EL 129º PRESIDENTE DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA

gfdez210916

El pasado domingo 18 de septiembre, una semana después de la Diada, La Vanguardia publicó un artículo titulado “Aluminosis democrática” cuyo autor era Artur Mas i Gavarró que lo firmaba como “129º Presidente de la Generalitat de Catalunya”. El artículo merece tenerse en cuenta pues es muy representativo del discurso (otros lo llaman “relato”) de los independentistas catalanes. Pero antes de comentarlo debemos analizar dos cuestiones previas que son el extraño cargo que se atribuye Mas y, en segundo lugar, la misma figura de Mas.

Empecemos por la rimbombante firma de Mas como “129º Presidente de la Generalitat de Catalunya”. La Generalidad de Cataluña se creó en virtud de la Ley Orgánica 4/1979, de 18 de diciembre, de Estatuto de Autonomía de Cataluña, y sólo ha tenido cinco Presidentes (Pujol, Maragall, Montilla, Mas y Puigdemont), a los que podríamos añadir, en un ejercicio de imaginación histórica ajena a lo jurídico, a los dos Presidentes de la Generalidad republicana (Maciá y Companys). Por ende, Mas es el cuarto Presidente de la Generalidad de Cataluña y, forzando la imaginación histórica, el sexto, nunca el centésimo vigésimo noveno. ¿Por qué se va tan lejos el expresidente catalán? Por una de tantas manipulaciones históricas de los independentistas catalanes.

La Generalidad de Cataluña nunca fue un órgano de gobierno aunque en una ocasión declaró destronado a Juan II. Antes de disolverse las Cortes de Cataluña designaban unos Diputados que posteriormente formaron la Diputación del General, que fue asumiendo funciones de control político y financiero sobre el Rey, pero siempre en ese ámbito parlamentario si bien más tarde llegó a reclutar y mandar una fuerza armada (por todos, José Antonio Escudero: Curso de Historia del Derecho. Fuentes e Instituciones Político-Administrativas, Madrid, 2012, 4ª ed., págs. 546-547). Por eso, una de las más conocidas historias de las Cortes catalanas del siglo XIX, titulaba uno de sus epígrafes “Analogía de la Diputacion ó Generalidad de Cataluña con las modernas comisiones permanentes de Córtes” (José Coroleu é Ingladas y José Pella y Forgas: Las Cortes catalanas. Estudio jurídico y comparativo de su organización y reseña analitica de todas sus legislaturas, episodios notables, oratoria y personajes ilustres, con muchos documentos inéditos del Archivo de la Corona de Aragón y del Municipio de Barcelona, Barcelona, 1876, pág. 12). Es decir, puestos a buscar continuidad entre las instituciones medievales y las del actual Estado democrático, debería ser la Presidenta del Parlamento catalán la que se situara en la lista de los Presidentes de la Generalidad medieval. Y parece que fue Fernando de los Ríos quien tuvo la pedante y equivocada ocurrencia de denominar Generalidad al órgano autonómico provisional de 1931.

¿Por qué los historiadores neo-independentistas, que tanto lucieron en 2014, no han advertido a Mas que se equivoca al situarse como continuador de una Diputación permanente de las Cortes y que, puestos a buscar un engarce medieval, debería considerarse continuador del Canciller de la Corona de Aragón? Por la manipulación histórica de los independentistas catalanes, que se inventan un pasado y lo venden urbi et orbe como si fuera real. En el imaginario independentista catalán Cataluña fue un Estado medieval independiente y para eso, olvidando que hay solo coincidencia semántica, se inventan una Generalidad que estaba más próxima al Parlamento que al Gobierno. Por cierto, que La Vanguardia no debería permitir esa falsificación que desprestigia al propio periódico.

Que Mas emplee una falsificación histórica es muy descriptivo del personaje. Porque Artur Mas ha sido, sin dudarlo mucho, uno de los gobernantes más dañinos que ha tenido Cataluña. Mas ha dividido Cataluña en dos bloques sociales y políticos, ha enfrentado a la Comunidad Autónoma con el Estado español, ha arruinado tanto a su viejo partido (Convergència Democrática de Catalunya) como a su vieja coalición (Convergència i Unió) y ha dado alas a dos formaciones minoritarias como Esquerra y la CUP. Pretendía, como se ha escrito, no ser el Regente de los Pujol (o el queso dentro del sándwich de la familia Pujol) y ha acabado teniendo que renunciar a la Presidencia (medieval o actual, tanto da) de la Generalidad (sobre las hazañas de Mas, Félix Martínez y Jordi Oliveres: Legado de cenizas, Barcelona, 2016; y Tian Riba: Mas i Junqueras, dos capitans i un sol timó, Barcelona, 2015, que proporciona información de interés a pesar de su simpatía por los dos personajes).

Pues bien, este patético personaje que no ha tenido un triunfo político desde 2012 y que arrastra un cúmulo de fracasos que ha desarticulado el mundo político catalán, se permitió el día 18 de septiembre acusar en La Vanguardia al “edificio democrático español” de estar desgastado y de sufrir aluminosis. Para Mas, la lucha por la democracia de Cataluña pone de manifiesto la fragilidad de la democracia española (conspiraciones en Ministerios, querellas penales por el pseudo-referéndum, utilización “sistemática” del Tribual Constitucional, declaraciones anti-independentistas de responsables políticos, etc.).

Este pobre Mas ha perdido todo sentido de la realidad y vive en un mundo onírico y eso ya no tiene arreglo por lo que no merece la pena replicarle pero ¿por qué no mira como está el “edificio democrático” catalán? Porque cualquier observador que analice la situación política catalana descubrirá sin gran esfuerzo los siguientes factores:

  • Una sociedad divida casi al cincuenta por ciento con una fractura sociopolítica muy grave.
  • El Gobierno catalán está sometido, está a las órdenes, de dos organizaciones aparentemente no partidistas (Onmiun Cultural y Assemblea Nacional Catalana) que no han acudido a ninguna elección, y también se halla sometido a la CUP, un partido minoritario de rebeldes primitivos cuyos militantes creen vivir en el siglo XIX.ESE ES EL VERDADERO PODER DE CATALUÑA.
  • Un Gobierno que, en el pequeño margen que la dan Onmiun Cultural, la Assemblea Nacional Catalana y la CUP, se levanta sobre una coalición contra natura, Junts pel Sí, que se creó para diluir el fracaso electoral de Convergéncia Democrática de Catalunya.
  • Unos hábitos políticos que han sustituido la democracia parlamentaria y representativa por la ocupación de la calle porque saben que cada persona que ocupa la calle hace más ruido que diez que estén en su casa. Por eso los independentistas siempre ocupan la calle, no sólo en las Diadas (ya declinantes) sino, por ejemplo, al acompañar a Homs ante el Tribunal Supremo.
  • Unas instituciones presididas por activistas “aparentemente ajenos a la complejidad del mundo actual”, como escribía el mismo 18 de septiembre Llàtzer Moix en La Vanguardia, refiriéndose a Puigdemont y a Forcadell, a lo que yo añadiría también a la Alcaldesa de Barcelona, que es otra activista carente de matices.
  • Un gasto desmesurado de dinero público en propaganda independentista o en decisiones improductivas que sólo se entienden por su simbolismo anti-español (como las representaciones en el exterior).

 ¿Eso es aluminosis? No vendría mal que los catalanes compararan la calidad de la democracia en el Estado y en cualquier otra Comunidad Autónoma con la calidad de la democracia en Cataluña.