EL BANCO CENTRAL EUROPEO PROFUNDIZA LA EXPANSIÓN MONETARIA

EL BANCO CENTRAL EUROPEO PROFUNDIZA LA EXPANSIÓN MONETARIA

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Una vez más, el Banco Central Europeo (BCE), a pesar de no ser una institución con el mismo grado de legitimidad democrática que el Parlamento Europeo o la Comisión, o incluso que el Consejo y el Consejo Europeo, ha demostrado una vez más ser el órgano anti-crisis más dinámico de la Unión Europea, al anunciar el jueves 10 de marzo de 2016 una rebaja del tipo oficial de interés al 0 por ciento, un aumento del programa de compra de activos financieros hasta 80.000 millones de euros al mes, la ampliación de las adquisiciones a los bonos emitidos por empresas radicadas en la zona del euro, una nueva reducción del tipo de interés sobre depósitos en la propia entidad hasta el -0,4 por ciento, un abaratamiento hasta el 0,25 por ciento de la línea de crédito marginal, y cuatro nuevos programas de préstamos dirigidos a dinamizar la economía real a través de la banca comercial.

El BCE ha acordado este paquete de medidas, de un carácter verdaderamente extraordinario, tras haber aumentado en diciembre de 2015 la duración del programa de compra, y haber incluido en el mismo los bonos emitidos por entes regionales y locales de la Eurozona, todo ello emprendido con la finalidad de evitar el fantasma de la deflación (la inflación en febrero volvió a ser negativa, y se espera que ése sea el caso en varios de los meses que restan en 2016) e impulsar el crecimiento económico.

Es importante destacar en primer lugar la rebaja del tipo oficial de interés al 0 por ciento.

En primer lugar, porque supone que los bancos pueden pedir prestado gratis al BCE, es decir, a coste cero, lo que debe facilitar que las entidades financieras a su vez presten a empresas y hogares.

En segundo lugar, porque aunque el precio oficial del dinero se encontraba ya a un tipo muy bajo (el 0,05 por ciento), el BCE se había resistido a reducirlo desde el 10 de septiembre de 2014 (una medida que se ha venido reclamando consistentemente desde esta columna[1], y también en distintas preguntas parlamentarias dirigidas al ente emisor a partir de enero de 2015 por el eurodiputado socialista Jonás Fernández Álvarez[2], al igual que la necesidad de aumentar la cuantía del programa de compra de deuda pública, lo que también se ha anunciado).

Con todo, lo cierto que el BCE está cerca ya de agotar los márgenes de la política monetaria, si bien todavía quedan por implementar medidas aun más heterodoxas (y no por ello menos necesarias) como la compra de acciones cotizadas, y otros activos, y la transferencia directa de financiación a los ciudadanos de la Eurozona (esta segunda posibilidad no fue descartada por parte del presidente Mario Draghi en la rueda de prensa del mismo 10 de marzo del 2016)[3].

Estas iniciativas pondrían el dinero en los bolsillos de las empresas y los hogares, para así aumentar el consumo y la inversión, ya que la política fiscal sigue siendo constreñida a nivel nacional por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (y a pesar de la flexibilización del mismo).

En efecto, las actuaciones del BCE ponen de relieve al mismo tiempo la ausencia de una verdadera política fiscal anti-cíclica a escala europea, que complemente esta política monetaria ultra-expansiva en aras del crecimiento y la creación de puestos de trabajo, debido a la incapacidad del Consejo para acordar el aumento del presupuesto comunitario, y la negativa de los Estados miembros a hacer aportaciones nacionales al Plan Juncker (el cual se sostiene sobre una garantía extraída de distintas partidas de gatos ya presupuestadas).

Por lo que, en cierto modo, el BCE se aprovecha de la facultad que tiene para imprimir dinero de manera ilimitada (y para tomar las decisiones por mayoría, elemento típico de las instituciones federales) y así compensar la ausencia de estímulos fiscales, dejando de paso cuantitativamente muy empequeñecido al Plan de Inversiones para Europa (del que se espera movilizar hasta 300.000 millones de euros, lo que equivale a cuatro meses de compras de activos por parte del ente emisor del euro).

No es desde luego una situación ideal, ya que el BCE es una institución tecnocrática, carente de respaldo ciudadano directo, pero cuya contribución a la estabilidad y la prosperidad de la Eurozona, y por ende a la propia construcción europea, hace palidecer por el momento las aportaciones de la Comisión Europea y no digamos ya del Consejo, preso de unos supuestos intereses nacionales declinados de manera muy miope).

[1] Véase http://www.fundacionsistema.com/el-bce-contra-la-deflacion/, http://www.fundacionsistema.com/hacia-un-nuevo-impulso-monetario/, http://www.fundacionsistema.com/el-bce-aprueba-una-politica-monetaria-aun-mas-expansiva/#_ftnref1, y http://www.fundacionsistema.com/nuevos-estimulos-monetarios/, entre otros.

[2]Véase http://www.europarl.europa.eu/RegData/commissions/econ/questions/ECON_QZ%282015%29546632_EN.pdf, http://www.europarl.europa.eu/RegData/commissions/econ/questions/ECON_QZ%282015%29552070_EN.pdf, http://www.europarl.europa.eu/RegData/commissions/econ/questions/ECON_QZ%282015%29571635_EN.pdf, y http://www.europarl.europa.eu/RegData/commissions/econ/questions/ECON_QZ%282016%29576800_EN.pdf

[3] Véase  https://www.youtube.com/watch?v=tMH8vmjnHjw&rel=0