EL DEBATE POSTELECTORAL (y IX). ¿CÓMO ALCANZAR UN COMPROMISO DE GOBERNABILIDAD RAZONABLE?

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Con la votación de investidura de Pedro Sánchez se pone fin al debate postelectoral, propiamente dicho, y se entra en otro tipo de debate político, en el que la cuestión crucial es cómo se puede alcanzar un compromiso efectivo de gobernabilidad en un país que está tan fracturado electoralmente como España y en el que ni la izquierda ni la derecha tienen –ni tendrán en nuevos comicios─ escaños suficientes como para gobernar por sí solos.

El principal mérito de Pedro Sánchez y su acuerdo nuclear con Ciudadanos es demostrar que se puede llegar a acuerdos positivos de gobernabilidad en el marco de un amplio espectro de posiciones de centro-izquierda que, en su caso, se pueden completar en el día a día de la labor de gobierno con otros acuerdos más amplios por su izquierda y por su derecha. Solo actuando de tal manera se puede hacer frente al riesgo de que España se deslice hacia un confrontación frentista entre izquierda y derecha. Lo cual sería una catástrofe tanto en términos de credibilidad económica como por sus efectos tensionadores del clima político.

Aunque la vieja imagen de las dos España, que algunos han intentado desempolvar estos días, no responde a la realidad actual de nuestro país, lo cierto es que en estos momentos una biporalización izquierda y derecha –teñida por los temores que suscita la presencia de Podemos en el bloque de izquierdas─ podría abrir paso a escenarios que no se sabe muy bien cómo podrían evolucionar. Máxime en un contexto amenazado por graves incertidumbres económicas y por problemas muy serios de desigualdad, carencias personales y vivencias prácticas de exclusión social.

Se trata, pues, de situaciones sociales que requieren urgentemente políticas solventes que solo pueden estar impulsadas por fuerzas políticas capaces de suscitar tanto la credibilidad necesaria como amplios consensos en torno a ellas.

Ese es, precisamente, el sentido y la utilidad del acuerdo primigenio entre PSOE-Ciudadanos que no excluye otras confluencias y colaboraciones, bien coyunturales o particulares, bien más de fondo.

De hecho, cualquier análisis realista y objetivo de los resultados de las elecciones del 20 de diciembre nos lleva a convenir que si se quieren evitar las derivas polarizadoras esta es la única dirección política posible. Posible y positiva.

El simplismo que destilan algunos de los análisis que se realizan sobre la situación actual revela que aún tenemos a bastantes líderes y sectores de la sociedad española que no han entendido que en el actual marco político es necesario dialogar, ceder y llegar a acuerdos. Las reacciones de ciertos sectores de la derecha encastillada y de la izquierda maximalista demuestran el escaso sentido de la realidad que tienen tales sectores cuando alegan que tanto el PSOE como Ciudadanos –según corresponda─ están traicionando sus principios y sus programas, al mostrarse dispuestos a ceder en parte y llegar a acuerdos plausibles. De hecho, en casos como este, no hay más remedio que renunciar a una parte de tus propuestas programáticas originarias en aras del interés general. ¿Es esto una traición a tus aspiraciones programáticas? ¿Es justo motar tales acuerdos de propuestas insulsas y evanescentes? Se podrán calificar como se quiera, pero lo cierto es que no existe otra alternativa cuando los votos se reparten como se repartieron el 20 de diciembre.

De ahí que no tengan ninguna explicación racional los comportamientos de actores políticos relevantes que permanecen instalados en una especie de tancredismo esterilizante, atrincherados en el muy celtibérico criterio de “o lo mío o nada”, “o yo o el caos”. Lo cual supone renunciar a las posibilidades prácticas de efectuar bastantes políticas consensuadas que podrían aportar ayudas inmediatas o ventajas sustanciales a muchas personas que lo están pasando mal y que no entienden tanta cerrazón y tanta beligerancia estéril.

¿Cómo desbloquear la situación de estancamiento y de bipolarización a la que parece que podríamos estar abocados en España? Sin duda, con una combinación adecuada de inteligencia política, sentido realista y capacidad de renovación. Lo cual es un reto mayor para aquellos partidos que se niegan a asumir la nueva situación, mientras pretenden continuar aferrados a principios inoperativos que les condenan al ostracismo, al tiempo que intentan mantener incólumes a líderes que ya no tienen futuro y que están muy lejos de poder servir ni siquiera para dar –y ganar─ batallas después de muertos, como dice la leyenda que era capaz el Cid Campeador. ¡Ensoñaciones infantiles!

Frente a tales cerrazones y estrecheces mentales, el discurso de investidura de Pedro Sánchez es un ejemplo práctico de la pedagogía política que ahora se necesita y del sentido de Estado que tan imprescindible resulta en momentos como los actuales. Cuando se ve que, ante tal esfuerzo, algunos reaccionan con risitas despectivas y con chascarrillos elementales, mientras otros hacen gala de mala educación parlamentaria con interpelaciones insultantes, voces destempladas y argumentarios propios de matones –al tiempo que abogan, según dicen (?), por grandes coaliciones─, la conclusión no puede ser más pobre y lamentable.

En cualquier caso, sería tremendo que España permaneciera estancada, embarrancada y sin perspectivas debido a la falta de inteligencia política y a la carencia de sentido de la realidad de algunos de sus líderes y organizaciones políticas.