EL 20 D HACE NECESARIO UN CAMBIO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA Y SOCIAL

EL 20 D HACE NECESARIO UN CAMBIO EN LA POLÍTICA ECONÓMICA Y SOCIAL

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El 20 de diciembre las urnas han hablado y han presentado un panorama político que no se había dado en ninguna de las elecciones desde 1977. Estas elecciones han puesto de manifiesto una pluralidad mayor que en anteriores convocatorias, lo que resulta muy positivo en un momento de crisis económica, política y de valores, a la vez que dificulta la gobernabilidad. Pero es el momento también de que los partidos muestren sus fortalezas siendo capaces de negociar y pactar.

No habría cosa peor que tener que repetir las elecciones en unos meses, que no solamente asegurarían que se arreglase algo, sino que supondría un coste económico elevado en un momento en que hay muchas necesidades que es necesario atender. Pero también la ciudadanía podría mostrar un cansancio, teniendo que escuchar discursos políticos repetitivos y en donde los partidos más que presentar proyectos propios buscan fundamentalmente meterse con los otros. Es cierto que estas elecciones, al estar más abiertas que en anteriores ocasiones, han generado un mayor interés por la política, pero esto no indica ni mucho menos que se pueda abusar de ello.

Bertolt Brecht dijo “La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”. En este caso es evidente que la llamada vieja política no acaba de morir, pues los partidos tradicionales que han protagonizado la vida política en la últimas décadas siguen siendo, a pesar de todo, los más votados, pero lo nuevo sí que ha nacido. Lo muestra con claridad la pujanza de una fuerza política como Podemos, si bien no se puede decir lo mismo de Ciudadanos. Ahora bien, aunque el PP y el PSOE hayan sido los más votados han perdido millones de votos y esto les debería conducir a una reflexión seria de por qué ha sido así.

El batacazo del PSOE en Madrid es un reflejo de que este partido no ha sido capaz de renovarse, de presentar un proyecto de cambio y de ilusión, de no haber tenido la suficiente sensibilidad social frente a lo que estaba pasando con tantos damnificados por la crisis, además de seguir aferrados a una política ortodoxa económica coincidente con la de la Unión Europea. Los costes que está pagando este partido por el giro dado en mayo de 2010 y por el cambio del artículo 135 de la Constitución están siendo enormes.

Las señales dadas el 20 de diciembre son claras, lo que induce a tener que llevar a cabo una política económica y social diferente. No se trata de predicar sin más el déficit público como solución a los problemas sino de aumentar la dimensión del sector público con más impuestos a los estratos sociales que gozan de rentas más altas, introducir un impuesto sobre las grandes fortunas, y llevar a cabo un gasto público más social, evitando los despilfarros y las barbaridades que se han cometidos en la construcción de bastantes obras públicas, al tiempo que hay que llevar a cabo una lucha eficaz contra el fraude y la corrupción. Hay que combatir las enormes desigualdades a través de los impuestos y el gasto público, disminuyendo el abanico de las rentas salariales y acabar con la elevada precariedad existente en el empleo.

Todo esto requiere más medios para la justicia e inspección de hacienda, y mejores controles de las actuaciones del sector público. Se tendría que bajar a 50.000 euros el delito fiscal y ampliación del plazo de prescripción de los delitos contra la hacienda pública. Llevar a cabo penalizaciones fuertes contra los partidos que cometan ilegalidades, como financiación irregular, existencia de cajas b, pagos de sobresueldos sin declarar a la hacienda pública ni a la seguridad social. Investigar el cumplimiento de las normas que rigen para los concursos públicos de las diferentes Administraciones con el fin de evitar la existencia del clientelismo, trato de favor a los amiguetes, pagos de comisiones y combatir de este modo el surgimiento de tramas.

Hay que cambiar la ley para frenar el escándalo de los desahucios. La política social debe atender las necesidades más apremiantes para erradicar la pobreza, la malnutrición infantil y el derecho a la vivienda. Hay que llevar cabo políticas activas de empleo y no suponer que el crecimiento sin más va a resolver el norme desempleo existente y la precariedad laboral. Hay ejemplos, en otros países europeos, que pueden ayudar a diseñar un plan en esta dirección.

Resulta necesario apostar por la investigación y transferencia de tecnología, así como hacer un pacto de Estado sobre la educación. El objetivo prioritario debe ser la mejora de los conocimientos y no poner en primer lugar el tema de la religión o de la libertad de la elección de centro en la posible negociación. Un pacto de Estado para preservar las pensiones para que no sean objeto de lucha electoral, así como un apoyo decisivo a la sanidad pública. Una sociedad con mejores conocimientos y con una población que goce de una mejor salud es una condición necesaria para lograr un desarrollo sostenido, sostenible, y equitativo en el que la igualdad de género sea una realidad.

Estas son algunas consideraciones que se deben hacer para generar un trabajo decente y estable, la necesaria regeneración de la democracia que requiere también un impulso de potenciación de las instituciones públicas. Hay muchas más cosas que hacer en un país que tiene un crecimiento tan desequilibrado y desigual. Pero algunas de las mencionadas me parece urgente abordar y resulta necesario ponerse manos a la obra.

El futuro está en juego y no es el momento de poner líneas rojas antes de empezar una negociación, y menos el que estas sean la reforma de la Constitución o el referéndum en Cataluña. Soy de los que piensan que hace falta una reforma constitucional, y que hay que dar respuestas políticas a la cuestión catalana, pero esto lleva tiempo lo que no quiere decir que no se pueda realizar. Mientras tanto hay que resolver muchos problemas de la gente y de sentar las bases de un país que aspira a ser avanzado y cuya modernización se debe sustentar en los principios de libertad, igualdad, sostenibilidad, seguridad y solidaridad.