EL BOSQUE QUE EL PP NO QUIERE QUE SE VEA

Las refriegas parlamentarias no es parlamentarismo. Ponen en evidencia una circunstancia grave en la que no se esta reparando. Con una frase coloquial podríamos decir que: Pretenden que los árboles no dejen ver el bosque.

Como dice el periodista y lingüista Alex Grijelmono podemos olvidar que toda palabra resulta contaminada por el uso”. Acusar de golpista, desde la tribuna del Parlamento, al Presidente del Gobierno, o a quien sea, es retrotraerse a las páginas más oscuras de la vida parlamentaria. No voy a traer aquí todas aquellas que nutren los libros de historia, pues por decencia democrática tan solo deben tenerse en la memoria como un desagradable recuerdo y con ello de que de aquellos polvos llegaron otros lodos, de los cuales todos tuvieron que arrepentirse. Ahora puede que se este buscando un efecto distinto.

El bosque que no quieren que se vea no es una casualidad. Cuando el Presidente comparece para hablar sobre el problema que lo es, y en este momento serio, de la venta de armas a Arabia Saudí. Cuando Arabia ha mostrado que en el desorden mundial existente, ha querido conducirse por sus propios desafueros, llegando a vilezas que deberían hacer reaccionar a todos y se responde: ¡Venezuela!; es para que todo termine siendo un sinsentido parlamentario, volviéndose en una suerte de exabruptos que cercenan lo que se pretende en el Parlamento: dialogar, contrastar y posicionarse. Es echar paladas de excrementos dialecticos para que los problemas no encuentren cauce de solución. Sospechosa y reiterada técnica parlamentaria.

La venta de armas es problema heredado por el nuevo Gobierno y en el que se encuentra pillado entre la convicción por la defensa de los derechos humanos, los intereses comerciales y económicos de España, previamente asumidos y unas resoluciones internacionales que deberían reconsiderarse y tener una respuesta común, no sólo europea, sino también en el marco de Naciones Unidas.

Cuando, de las cuestiones sin resolver, se hacen pelotas estas ruedan calle abajo sin dirección cierta.

El asesinato en una sede consular requiere una respuesta internacional común y una postura única de todos los miembros de la Unión y no un fraccionamiento país a país, con la adopción conjunta de las medidas de presión que se estimen oportunas y no considerar que es un hecho más. Las relaciones internacionales nunca pueden ser una suerte de quijotismo. El Parlamento español debería consensuar su posición, pues es difícil de entender, que en un caso como este, pueda haber posturas diferenciadas.

Dicho esto sería conveniente situar, en su contexto, las cuestiones que han aflorado ante este hecho:

La venta de armas españolas se ha introducido en la agenda y debe ser transparentada, para tener certidumbre sobre como se ha gestionado este tema en el pasado reciente. Hay razones que obligan a ello. En los últimos días se están conociendo detalles sobre el pago de comisiones en la venta de armas por una empresa pública Defex[1]. El hecho de ser “pública” cualifica la gravedad. Hay preguntas que hacer: ¿Cuál ha sido el control ejercido por el grupo público empresarial, propietario mayoritario de la empresa en cuestión? Máxime cuando en la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) existe una División de Defensa. No tienen que ser solo los Tribunales los que pongan las cosas en su sitio.

El problema de los Astilleros, igualmente públicos, también adolece de transparencia. Muchos comentarios se han hecho a beneficio de inventario sobre su rentabilidad presente y futura. El hecho cierto es que se ponen en peligro un considerable numero de puestos de trabajo. Todo por la posible quiebra de un contrato de suministro. No habría que preguntar: ¿Cómo puede ser que un solo contrato, por importante que sea, ponga en cuestión la viabilidad de la empresa y tantos puestos de trabajo?. ¿Cuál ha sido la labor comercial y la gestión de Navantia en estos últimos años? ¿Cuáles fueron las razones por las que se perdió el encargo de 22.500 millones, hecho por Australia, para 9 fragatas? Un contrato que se anunció como prácticamente hecho[2]. ¿Hay miedo a que se exijan responsabilidades por la gestión pasada?

Es loable la postura adoptada por el Presidente del Gobierno poniendo por delante el interés de los trabajadores. No queda otra y la política es saber priorizar, aún a pesar de quebrar convicciones. Casado, sin duda, prefiere hablar todo el día de Cataluña con simplezas fuera de tono. Nunca fue muy del PP en oposición ayudar a la gobernabilidad del Estado resolviendo problemas de presente mirando al futuro. Tiene sus razones. Mientras se cruzan acusaciones gruesas y ofensivas se construye otra realidad. Los árboles de los improperios impiden ver la calamitosa e inoperante actividad de los asuntos públicos en los últimos años.  Eso pasa por haber estado más preocupados en borrar los ordenadores de la corrupción que en gestionar eficientemente el sector público con transparencia y pensando en el interés general. ¡Nada es inocente!

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[1] https://www.publico.es/politica/defex-audiencia-nacional-investiga-supuestas-comisiones-venta-armas-defex-arabia-saudi.html

[2] https://www.efe.com/efe/espana/economia/espana-favorita-en-la-licitacion-para-construir-una-nueva-flota-de-fragatas/10003-3622034