DESPUÉS DEL DEBATE

Se suele decir, de forma generalizada, que el debate entre los candidatos celebrado este pasado lunes, no ha servido para nada pues es más de lo mismo, frases ya repetidas, bloqueo y falta de entendimiento, y un dejà-vu de otras campañas.

Pero no es cierto. No es exactamente así. Porque sí ha existido un consenso, más o menos mayoritario, entre lo que se produjo ese día y las posibles consecuencias. Aparentemente, lo único que se esperaba era saber si habría ya definido algún pacto postelectoral, pero no es eso lo que los candidatos debían mostrar, sino más bien, debían conseguir afirmar los votos y ganar indecisos.

Y, si lo vemos con calma, sobre todo, si escuchamos los comentarios de opinión veremos que, debajo de la apariencia, hay bastantes novedades. Haciendo repaso de los candidatos y sus posiciones.

En primer lugar, el gran perdedor ha sido Ciudadanos. Que sigue cayendo en picado y que Rivera, el gran orador de los debates juveniles, ha sido excesivo en sus frases, poses y escena, que lo sitúa fuera de la credibilidad. El resultado que tendrá Ciudadanos en estas elecciones será, previsiblemente, muy diferente al de abril. Rivera pensó en abril que podría haberse constituido en el liderazgo de la derecha, y no lo consiguió en los momentos más bajos del PP; aunque subió en escaños. La situación ahora se ve claramente diferente. Ciudadanos se ha quedado ubicado en tierra de nadie, no conseguirá ningún sorpasso, ni tampoco parece que se convierta en alguien imprescindible en ningún gobierno, ni de derechas ni de izquierdas. Rivera necesitaba ese debate como agua de mayo para superar su caída, y no lo consiguió. Por tanto, hay un primer actor cuya posición electoral será completamente diferente.

En segundo lugar, la metamorfosis de Casado se ha producido en unos varios meses, a los que contribuyó el verano, incluido cambio de look. Casado y Rivera parecían siameses; en estos momentos, Casado se ha ubicado en una derecha moderada, dejando a su portavoz Cayetana vigilando el flanco extremo. El PP sube, a costa de la caída de Ciudadanos, pero Casado no acaba de situarse como hombre de Estado. ¡Ojo, porque tampoco lo parecía Juanma Moreno, y mucho menos lo parece Isabel Díaz Ayuso, que parece estar de paso en un puesto demasiado grande! Así pues, Casado tiene una oportunidad que, esta vez, no será por el apoyo de Rivera, sino por el aumento de la extrema derecha. Curioso fue ver el rifirrafe entre Rivera y Casado, teniendo este último que llamarle la atención, y advertirle, que “no se confundiera de enemigo”.

Conclusión, salgan como salgan estas elecciones para el PP, son positivas para Casado, que se consolida como oposición.

En tercer lugar, siguiendo con el bloque de la derecha, viene Vox. Y me quedo sin palabras. Seguramente es lo peor que nos está ocurriendo, y todos lo sabemos. Se está “blanqueando” el fascismo. Fue ignorado por los candidatos (incluidos sus socios), solo en un momento determinado Pablo Iglesias le paró los pies. Creo que hizo bien, o yo me sentí reconfortada. Aunque no sé que es mejor: plantar cara o ignorarlo. En la campaña de abril, se acusó al PSOE de que le dio alas a Vox al hacerlo centro de las acusaciones, “que viene la ultraderecha”; y ahora, he visto que se le acusa de lo contrario, de que ignorarlo solo sirve para que siga creciendo.

El papel de Vox no depende de si se le dirige la palabra o no. Lamentablemente, Abascal salió crecido después de hacer un discurso fascista, misógino, contra “el otro”, y de una España rancia, provocadora, que a mí me provocó francamente miedo.

Este es el punto que más me preocupa. Igual que hemos visto con Le Pen en Francia, o con Trump, Vox puede recibir votos de los trabajadores cuando, sorprendentemente, son ellos contra los que van las políticas de ultraderecha. Solo le faltó decir “con Franco se vivía mejor”.

Vox fue “el nuevo” en el debate, que nos hizo retrotraernos a la peor época de España. Preocupante.

El cuarto candidato fue Pablo Iglesias. Se crece con los debates. Es un gran orador y un teórico político. Aunque no tuvo tanto impacto, en mi opinión, como en abril. Mantuvo una posición muy comedida respecto a las críticas al PSOE, salvo la puya de “que Sánchez pactará con la derecha”, algo que no suena muy creíble. Creo que ha frenado una caída libre en la que estaba inmersa Podemos, pero su posición ya no es la de “la esperanza blanca” con la que emergió hace tan solo cinco años.

Intentó recuperar su posición de socio preferente para el PSOE, pero eso solo se sabrá después de las elecciones, y su posición postelectoral ya no será ni la de abril, ni la de mayo ni la de septiembre. Iglesias ha madurado en estas elecciones, lo que quizás sea tarde, porque ha generado demasiadas desconfianzas. No se puede ser humilde cuando uno no se lo ha creído nunca, ni intentar modificar una línea estratégica bruscamente, cuando eso ha supuesto la ruptura interna de su propio partido.

Por último, el PSOE y Pedro Sánchez. Sorprendentemente, la mayoría de politólogos y comentaristas han coincidido. Era el blanco a batir, la diana sobre la que todos iban a verter críticas. Entró solo y salió solo. Entró como Presidente y salió como Presidente. Ganó. Y ganó porque era la posición más complicada, pero la superó con creces. Ya que el ataque de todos lo que hizo fue posicionarlo como Gobierno.

Aunque, como todos los candidatos, su éxito o fracaso dependerá de los votos del domingo. De momento, consiguió situarse por encima del resto de candidatos, aglutinar su militancia y, seguramente, reconquistar votos.

Dicho todo eso, la incógnita está el próximo domingo en el resultado de las urnas. Los dos bloques parece que siguen, aparentemente, igual; pero los actores de esos bloques no. Y habrá perdedores y ganadores.