DIFICULTADES BANCARIAS

somoza290416

Origen o crisol de todos los problemas. Sea lo que sea, la industria bancaria es una de las que más ha sufrido los efectos de una crisis de la que todavía no se ha salido del todo. Sin embargo, ya se anuncia una nueva vuelta de tuerca, consecuencia de una restructuración mal hecha (¿diseñada o ejecutada?) o de una larga y profunda crisis que ha llevado a mínimos históricos al precio de su materia prima, el dinero. Anuncios de EREs, cierres de sucursales o nuevas fusiones son habituales desde hace tiempo.

Para el negocio bancario, el entorno no está siendo nada cómplice. Por un lado, una regulación cada vez más estricta y vigilante, con nuevos e incrementados requerimientos (Basilea III y el Mecanismo Único de Resolución) para reforzar su solvencia. Por otro lado, una demanda débil, en donde los hogares, aunque más lentamente, continúan con su proceso de desapalancamiento, mientras que las empresas no financieras tampoco tiran de manera vigorosa, unas porque también están inmersas en su propio saneamiento y otras porque todavía no se atreven. Los indicadores y perspectivas macroeconómicas no dan señales de fuerza en la recuperación, cuando no anticipan un freno a la misma. El sector público, ese sí que tiene la brida tensa, como mandan los cánones imperantes.Por el lado de los nuevos actores en el sector, este se encuentra amenazado por la irrupción de compañías tecnológicas bajo el paradigma de que hacer banca es gestionar una ingente cantidad de información, es decir, fusionar finanzas y tecnología. Ahí encontramos a empresas start up (o fintech o compañías tecnológicas que ofrecen servicios financieros al margen de los bancos tradicionales) o a gigantes de internet como Amazon, Google y Alibaba. La desintermediación bancaria. Y, para añadir más leña alfuego, la propia dinámica competitiva del mercado, en donde los operadores actuales pueden estar librando una guerra de precios para mantener su cuota, lo que preocupa al Banco de España.

Todo ello ha conllevado que el beneficio del sector bancario español cayera un 17,9% en 2015, hasta 9.300 millones de euros, debido básicamente a la menor generación de ingresos. Esto supone una rentabilidad sobre recursos propios del 4,3%, casi un punto porcentual menos que en 2014. La banca española ha sufrido una fuerte reconversión en los últimos años. En 2008 había en España 192 entidades, con 46.000 oficinas bancarias y más de 270.000 empleados. En este año 2016 nos encontramos con 130 entidades (la mayor parte de las desaparecidas son las cajas de ahorros), con 30.921 oficinas y alrededor de un 30% menos de empleados. Un ajuste espectacular para unos resultados tan magros. La solución, al menos la propugnada por el regulador, es una nueva oleada de fusiones como prevención ante episodios de resolución.

Hemos centrado esta rápida y breve radiografía en el ámbito doméstico, pero similares reflexiones se pueden hacer en los sectores bancarios de otros países de Europa. La banca alemana y la italiana, por ejemplo, mostrando dudas acerca de la salud de sus carteras de créditos, y malas apuestas en los mercados financieros que les condujeron a importantes pérdidas en el pasado, como es el caso del Deutsche Bank cuyos resultados negativos ascendieron a casi 7.000 millones de euros.

A lo largo de esta larga crisis, hemos señalado en esta tribuna de Coyuntura Económica en diversas ocasiones la necesidad de contar con un sistema financiero sano que pueda cumplir con la función que tiene asignada, como elemento de precondición para una recuperación sólida. Cuanto más se retrase la vuelta a una situación de normalidad, más endeble y vacilante será cualquier indicio de mejora. Funcionar con inyecciones de liquidez y apoyos del BCE a través de programas como el TLTRO, a modo de “metadona”; tener el yugo de una regulación cada día más exigente, por ejemplo, en términos de recursos propios; tipos de interés cercanos a cero o incluso negativos que dificultan sobremanera trasladar el coste del pasivo; todas estas son situaciones que merman la capacidad de actuación de un sector tan indispensable para el manejo de la economía.

Pero también tenemos que ver la situación desde el lado del consumidor. De continuar la reducción del número de entidades y la concentración de la mayor parte del negocio en unas pocas muy grandes (y cada vez más), aumenta el riesgo de actuaciones oligopolísticas, que deben ser estrechamente vigiladas, o de intentos de incrementar los ingresos a través de vías distintas del margen sobre los intereses (léase comisiones y otros gastos) que en muchas ocasiones son poco transparentes y, en ocasiones, abusivas.