EL COSTE DE UNA EUROPA A MEDIAS

somoza120615

La Comisión Europea ha publicado recientemente sus previsiones económicas de primavera, revisando una décima a la baja el crecimiento esperado para el área euro en 2016 y 2017, que estima en 1,6% y 1,8% respectivamente. Y justifica tan famélico nivel en un deterioro del entorno global (es decir, China, Petróleo, volatilidad de los mercados financieros, …). Y aunque en el ámbito interno también señala considerables riesgos, tales como la incertidumbre derivada del referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la UE o el retraso en la realización de reformas estructurales, vuelvo a echar en falta una llamada de atención a una acción coordinada de política económica, y no solo de política monetaria, suficientemente ordeñada ya.

Hace ya casi 30 años se publicó el Informe Cechinni sobre el coste de la no Europa, que intentaba cuantificar los importantes beneficios económicos que se derivarían de un mercado único en Europa, es decir, que la ausencia de una acción política común a escala europea puede implicar una pérdida de eficiencia para la economía general. De manera parcial, sectorial, estos esfuerzos de coordinación se están realizando, legislando convenientemente. Sin embargo, la falta suficiente de crecimiento que manifiesta actualmente la Unión Europea requiere de acciones más directas, que involucren no solo a los escuálidos presupuestos comunitarios sino a los propios presupuestos nacionales de manera coordinada, estimulando el gasto y la inversión en los países superavitarios, en primer lugar, y flexibilizando las necesarias sendas de reducción de los desequilibrios presupuestarios públicos. Los mercados financieros no verían mal un acuerdo de este tipo porque son las exigencias de los mercados, marcadas por los compromisos institucionales, los que arriesgan el crecimiento que demandan los propios mercados.

El Plan Juncker, con todas sus bondades, no es suficiente. Su propio nacimiento, retrasado varios meses debido al desacuerdo entre los países acerca su gobernanza, ha sido fiel reflejo de la actual situación de Europa, en donde los intereses a corto plazo y nacionales priman frente a los objetivos colectivos a largo plazo. La falta de un claro liderazgo en la Unión Europea, y en el área euro en particular, al menos en materia económica, estaría propiciando un estancamiento secular, una esclerotización autoinfligida. Ya tenemos Europa, al menos el vehículo; basta que pedaleemos todos en la misma dirección y no solo el timonel de la política monetaria o la insuficiencia cuantitativa del presupuesto comunitario.

En el ámbito sociopolítico surgen, en los extremos, los populismos, el maniqueísmo ideológico, la simplificación de las soluciones a problemas complejos. De derechas en el norte de Europa; comunistas en el Sur.