DISIDENCIAS INTERNAS, CONSPIRACIONES RECURRENTES Y CONFLICTOS BALDÍOS EN EL LABORISMO BRITÁNICO

tezanos280916

Después del largo, y a veces controvertido, período de gobierno de Tony Blair, era de esperar que surgieran problemas y tensiones internas en el Partido Laborista del Reino Unido. Si a dicho gobierno le hubiera seguido una etapa exitosa de prosperidad económica y de fortalecimiento de las políticas sociales, lo más probable es que no hubiera cundido el malestar y la decepción en las filas de los sindicatos, y del Partido Laborista y sus electores.

Sin embargo, eso no fue así, de forma que el viaje al centro impulsado por la tercera vía de Tony Blair se ha valorado y se ha vivido como un fracaso y un retroceso social en diversos aspectos. Algo que, lógicamente, se ha pagado en las urnas. De ahí que, después del liderazgo de Blair, las cosas hayan tendido a discurrir de manera diferente a lo que esperaban e intentaban las élites blairistas. De hecho, ya Ed Milliband no fue el Milliband que dichas élites pretendían llevar al liderazgo, debido sobre todo al voto de los delegados sindicales. Y esas élites centristas no se lo pusieron nada fácil al joven Milliband, difundiendo desde el principio el argumento de que el suyo era un liderazgo débil y poco apoyado. Lo cual hizo que resultara muy difícil la competencia electoral con los conservadores, asistiéndose finalmente a un típico caso de la “profecía que se cumple a sí misma”.

Con Jeremy Corbyn las cosas han sido más indigeribles para las élites centristas del laborismo, que desde el primer momento pusieron la proa al nuevo líder aupado por las bases con apoyos superiores al 60%, conspirando abiertamente para hacerle naufragar, presentándolo públicamente como un extremista peligroso −y bastante peculiar y extravagante– que nunca podría ganar las elecciones en el Reino Unido. Por lo que se le reclamó su dimisión de manera recurrente.

Lo cual puede ser nuevamente “otra profecía que se cumpla a sí misma”. En esta ocasión, no solo por las imágenes de división interna y por las conspiraciones que no cesan, sino también porque la deriva escocesa hacia el independentismo ha privado a los laboristas de los escaños “asegurados” que hasta entonces solían obtener casi automáticamente en las circunscripciones escocesas. Algo que algunos han interpretado como un torpedo maquiavélico e intencionado de los conservadores en la línea de flotación del Partido Laborista. De ahí, el empeño de Cameron en propiciar el referéndum sobre la independencia de Escocia, que casi se le fue de las manos, pero que dejó a los conservadores el rédito de las ulteriores debacles electorales de los laboristas en las Tierras Altas.

En este contexto, la contumacia con la que la derecha laborista continúa conspirando contra Corbyn, negándose a aceptar el resultado aplastante y repetido de las votaciones internas, es un auténtico despropósito que puede acabar conduciendo al suicidio colectivo del Partido Laborista. Se trata, en definitiva, de un comportamiento tan baldío como impropio, ya que por mucho que los disidentes anti-Corbyn se opongan a su liderazgo y le descalifiquen y le cuestionen pública y abiertamente de manera tan organizada como recurrente, la mayoría de los afiliados le continuarán ratificando, como se ha puesto de relieve con una holgada mayoría en el último Congreso del Partido Laborista celebrado recientemente.

De esta manera, pues, lo único que están logrando las actuales élites parlamentarias del laborismo es reforzar su fama de desleales, de poco disciplinados y de rotundamente negados a aceptar la lógica de la democracia interna en su propio partido, quedando expuestos ante la opinión pública como una camarilla de poder, obsesionada en un empeño baldío. Lo cual es algo que les perjudica tanto a ellos, que defienden posturas y estrategias cada vez más alejadas del sentir común de la mayoría de los afiliados y votantes laboristas, como perjudica al propio Partido Laborista como tal, ofreciendo una impresión de jaula de grillos. Y de una falta de solvencia política, que en nada refuerza la fortaleza de su actual líder. Líder al que una parte de sus propios diputados cuestionan abiertamente y le presentan como alguien que nunca podrá ganar las elecciones. ¿Cómo apoyar a alguien que no tiene el apoyo de su propio partido? –se preguntan muchos votantes. ¿Se puede imaginar un comportamiento político más estéril e improductivo? ¿Qué explicación tienen tal tipo de conductas –que no son exclusivas del Partido Laborista−? ¿Será todo una cuestión relacionada con la tendencia a la vicarización de ciertas élites políticas respecto a intereses y tramas de poder muy concretas? ¿En qué puede influir todo esto en la solución de los problemas y en los riesgos de estancamiento a los que pueden llevar las actuales políticas económicas neoconservadoras y las regresiones sociales, que crean un caldo de cultivo de protestas e insatisfacciones crecientes? ¿Acaso algunos no son capaces de ver el clima político que se está generando, ni entender las nuevas corrientes de opinión que se escuchan desde el interior de los partidos socialdemócratas?

Habrá que esperar que después del último Congreso del Partido Laborista, y después de fracasar nuevamente en el intento de desplazar a Corbyn del liderazgo, los que forman parte del núcleo centrista-blairista entiendan que eso es lo que quieren hoy por hoy los afiliados laboristas. Y que lo mejor –y menos baldío− es colaborar con Corbyn, dejarle ejercer su liderazgo y centrarse en los problemas reales que tiene el Reino Unido, y en las respuestas creíbles y efectivas que tendrían que plantearse desde el laborismo para sintonizar con esa mayoría de la opinión pública que entiende que el viaje al centro del blairismo al final no ha producido otro resultado que debilitar la credibilidad de los laboristas entre sus votantes potenciales y aminorar las bases de cohesión social y las posibilidades de prosperidad de sectores importantes de la propia sociedad como tal.

Si en los partidos socialdemócratas no se recuperan los comportamientos leales y disciplinados en la vida interna, será muy difícil que se logre mantener la lealtad de sus votantes. ¿Tan difícil es de entender? ¿No se dan cuenta que con la retaguardia levantada en armas es imposible ganar ninguna batalla?