ha mentido en varias ocasiones; la más grave, en una comparecencia ante el Parlamento de la nación en el verano de 2014.Por lo tanto, el señor Rajoy no ha actuado con la dignidad debida y parece lógico pretender que, en una democracia parlamentaria, hubiera dimitido actuando con sentido de la responsabilidad de su cargo político.

La reacción del señor Rajoy fue, una vez más, la de ignorar esta responsabilidad invocando su honradez como persona (que no estaba en juicio) y, a partir de ahí, lanzar tres epítetos que pasamos a analizar. Las acepciones de ruin: “vil, bajo, despreciable, pequeño, desmedrado, humilde, persona baja, de malas costumbres y procedimientos” se refieren todas a la persona, por lo que no resulta descabellado descartar que el señor Rajoy se estuviera refiriendo a la afirmación del señor Sánchez y, por tanto, considerar que se dirigía a él como persona/político. Mezquino es un sinónimo, aunque pone el énfasis en términos del gasto: “que escatima excesivamente en el gasto”, “falta de nobleza de espíritu”. Por su parte, deleznable, según el DRAE, corresponde a “despreciable, de poco valor, poco durable, de poca resiliencia”.

No parece que el señor Rajoy acertara en la utilización de los adjetivos analizados en su reacción frente a la acción de responsabilidad política del señor Sánchez de ejercer su deber de decir la verdad en un debate como líder de la oposición para que los ciudadanos y ciudadanas españoles pudieran disfrutar de su derecho a conocerla.

La acepción de macarra, según el diccionario, se aplica a persona agresiva y achulada. En este caso sí puede pensarse que la persona que utilizó este término conocía esta acepción y lo usó con propósito. El problema está en el contexto en que se produjo la intervención del señor Sánchez: se trataba de cumplir con un deber, de asumir la ética de la responsabilidad en el entorno adecuado y en el momento necesario. Por último, el término payaso, que según el diccionario se aplica a “persona de poca seriedad propensa a hacer reír con sus dichos y hechos” ni se ajusta a lo que se perseguía ni tampoco a los resultados alcanzados. Nadie pretendía la risa, nadie, empezando por el propio señor Rajoy, se rió ni se ha reído ni durante ni tras el debate. Ha sido algo más trascendente.

En función de este análisis, y teniendo en cuenta que se ha probado con profusión por diversos medios que el señor Rajoy siguió faltando al rigor de las cifras y los datos usando referencias muy alejadas de la realidad, no parece asumible desde la racionalidad científica considerar que el señor Sánchez se haya extralimitado en el ejercicio de su deber como responsable político de la oposición respecto al deber de, y el derecho a, decir y conocer la verdad.

Llegados a este punto, es obligado hacer referencia al tema de la doble vara de medir a la que tan proclives son muchos dirigentes del Partido Popular. En este caso se han vuelto a poner de manifiesto estas inclinaciones a ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. No sabemos las razones, no investigamos en el campo de la psicología. Pero lo cierto es que el señor Rajoy no se ha caracterizado, como líder de la oposición o como presidente del Gobierno, precisamente por ser clemente con sus adversarios políticos: el PSOE y la Cataluña independentista. Las hemerotecas están ahí precisamente para recordarnos lo dicho. Como muestra, el trabajo realizado por el periodista Ignacio Escolar. Con motivo del pos debate que hemos analizado, este profesional ha hecho pública una lista de los insultos dirigidos por él al presidente Rodríguez Zapatero a lo largo de una legislatura en dos programas, el televisivo “Más vale tarde” de la Sexta en la tarde del día 15 de diciembre, y el programa radiofónico matutino de la SER “Hoy por hoy”. No se trata de evocar ninguna Ley del Talión, sino de invocar la responsabilidad política de todos los que se dedican a ello.