EL ANTROPOCENO. SIGNIFICADOS Y RIESGOS

serrano210916

El inicio del curso post-veraniego se ha visto salpicado por una serie de noticias de especial interés para esta sección de Políticas de la Tierra. En primer lugar, la ratificación por EEUU y China del Acuerdo de Cambio Climático de París de diciembre de 2015, lo que implica un impulso a su entrada en vigor en este año 2016 (debe ser ratificado por el 55% de los países con el 55% de las emisiones, y China más EEUU suman más del 40% de las mismas). En segundo lugar, la postura del Papa Francisco y del Vaticano por difundir en todas sus Diócesis el mensaje de exigir a los gobernantes que escuchen “el grito de la tierra” y respeten la naturaleza, instándoles a que respeten los compromisos adquiridos para proteger el medio ambiente y frenar el cambioclimático;lo que puede tener un claro impulso en la conciencia social que obligue a los Gobiernos a dar la importancia que se merece a la problemática ambiental, por los riesgos que implican para la humanidad.

El Papa Francisco ha recogido dos aspectos de singular interés potencial para la conservación ambiental, dada la magnitud de la población a la que va dirigido su mensaje. En primer lugar, establece como pecado la agresión ambiental; en segundo lugar, considera una nueva obra de misericordia colaborar en la conservación del medio ambiente. De forma más concreta, señala: “Que los seres humanos destruyan la diversidad biológica en la creación divina; que los seres humanos degraden la integridad de la tierra y contribuyan al cambio climático, desnudando la tierra de sus bosques naturales o destruyendo sus zonas húmedas; que los seres humanos contaminen las aguas, el suelo, el aire. Todo esto es pecado. Porque un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios”. La consecuencia es clara: es necesario un cambio en las formas de vida actuales, privada y también pública, ya que “La economía y la política, la sociedad y lacultura, no pueden estar dominadas por una mentalidad del corto plazo y de labúsqueda de un inmediato provecho financiero o electoral. Por el contrario, debenser urgentemente reorientadas hacia el bien común, que incluye la sostenibilidady el cuidado de la creación”.

En tercer lugar hay que citar la propuesta oficial del Congreso Geológico Internacional celebrado en Ciudad del Cabo, respecto a que científicamente se considere que se ha producido el inicio de una nueva era geológica: El Antropoceno.

El Congreso Geológico Internacional en Ciudad del Cabo ha concluido que el impacto humano en la Tierra es tan profundo que cabe señalar que el Holoceno (caracterizado hasta la actualidad por unos 12.000 años de clima relativamente estable desde la última edad de hielo y durante el cual se ha desarrolló toda la civilización humana) debería dar paso a una nueva era geológica, que han venido a denominar Antropoceno, adoptando el concepto propuesto en el año 2000 por, entre otros, el ganador del premio Nobel científico Paul Crutzen.

Nueva era geológica cuyo inicio sitúan hacia 1950, basándose en las huellas geológicos asociadas a: los restos de los elementos radiactivos dispersos en todo el planeta por los ensayos de bombasnucleares;los efectos de las emisiones de dióxido de carbono y el aumento del calentamiento global y de nivel del mar;la acidificación de los océanos; la extinción masiva de especies;la transformación de la tierra por la deforestación; los altos niveles de nitrógeno y fósforo en los suelos, derivados de los pesticidas y fertilizantes artificiales; los residuos industriales;los restos asociados ala contaminación por plásticos y microplásticos; los residuos de carbón (elhollín)fundamentalmente de las centrales eléctricas; la contaminación por aluminio y partículas de hormigón;los escombros asociados al uso del cemento; e incluso por los huesos acumulados estratigráficamente por la proliferación del consumo global de pollos.

La importancia de esta nueva era geológica –el Antropoceno­ vendría asociada al hecho de que recoge el momento en el que la sociedad humana consigue cambiar significativamente, y de forma irreversible en muchos aspectos, el ciclo vital del planeta, incidiendo de manera determinante en su variabilidad natural, y sometiendo la dinámica global del mismo a fuertes riesgos en la relación entre lasociedad humana y el propio Planeta Tierra. Riesgos que, hay que aclarar, inciden fundamentalmente sobre la propia supervivencia de los humanos en el Planeta; aunque no sólo, ya que, como hemos señalado en otras ocasiones, el ser humano está generando la Sexta extinción masiva de especies que se registra en los más de setecientos millones de años de historia de la vida compleja en la Tierra, poniendo en riesgo de desaparición a más de tres cuartas partes de las especies que constituyen la biodiversidad conocida de este planeta.

Según la investigación publicada en este mismo mes en la revista Science, uno de los elementos más incisivos en esta extinción está siendo la desaparición de grandes mamíferos en los océanos, como consecuencia de la pesca de los mismos. Lo que conlleva un gravísimo riesgo para todo el ciclo de vida marino. Un capítulo más a añadir a la desaparición y extinción acelerada de grandes mamíferos, y a la destrucción de bosques y ecosistemas soportes vitales de ciertas especies en riesgo de extinción en el planeta. Especies en riesgo de extinción normalmente asociado a la transformación/destrucción de su espacio vital, cuya supervivencia sólo se consigue a costa de muy fuertes –y a veces desproporcionadas- inversiones públicas (véase el caso del lince ibérico en España).

Pero no olvidemos que el principal elemento sometido a los riesgos de las dinámicas asociadas al Antropoceno es la propia sociedad humana. Hecho que no es desconocido para el mundo empresarial y financiero, como anualmente se refleja en los Informes sobre Riesgos que se presentan a los Foros Económicos Mundiales de principios de cada año, que sistemáticamente se recogen en esta Sección (véase el artículo de esta sección, de principios de 2016, en el que nos referíamos al Global Risk 2016 presentado en el Foro Económico Mundial de este año). En concreto, en este último informe se destacaba la importancia sistemática que se daba a:

  • Riesgos asociados a fallos en los procesos de adaptación al Cambio Climático, que se consideraba como de máxima gravedad si no se desarrollaban las medidas adecuadas para proteger y adaptar la evolución económica y social a sus consecuencias. Le consideraban el Riesgo más importante para el próximo decenio.
  • Riesgos asociados a Crisis hídricas derivadas dela incapacidad de responder al aumento de la demanda de agua para una población creciente,ante las insuficiencias de agua de calidad para el abastecimiento y regadío. Se consideraba como uno de los focos de conflicto con impacto potencialmente más grave (conflictos entre estados o territorios) en el mundo.
  • Riesgos asociados al Colapso de los ecosistemas y a la pérdida de biodiversidad, como consecuencia de las pérdidas irreversibles de recursos naturales y de biodiversidad para la humanidad o para el sistema productivo (pesca, sistema forestal, farmacia, etc.).
  • Riesgo asociado a Sucesos climáticos extremos, que es uno de los riesgos de máxima probabilidad, aunque se considera crecientemente controlado y de estimado reducido impacto socioeconómico relativo.

En cuarto lugar, por último, hay que recordar que en este mes de septiembre se celebra la Asamblea de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible en la que se retoman los elementos y propuestas de la Agenda 2030: Objetivos de Desarrollo Sostenible para Transformar el Mundo, en cuya Declaración incluida en la Resolución aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2015, el punto 14, de una manera suficientemente elocuente, señalaba que “Nos hemos reunido en un momento en que el desarrollo sostenible afronta inmensos desafíos. Miles de millones de nuestros ciudadanos siguen viviendo en la pobreza y privados de una vida digna. Van en aumento las desigualdades, tanto dentro de los países como entre ellos. Existen enormes disparidades en cuanto a las oportunidades, la riqueza y el poder. La desigualdad entre los géneros sigue siendo un reto fundamental. Es sumamente preocupante el desempleo, en particular entre los jóvenes. Los riesgos mundiales para la salud, el aumento de la frecuencia y la intensidad de los desastres naturales, la escalada de los conflictos, el extremismo violento, el terrorismo y las consiguientes crisis humanitarias y desplazamientos forzados de la población amenazan con anular muchos de los avances en materia de desarrollo logrados durante los últimos decenios. El agotamiento de los recursos naturales y los efectos negativos de la degradación del medio ambiente, incluidas la desertificación, la sequía, la degradación del suelo, la escasez de agua dulce y la pérdida de biodiversidad, aumentan y exacerban las dificultades a que se enfrenta la humanidad. El cambio climático es uno de los mayores retos de nuestra época y sus efectos adversos menoscaban la capacidad de todos los países para alcanzar el desarrollo sostenible. La subida de la temperatura global, la elevación del nivel del mar, la acidificación de los océanos y otros efectos del cambio climático están afectando gravemente a las zonas costeras y los países costeros de baja altitud, incluidos numerosos países menos adelantados y pequeños Estados insulares en desarrollo. Peligra la supervivencia de muchas sociedades y de los sistemas de sostén biológico del planeta”.

Certero diagnóstico que, como vemos, redunda y refuerza los ya recogidos en otras muchas fuentes. Pero ante los que los Gobiernos parecen no reaccionar, o cuyas reacciones están muy lejos de las urgentemente necesarias para frenar y revertir unos procesos cuyas consecuencias a largo plazo, de continuar las tendencias actuales, pueden ser catastróficas para el conjunto de la Humanidad.

Como señalaba la Asamblea Mundial de la ONU del año pasado, y se reitera en cada reunión de las Conferencias de las Partes (COP) de Naciones Unidas –también en la 70ª Asamblea General que concluyó el 13 de septiembre de este año- el abordar y dar solución a estos problemas urgentes, es una obligación de los distintos Gobiernos del Planeta y de las instituciones de cooperación internacional. Pero la realidad es que se está produciendo un cambio en las pautas de la gobernanza internacional, que se materializa en la pérdida de peso e incremento de la ineficiencia de los acuerdos y de las redes de instituciones mundiales o regionales (la ONU, el FMI, el Banco Mundial, el G7, el G20, la UE, etc.); procesos asociados a la pérdida de confianza de la población en dicha gobernanza, lo que aumenta el vacío de poder mundial, y la fiabilidad y credibilidad de posibles soluciones efectivas a los graves retos mundiales que ha significado la irrupción del Antroproceno.

El aumento del nacionalismo entre las poblaciones y los líderes políticos, yel aumento de la polarización dentro de las sociedades, entre otros factores, llevan a la incapacidad para alcanzar acuerdos que vayan más allá de compromisos formales escritos, que son cuestionados por la práctica real de los Estados, de las multinacionales, o del resto de agentes sociales, sobre cuestiones clave en el ámbito internacional, o incluso dentro de los propios países, ante la aparición de divergencias o posturas extremas en los intereses, valores, u opiniones políticas o religiosas.

En paralelo hay importantes cambios en los focos del poder, por traslado de éste desde el poder estatal a los actores no estatales y particulares (multinacionales, sistema financiero,…) y por la subordinación de la consideración de lo global –intereses generales de las personas y compatibilidad de la evolución social con la sostenibilidad ambiental- a lo regional/nacional y material (incremento de los niveles de consumo y de acumulación económica por el capital, desconsiderando elementos básicos del bienestar general).

Porqueen el origen de muchos de los problemas señalados está la incidencia del fuerte proceso de mundialización de la economía subordinada a los intereses de las multinacionales y del capital financiero-especulativo; la implantación generalizada de una economía basada en la supremacía del beneficio económico individual (que los conservadores defienden como paradigma de acción social), que ha implicado la subordinación de la economía productiva a la economía especulativa; la subordinación del interés general a la filosofía del enriquecimiento individual, a través de la desregulación, en particular en el mundo financiero; la regresión en los derechos del trabajador de los países desarrollados, tomando como referencia la situación de las sociedades menos avanzadas en sueldos y derechos, aduciendo que es necesaria esta regresión para asegurar la competitividad internacional en un mundo globalizado; la distribución regresiva del valor añadido producido, con menor peso de los sueldos y salarios y de los impuestos para las administraciones públicas, lo que dificulta el incidir en la cohesión social, incrementándose las desigualdades sociales a nivel local, aunque las personas en riesgo de extrema pobreza a nivel mundial tiendan a disminuir por la mejora de su situación en los países en desarrollo; o la progresiva concentración de la propiedad de los recursos y capitales productivos en multinacionales y en distintos fondos de capitales (fondos soberanos, fondos de pensiones, bancos de inversión, etc.).

Y porque, en última instancia, los Riesgos ambientales que se destacan en los sucesivos informes son inherentes a la contradicción entre la sociedad de consumo y los recursos del planeta. La principal contradicción para lasostenibilidad del Modelo de crecimiento actual está en la inviabilidad de la generalización de la sociedad de consumo a una población global fuertemente creciente, bajo un sistema socioeconómico que hace de la competencia, de la especulación y de la riqueza individual, las pautas básicas de su funcionamiento.

Sin embargo, ante estas contradicciones el mundo empresarial, los medios de comunicación y la gran mayoría de los políticos confían de una manera ciega en las posibilidades de una resolución científico-tecnológica para las mismas, que no cuestione al sistema ni a las relaciones económicas y de poder que lo presiden.Esperan que la denominada “cuarta revolución industrial”, que tras los avances que supusieron las tres primeras en la productividad (con la mecanización del trabajo, la primera; la producción en masa, la segunda; y la web e Internet, la tercera) implique un nuevo salto cualitativo en base al desarrollo de la I+D+i, y en particular de las TIC, con la incidencia creciente de la conectividad universal y de los “Big Data” como grandes motores del cambio.

Efectivamente, internet y la conectividad se integran cada vez más en la esfera de los negocios y de las relaciones sociales. La utilización de los “Big Data” como acumulación de actuaciones y comportamientos individuales, cada vez más controlados desde las cinco grandes -Google, Facebook, etc.- permiten un creciente “direccionamiento” del marketing al individuo y una mayor efectividad en los resultados del mismo. Y hay muchos más ámbitos de negocio en los que los “Big Data” pueden significar una de las mayores fuentes de innovación y de creación de valor para las empresas, aunque no quede demasiado claro cómo ello va a influir en la productividad del sistema, tal y como ahora se mide la misma; y, sobre todo, qué repercusiones reales va a tener sobre el empleo y sobre la distribución de la renta. Aunque, por otro lado, no queda ninguna duda de que estos “Big Data” ya constituyen una fuente de control exhaustivo de la población por los Gobiernos y sus sistemas de inteligencia.

En este marco, lo cierto es que las potencialidades (y también los riesgos) tecnológicos y la necesidad de disminuir las contradicciones que puedan acabar en catástrofes, exigen superar las pautas de la sociedad capitalista bajo nuevos principios basados en la solidaridad, en la concertación y cooperación y en el respeto a los equilibrios básicos ambientales del planeta. Las nuevas tecnologías permiten avanzar en esa dirección, pero sería necesario cambiar las pautas de poder de decisión sobre las mismas, hoy por hoy fundamentalmente en manos del capital que las dirige a favorecer su proceso de acumulación, dando lugar a una merma creciente de las condiciones de trabajo (remuneración, estabilidad,…) de la población, que es en gran parte sustituida por estas tecnologías.

El Antropoceno puede significar la transición hacia una sociedad desarrollada y cohesionada socioeconómicamente, en equilibrio y coexistencia con los ciclos vitales del Planeta (ambientalmente sostenible) o puede acabar con la extinción de la especie humana. De cada uno de nosotros depende de hacia qué lado se vaya inclinando la balanza. Pero sin una reacción urgente en la dirección necesaria, cada vez más los resultados no serán agradables para las próximas generaciones.

Y, en España, esa reacción urgente implica, en primer lugar, la sustitución inmediata del Gobierno de un partido popular que ha hecho todo lo contrario a la que es necesario hacer para avanzar en el camino correcto; y, en segundo lugar, y en comunión con la Agenda 2030 de Naciones Unidas, la asunción de una Agenda 2030 específica para este país, que recoja las transformaciones radicales necesarias para avanzar en la dirección precisa, estableciendo los mecanismos de control y seguimiento que garanticen que la totalidad de las políticas de los Gobiernos correspondientes (locales, autonómicos y nacional) se coordinan y complementan en la consecución de los Objetivos establecidos.