DISRUPCIÓN TECNOLÓGICA Y SUS EFECTOS AMBIENTALES Y TERRITORIALES

Introducción.

Todos los años suelo iniciar esta sección de Políticas de la Tierra con una referencia a las expectativas y riesgos que el Foro de Davos, el FMI, la OCDE u otros Organismos internacionales presentan para el año en curso y su previsible incidencia para España. Así, en enero de 2017 me refería a la consideración que había tenido la que denominaban Cuarta Revolución Tecnológica en los documentos de los Organismos anteriores; y, muy en particular, en sus previsibles efectos sobre la productividad y el empleo. La conclusión básica que extraíamos era que esa Revolución Científico-Tecnológica (RCT en lo sucesivo) estaba transformando claramente la dinámica social los sistemas productivos y las economías, así como las formas de hacer negocios, gracias a la expansión de la inteligencia artificial, a la extensión generalizada del uso de internet y de unos smartphones con capacidades crecientes, al uso de la información recopilada por sensores conectados a internet, o al poder de las siete principales multinacionales informáticas para el marketing y control social, entre otros aspectos. Y que aunque la innovación ha creado históricamente nuevos tipos de trabajos que iban sustituyendo a los que quedaban obsoletos, este proceso creativo estaba disminuyendo en la actualidad, generando una reducción global en la oferta de trabajo, y colaborando con la pérdida de cohesión social y de la legitimidad de la Política y de los políticos (crecimiento de las posiciones anti-establishment) ante la falta de respuesta satisfactoria para la mayoría, a esa fuerte incidencia disruptiva de un cambio tecnológico que se está produciendo cada vez a mayor velocidad. Como ejemplo basta considerar que mientras que el teléfono necesitó 60 años desde principios del siglo XX para alcanzar una cobertura significativa en su expansión, esa misma cobertura la ha alcanzado el Smartphone en sólo diez años, desde el 2005, desplazando al teléfono móvil que necesitó otros diez años desde inicios de los noventa.

Pero la significación mayor de la velocidad de la disrupción tecnológica cabe asociarla al desarrollo simultáneo y exponencial de varios procesos coadyuvantes que pueden llevar a una explosión social de los efectos disruptivos en los próximos años. Estos procesos están asociados a la expansión de la conexión a internet (más de 3.200 millones de personas, según Facebook -https://fbnewsroomus.files.wordpress.com/2016/02/state-of-connectivity-2015-2016-02-21-final.pdf), el uso generalizado de smartphones por los ciudadanos, la multiplicación de sensores conectados (más de 5.200 millones de unidades conectadas en 2017, que se espera que lleguen a 8.400 millones para 2018 por el avance en el internet de las cosas, según la consultora Gartner -https://www.gartner.com/doc/3471568?refval=&pcp=mp), la expansión y perfeccionamiento continuo de algoritmos utilizados por la IA y la machine learning, el masivo tránsito empresarial a la robotización e incorporación de la IA en los negocios, etc., cuya síntesis en el anterior documento de la consultora Gartner nos lleva a un horizonte para el próximo lustro, caracterizado, entre otros aspectos, porque más de 100 millones de consumidores comprarán en realidad aumentada, los algoritmos alterarán positivamente el comportamiento de más de mil millones de trabajadores globales, los negocios asociados al blockchain tendrán una valorización creciente, el Internet de las cosas (IoT en sus siglas en inglés) ahorrará a consumidores y empresas más de un billón de dólares al año en mantenimiento, servicios y consumibles, y el 20% de todas las actividades en las que participe un individuo involucrarán al menos a uno de los siete gigantes digitales más importantes. En los últimos años, las máquinas han superado a los humanos en distintas tareas como, por ejemplo, el reconocimiento de imágenes, y en el horizonte del 2030 es de esperar que los ordenadores, las máquinas cibernéticas y los robots continúen alcanzando y superando el rendimiento humano en cada vez más tareas.

No podemos olvidar que siete de las ocho empresas de mayor valor bursátil en el mundo (Apple, Alphabet, Microsoft, Facebook, Amazon Alibaba, Tencent, a las que habría que añadir en el sexto lugar a Berkshire Hathaway, un fondo especulativo, aunque también posee un amplio número de empresas privadas asociadas a la RCT) son al día de hoy tecnológicas y asociadas a la RCT. Preeminencia que sólo en el año 2000 presentaba Microsoft entre las cinco primeras (junto a Epson, Wallmart, Citibank y General Electric). Y que entre estas tecnológicas hay empresas cuyo valor se basa en la publicidad por internet (Google, en Alphabet, o Facebook), en la distribución por comercio electrónico (Amazon o Alibaba) que han desplazado por su valor en bolsa a cadenas de grandes almacenes, como WallMart o a distribuidores como Sears (aunque las ventas de Amazon se sitúen sólo en la tercera parte de las de WallMart); o incluso en la venta de videojuegos, como es el caso de Tencent Holdings. Todas ellas son holdings de actividad diversificada pero muy directamente asociada a la RCT, y de ámbito crecientemente globalizado, tanto para las de origen americano como para las dos últimas –Alibaba y Tencent- de origen chino.

En la serie de artículos que iniciamos con el presente, vamos a tratar de considerar las principales consecuencias socioeconómicas, territoriales y ambientales esperables de la disrupción tecnológica, a la vista de las últimas informaciones sobre lo que está significando y cómo se está produciendo esta RCT en los distintos ámbitos en los que su incidencia ambiental, sobre el territorio, o sobre nuestras ciudades está siendo más significativa.

Vamos a partir de que las previsiones y valoraciones sobre el papel de la RCT y sus consecuencias no son homogéneas entre los distintos analistas especializados en estas materias, tal y como ya analizamos en algunos aspectos socioeconómicos en agosto de este año en esta sección. Señalábamos que existen previsiones que señalan que esta nueva RCT permitirá llegar a una era de abundancia, fundamentalmente por la vía de la reducción de los costes marginales casi a cero y del ascenso paralelo del procomún colaborativo (Rifkin) que salvará al Planeta. Pero también señalábamos que, mientras el cambio tecnológico que significó en el siglo pasado la RCT ligada al desarrollo de las tecnologías de la información y de la comunicación, produjo unas claras ganancias de productividad (por los ordenadores e Internet, fundamentalmente), éstas están estancadas en la actualidad; y que aunque modificaron muy sustancialmente las pautas de comportamiento social, éstos cambios no pueden compararse con los que se produjeron, ni en la productividad ni en el comportamiento social, respectivamente, con la RCT iniciada en el siglo XIX y principios del XX, ligada a la electricidad, al motor de combustión y al automóvil. Pero también hay que tener en cuenta que si en 1960, la empresa con mayor valor en bolsa del mundo era General Motors (unos 600.000 trabajadores y unos beneficios de unos 7.600 millones de dólares en valor actual) que tenía unas ganancias de unos 13.000 $/trabajador, en la actualidad Apple (unos 116.000 trabajadores y unos beneficios de unos 84.000 millones de dólares) más que multiplica por diez los beneficios de GM de 1960 (que, además, tuvo que ser ayudada por el Gobierno de EEUU en la crisis de 2008 para evitar su quiebra) y presenta unas ganancias de más de diez veces lo que ganaba General Motors, con un beneficio por empleado del orden de 55 veces mayor (725.000 $/empleado) a la vez que subcontrata en otros países a empresas que representan del orden de 1,5 millones de trabajadores.

Otro aspecto significativo tiene que ver con los efectos sociales de la RCT y, en particular, con la pérdida de privacidad que implica el uso de los teléfonos móviles y los Smartphones; aspecto sobre el que se pronunciará la próxima sentencia de la Corte Suprema de EEUU, respecto a si las autoridades pueden rastrear la ubicación de un teléfono móvil de alguien sin una orden judicial, atendiendo al hecho de que las compañías de telefonía móvil tienen datos que muestran aproximadamente dónde están sus propietarios en cualquier momento del tiempo. La sentencia valorará si los teléfonos móviles o los Smartphons pueden considerarse opcionales o si se han convertido en dispositivos imprescindibles para los ciudadanos, que se llevan prácticamente todo el tiempo, donde sea que se vaya, con lo que acceder a sus datos sin una orden judicial vulnera la Cuarta Enmienda americana al afectar a su privacidad. Privacidad todavía más cuestionada por los continuos avances en la RCT, en su capacidad de recoger información (sensores y big data), tratar esa información y particularizar sus consecuencias publicitarias y comerciales –entre otras- sobre cada ciudadano. Aspectos en los que cada vez va a ser más precisa una regulación que preserve al ciudadano no ya sólo de su pérdida de privacidad sino de la inevitable continua intromisión de las siete grandes en su vida cotidiana ante la falta de disyuntiva al cese de derechos de uso de la información que proporciona a las redes si no quiere verse excluido de las mismas.

En el fondo, la pregunta es si esta nueva RCT está significando y será capaz de significar un salto cualitativo y cuantitativo en el bienestar y progreso de la sociedad, o si continuará ayudando al incremento del control social y a proseguir el camino de la sociedad capitalista de consumo en la que se inserta, que nos conduce al abismo por sus efectos insostenibles sobre el Planeta. ¿Los cambios previsibles en esta RCT en los próximos años supondrá un salto cualitativo positivo en la productividad global y en la forma de organización social, afectando de manera revolucionaria a las relaciones sociales y a las condiciones de vida, así como a los territorios y medio ambiente en los que esta RTC se desarrolle?; ¿o su capacidad de control social y de incremento del consumo y del despilfarro energético y material, de las desigualdades, precarización y devaluación del trabajo y potencial soporte a sociedades autoritarias será el camino al que nos conducirá esta nueva RCT, si no hay una fuerte contestación social que lo impida?

Para tratar de responder a estas preguntas, en éste y en los próximos artículos vamos a considerar lo que distintos autores señalan, y lo que muestran realidades ya contrastables, sobre los efectos socioeconómicos, territoriales y ambientales de esta RCT, centrándonos, respectivamente, en el desarrollo registrado en la Inteligencia Artificial (IA), la Robótica, los Sensores y el Big Data, en la Impresión 3D y 4D, en el internet de las cosas (IdC o IoT en sus siglas en inglés), en el peso creciente de la Blockchain en campos como la ciberseguridad, o en las aplicaciones específicas de estas tecnologías al campo de los vehículos eléctricos autónomos, la energía distribuida renovable, la ingeniería/economía circular/verde, o a las ciudades y territorios inteligentes. Haremos sólo referencias marginales, aunque no son independientes de los campos anteriores, a la RCT asociada a los Nanomateriales y nuevos materiales (inteligentes, materiales 2D, etc., con avances radicales en sus propiedades termoeléctricas, mecánicas, magnéticas, etc.); a la Biotecnología (innovaciones en la edición de genomas, terapias genéticas y otras formas de manipulación genética y de síntesis biológica, etc., que permiten la creación de organismos previamente inexistentes, y las modificaciones en microbios y organismos para uso médico, agrícola o industrial, o su integración en nuevas aplicaciones conjuntas con los avances electrónicos e informáticos); o a las Neurotecnologías, con sus capacidades para la creación de drogas inteligentes, la neuroimagen, las interfaces bioelectrónicas, las interfaces máquina-cerebro y la descodificación y manipulación de ondas cerebrales.

Podemos señalar ya, que un aspecto fundamental en esta evolución va a depender del papel que desarrollen los Estados en la recuperación social de los efectos de las innovaciones asociadas a las fuertes ayudas y subvenciones que aporta a la I+D+i, y en el balance entre las innovaciones abiertas y las innovaciones de empresa. Socialmente es evidente que innovaciones abiertas como las de Linux, Arduino, Open Science, Wikipedia, etc., que están disponibles para todos los ciudadanos e investigadores, se comparten, adaptan, y son a su vez el soporte de nuevas innovaciones abiertas adicionales, llevan a efectos muy diferentes de las subvenciones a innovaciones de empresas que patentan sus hallazgos y controlan su desarrollo y aplicación, apropiándose de sus beneficios de forma excluyente y exclusiva. Y es evidente que hasta la actualidad el sesgo de las ayudas estatales va dirigida fundamentalmente a empresas multinacionales asociadas al campo militar, que subcontratan y comparten innovaciones en el campo de la RCT con otras empresas, haciendo de las innovaciones abiertas la excepción y no la norma.

Por otra parte, la transformación de los centros de investigación y universitarios públicos en centros dependientes del capital privado para la investigación, ante la merma de recursos públicos para su funcionamiento y remuneración de sus trabajadores, ha contribuido de manera muy eficiente a la subordinación de la I+D+i que se produce en los mismos a su apropiación empresarial, a pesar del elevado porcentaje de recursos públicos empleados en la misma, y limitado radicalmente las posibilidades de avance en la innovación pública abierta. Todo lo cual nos lleva a una sociedad que financia en una parte muy significativa con sus impuestos una I+D+i que repercute fundamentalmente en el beneficio y capacidad de control social de empresas privadas. A lo que no es indiferente el peso dado a las denominadas “startups” como mecanismo de “emprendimiento” individual (autónomos), que hace que se soporten los costes laborales y de inversión en base a expectativas de éxito en un marco exento de todo tipo de protección social  y en el que sólo muy pocos salen adelante al ser comprados por las grandes de la RTC, que han generado así un marco de innovación altamente eficiente y rentable para sus objetivos, pero situando a grandes colectivos profesionales en la precarización que significa el mayoritario no éxito en sus empresas.

Señalado lo anterior, en este artículo consideraremos específicamente lo relacionado con la Inteligencia Artificial (IA), desarrollando en próximos artículos los otros ámbitos de la RCT que pueden dar lugar a cambios más o menos radicales en el territorio o en su sostenibilidad ambiental.

Los previsibles efectos del desarrollo de la Inteligencia artificial (IA).

En primer lugar hay que señalar que la AI no es una tecnología única, sino un conjunto de tecnologías que se aplican a tareas específicas, de manera que se ha venido a definir a la IA como la aplicación de sistemas computacionales en máquinas u ordenadores, que permiten replicar tareas diversas hasta ahora efectuadas por humanos, incluido el propio proceso de aprendizaje.

La IA esté íntimamente relacionada con la Robótica y con la utilización de algoritmos que permitan el procesamiento de grandes cantidades de datos (Big data) para tomar decisiones, aunque también cobra una entidad creciente la “Machine learning” que, de alguna forma, trata de reproducir y superar la inteligencia humana en la solución de problemas complejos, incluido el propio proceso de aprendizaje. La consideración específica de los efectos socioeconómicos, ambientales y territoriales previsibles de la Robótica, de la extensión y utilidades aplicadas de los Big data y de la Machine learning, serán objeto de los siguientes artículos.

Centrándonos de una manera genérica en la IA, y comenzando por sus consecuencias socioeconómicas, hay que señalar que se están creando numerosos puestos de trabajo en áreas de desarrollo y supervisión de la propia IA, o en áreas en las que su aplicación aumenta sensiblemente su productividad. Pero, en paralelo, se estima que hasta 2030 puede haber una pérdida de empleos que afecten a entre el 10 y el 50% de los existentes –según los sectores correspondientes a los que nos referiremos en próximos artículos- como consecuencia de la aplicación de dicha IA. Además, los trabajos amenazados por la IA y sus aplicaciones veremos que son los de baja remuneración y menor cualificación, pese a lo cual se espera que se vean presionados a la baja en salarios y condiciones de trabajo. El resultado favorecerá el incremento de la desigualdad social frente a los accionistas de las empresas que mejoran su productividad o frente a los beneficiados en éstas por salarios más elevados.

A este respecto, uno de los documentos a tener en cuenta en la aproximación a los efectos socioeconómicos de la IA va a ser el Artificial Intelligence, Automation, and the Economy, elaborado en diciembre de 2016 por la Executive Office of the President of United States (https://obamawhitehouse.archives.gov/sites/whitehouse.gov/files/documents/Artificial-Intelligence-Automation-Economy.PDF). En él se señala específicamente cómo la aceleración de la aplicación de las capacidades de IA permitirá la automatización de tareas que durante mucho tiempo se han desarrollado con trabajo humano, transformando la economía y la sociedad en los próximos años y décadas, y afectando radicalmente a los medios y condiciones de vida de los ciudadanos.

Teniendo en cuenta sus aportaciones y las recogidas en los otros documentos antes citados, podemos señalar que los principales efectos esperados de los distintos ámbitos señalados para la IA serían:

  • Contribuciones positivas al crecimiento agregado de la productividad, fundamentalmente en las empresas y sectores en las que se aplique la IA, creando diferencias significativas con las competidoras que no las apliquen, que pueden quedar obsoletas y cerrar. Adicionalmente, si el incremento de la productividad laboral no se traduce en aumentos salariales y reducción de precios al consumidor, los grandes beneficios económicos provocados por la IA podrían concentrarse en unos pocos, favoreciendo la monopolización-oligopolización de los mercados y el aumento de la desigualdad en la riqueza.
  • En todo caso se va a producir una distribución desigual del impacto en todos los sectores, niveles salariales, niveles de educación, tipos de trabajo y ubicaciones territoriales. La sociedad desigual heredada en la actualidad va a tender a ser más desigual socioeconómica y territorialmente. Los ritmos de sustitución de la mano de obra por tecnología, con el auge de la IA, se están acelerando, y ahora no sólo afectan a la clase obrera manual (como ha hecho durante la segunda mitad del siglo XX, debilitándola y deteriorando sus condiciones salariales) sino que también está afectando y afectará en mucha mayor medida a la clase media y a la nueva pequeña burguesía, que son el auténtico soporte del estilo de vida neocapitalista y neoliberal globalizado, y de la base cultural indispensable de la sociedad de consumo capitalista actual.
  • La esperada pérdida de empleos para algunos trabajadores en el corto y medio plazo (ya que algunos trabajos desaparecen) va a ser más rápida que la potencial creación de nuevos empleos. Dicha destrucción de puestos de trabajo incidirá especialmente entre las capas de trabajadores menos cualificados y en los países y regiones más pobres; y el retraso temporal en la creación de nuevos puestos compensatorios, creará contradicciones que exigirán respuestas y ayudas políticas para que el proceso sea pacífico.
  • La aplicación de la IA exige cambios en la cualificación laboral, con una mayor demanda de cualificaciones técnicas de alto nivel. La necesaria adaptación de la enseñanza a las nuevas necesidades del mercado y el papel de la educación continuada adaptativa juegan un rol fundamental cara al futuro.
  • Territorialmente, los países, regiones y territorios con sectores especializados en el uso intensivo de mano de obra se verán perjudicados por la pérdida de la ventaja comparativa de salarios reducidos, frente a la implantación de una IA y una robótica sustitutiva de mano de obra y más eficiente en productividad y empleo de inputs.
  • La IA favorece el condicionamiento y la generalización de patrones culturales impuestos por el mercado, a la vez que ayuda a determinar un comportamiento homogeneizado de muchas personas y posibilita el control del comportamiento individual y colectivo por parte de empresas, agencias y gobiernos, lo que incidirá negativamente en la calidad de la democracia.
  • La sostenibilidad ambiental del desarrollo exige una reducción drástica del consumo de recursos (desmaterialización de todos los procesos), un incremento muy sustancial en la eficiencia de su uso, para poder satisfacer las necesidades de una población global en crecimiento, y una reducción de los residuos, emisiones y contaminantes generados (descarbonización). Aunque las distintas ramas de la IA tienen efectos en parte contradictorios, como apreciaremos en los próximos artículos, la IA puede colaborar –y está colaborando en parte- de forma muy activa a esa sostenibilidad ambiental por la vía de:
    1. Sustituir productos por servicios compartidos en parte desmaterializados (sustituir la compra de vehículos que permanecen aparcados el 90% de su tiempo por servicios compartidos, por ejemplo);
    2. Modificando las cadenas de valor (desintermediación: del productor al consumidor);
    3. Está generalizando los servicios en la web reduciendo desplazamientos y consumo de materiales (educativos, médicos, asistenciales, profesionales,…);
    4. Está potenciando y posibilitando procesos “compartidos” multicanal (coworking, crowdfunding, plataformas de intercambio y de recursos compartidos, etc.), facilitando cooperar y contribuir a objetivos comunes minimizando el consumo de materiales y emisiones.
  • Desde el punto de vista de la participación y de la democratización social, la aplicación de la IA a la hiperconectividad actual y previsible, permite su progresión y que la toma de decisiones en común se pueda descentralizar, avanzando hacia mayores cotas de democracia participativa.