DOLCHSTOßLEGENDE

Estamos, literariamente hablando, en 1919. A punto de iniciarse las conversaciones en Versalles entre los vencedores de la Primera Guerra Mundial para fijar las condiciones, y las indemnizaciones que van a exigir a los perdedores en esa guerra. En el caso de Alemania, ese armisticio que se declaró a las 11:00 del día 11 del mes 11 del año anterior por las autoridades políticas del Imperio Alemán, han sido consideradas por algunos altos cargos de su ejército como una «dolchstoß» (puñalada por la espalda), una traición a su país. El motivo es que, según sus cálculos militares, con algunos millones de muertos más, Alemania podría haber ganado la guerra por lo que el armisticio aceptado por los políticos no solo había sido prematuro, sino que había traicionado al Imperio y, con ello, al pueblo alemán.

Esa acusación permitiría después a Hitler llegar al poder, democráticamente, por supuesto, eliminando cualquier resto de políticos traidores, e iniciar una Segunda Guerra que ocasionó más de sesenta millones de muertos frente a los, «solo», doce millones que produjo la primera. Seguro que habrá quien piense que, efectiva y aritméticamente, hubiera sido mejor terminar la Primera de manera más conveniente (como Dios manda) para evitar el comienzo de la Segunda. Pero, antes de eso, se llevó a los judíos, a los comunistas, a los obreros, a los intelectuales y a los curas. Cuando fueron a por Bertolt Brecht, ya era demasiado tarde.

Ahora estamos, cronológicamente, en 2019, un siglo después. En Europa empieza a amanecer para muchos nostálgicos de Hitler, Mussolini, Franco, Degrelle, Codreanu, Quisling y demás compañeros mártires. En la Plaza de Colón de Madrid se reúne una multitud de personas pidiendo unas elecciones generales adelantadas en España. Eso mismo pedían algunos, solo algunos, de los antiguos políticos antes citados. El resto eran más partidarios de «marchas», «movimientos» y cosas así. Elecciones, unidad de España y constitucionalismo, se pedía.

Pero, de pronto, resuena en la Plaza de Colón de Madrid la acusación de «puñalada por la espalda» atribuida al Presidente del Gobierno Español, ilegítimo, por supuesto. Y resuena porque los organizadores del evento, Partido Popular, Ciudadanos y/o Vox han encargado a tres periodistas afines que lean un comunicado conjunto para lo cual les han puesto un micrófono delante con objeto de que se oiga bien. Solo les faltaba un bigotito para reproducir, exactamente, la historia de hace un siglo.

Digo todo lo anterior porque, según Einstein, repitiendo las mismas cosas no son esperables resultados distintos. Y lo de “la puñalada por la espalda” ya sabemos cómo acabó. Elecciones, mediante.

En España habrá elecciones tarde o temprano o temprano o tarde. Estos términos son relativos y depende de la prisa que tenga cada cual para apreciar una u otra cosa. También las hubo en Alemania, en 1924 (dos veces), 1928, 1930, 1932 y 1933, hasta que terminaron gobernando los que habían acuñado la «dolchstoßlegende» para, después, montar la que montaron. Pero, todo, democráticamente. Les gustaban tanto las elecciones que las celebraban muy frecuentemente. Hasta que llegaron al poder, claro.

Ahora habría que rezar a algún dios de la democracia, si es que existe, para que los de la «puñalada por la espalda» no vuelvan a ganar. Pero, mejor que rezar, puede que sea votar. Los que no están, no estamos, de acuerdo con la «puñada por la espalda» estamos divididos entre socialistas, sanchistas, susanistas, antiguo y nuevo testamento, comunistas, multitud de círculos, mareas, errejonistas, carmelitas, colaunitas, anticapitalistas y nacionalistas varios. Por favor, leamos la historia e impidamos que esta gente, los de la “puñalada por la espalda” pueda gobernar de nuevo.

No ilegitimo a la derecha, no proscribo una visión conservadora de la política, estaría bueno, ni creo que cualquier opción que acepte las reglas del juego deba ser inaceptable en el mismo. Me parecen tan legítimos los populistas e independentistas de cualquier parte de España como la extrema derecha. Mientras no sean excluidos por un tribunal competente, sus representantes tendrán tanto derecho como los demás a elegir gobernantes, se llamen estos Pedro Sánchez, Moreno Bonilla o Ada Colau. Y esto no se llama buenismo, se llama democracia.   Lo que si hago es encender una luz, roja precisamente, sobre lo de la «puñalada en la espalda». Huele fatal.

No estaría mal que, habiendo convocado el acto tres partidos e interviniendo tres portavoces en el mismo, se aclarase a quien representaba la periodista que habló de la “puñalada por la espalda”. ¿Quizás al de Manuel Valls?