DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA: EN ESPAÑA TAMBIÉN

Ya sé que puede resultar sorprendente escribir un artículo de reflexión política sobre el Día Mundial de la Poesía. Es hoy, 21 de marzo, con la llegada de la primavera. Y quizás eso le da a la poesía un toque bucólico.

Aunque no hay excesivos lectores de poesía, sí existe un grupo numeroso de poetas que se han consolidando en España, sobre todo, con voces jóvenes que han llevado la poesía fuera de circuitos eruditos o intimistas, a veces, más interesados en recitar para el cuello de su camisa y los que forman su núcleo. La poesía es y será una herramienta de remover conciencias, de encontrar espacios comunes, de sentimientos definidos de forma singular, pero también lo será de denuncia, de crítica, de grito ante lo que ocurre.

Con su forma muy peculiar de transmitir imágenes potentes a través de metáforas y versos, la poesía ha caminado muchas veces de la mano de la filosofía. Bien lo ha defendido la filósofa poeta por excelencia, María Zambrano: “En la poesía encontramos directamente al hombre concreto, individual. En la filosofía al hombre en su historia universal, en su querer ser”.

Lo que hoy podemos ver como un arte minoritario, tuvo en Platón un estudio profundo. En su magnífico libro La República ya dedicó un análisis a lo que suponía la Poesía, conocida entonces como el Arte en mayúsculas, y su relación con la pedagogía, con la moral, y con la transmisión de los valores. Pero, claro está, la Filosofía y la Poesía eran conocimientos de primer orden para la sociedad griega. Como diría Aristóteles, “la poesía es más filosófica y noble que la historia, pues la poesía dice más bien las cosas generales y la historia las particulares”.

Nos sorprendería el recorrido de discusión y debate intelectual que se ha producido a lo largo de la historia del pensamiento entre la Filosofía y la Poesía. Como nos sorprendería la cantidad de filósofos que han sucumbido al intento de escribir poemas. Desde Kant, el padre de la Modernidad, y autor de obras tan complejas como “Crítica de la Razón Pura”, que dejó un breve y escueto legado poético; hasta Nietzsche, quien ejerció la poesía prácticamente en todas las épocas de su vida intelectual, con composiciones como en “Así habló Zaratustra”: “¡Y cómo soportaría yo ser hombre si el hombre no fuese también poeta y adivinador de enigmas y el redentor del azar!

Seguramente porque la filosofía y la poesía comparten palabras comunes de un mismo lenguaje que habla de la ontología del ser humano: el tiempo, el ser, la vida y la muerte, el destino, la suerte, lo desconocido, el universo, el infinito, … El lenguaje les pertenece a ambas; es su herramienta de comunicación, y algo más: es un factor de humanización. Pero hay algo más que une a la filosofía y a la poesía en ese lenguaje que comentamos: el concepto. Tanto la filosofía como la poesía buscan conocer más allá de lo conocido, abrir la mente a no tener límites, por eso, fuera de sus estructuras lingüísticas, existe un núcleo en la que ambas se reconocen, sin artificios ni retórica innecesaria.

Poesía y pensamiento se nos aparecen como dos formas insuficientes; y se nos antojan dos mitades del hombre: el filósofo y el poeta. No se encuentra el hombre entero en la filosofía; no se encuentra la totalidad de lo humano en la poesía”, nos dice María Zambrano, en su libro “Filosofía y poesía”.

Y si María Zambrano es la filósofa poeta, con la creación de su “razón poética”, Antonio Machado fue un poeta filósofo. Gran lector de filosofía (de Ortega y Gasset. Unamuno, Platón, Leibniz, Kant, Bergson), su poesía es la descripción de una época, de una historia de España, es también una pedagogía, una educación en valores.

Esta España nuestra no se entendería, no estaría completa sin lo que supuso la poesía en un momento determinado. Machado, Miguel Hernández, Federico García Lorca, Luis Cernuda, Vicente Aleixandre, Rafael Alberti, o Gerardo Diego, entre otros. Muchos de los versos de esos grandes poetas nos llegaron a través incluso de canciones para recordar de dónde venimos, qué nos pasó, y qué les pasó también a ellos. Hombres poetas que, sin duda, sufrieron el exilio, la guerra, el olvido, el silencio, pero que estuvieron acompañados de mujeres que han sido mucho más silenciadas por ser mujer (María Zambrano, Maruja Mallo, o Teresa León).

La conmemoración de un Día especial ayuda a la visibilidad de lo que celebra, pero no puede quedarse solo en algo simbólico o festivo, sino que hay que ahondar en las raíces, en el origen. La poesía no es solo para minorías, o solo para exaltar lo bello o hacer bella la cotidianidad, sino que también es testimonio, memoria histórica, legado cultural, denuncia social.

Y a este país nuestro le falta mucha poesía, voces que canten las nuevas “nanas de la cebolla”.