DESPOLITIZACIÓN Y DESMOVILIZACIÓN ELECTORAL EN LA SOCIEDAD ESPAÑOLA

La situación política española que tiene como causa la disolución de las Cortes Generales por no haberse podido investir un nuevo Presidente del Gobierno, está provocando curiosos efectos colaterales que pueden llegar a tener incidencia en los propios resultados del próximo 10 de noviembre.

Empecemos por el fenómeno de la despolitización o, dicho de otra manera, por el fenómeno del rechazo de la política. Entre otras expresiones de este fenómeno tenemos uno especialmente llamativo. Me refiero al menosprecio y a la deslegitimación de los “políticos” y de los partidos a los que se culpa del fracaso en la formación del Gobierno y de la nueva convocatoria electoral. Culpar a los “políticos” (sic) es, intelectualmente hablando, un gesto basto, propio de personas de escasas luces porque los “políticos” son una categoría genérica que nada aporta para conocer la naturaleza de la política. Ese rechazo a todos los actores de la política, ese intento de meter en una misma categoría sujetos políticos muy distintos, se manifiesta actualmente en buscar un “culpable” por la no formación del Gobierno: los “políticos”, los partidos no han sido capaces de llegar a la investidura. Pero estas afirmaciones no son aceptables ni como una broma. Además de las causas estructurales que veremos más abajo, no se ha formado Gobierno porque la extrema izquierda de Iglesias Turrión tiene en su acta fundacional que no gobierne el P.S.O.E. como se sabe desde 2016 (tres años y medio). No se ha formado Gobierno porque la derecha del Partido Popular, a diferencia de lo que pedía en el otoño de 2016, no se ha abstenido ante un eventual Gobierno socialista. No se ha formado Gobierno, en fin, porque Ciudadanos y su líder Rivera, separándose de las intenciones de los grupos empresariales que apoyaron su nacimiento en Cataluña, quiso rebasar al Partido Popular y compitió con éste en un programa extremista y agresivo. Por estas razones no se ha formado Gobierno, aunque si leemos los artículos de Juan Luis Cebrián en El País deberíamos buscar la responsabilidad en una inexistente “clase política” egoísta que se mira al ombligo y desprecia los intereses de los ciudadanos.

Este desprecio de la política puede tener efectos devastadores en el comportamiento electoral del 10 de noviembre porque provoca la desmovilización de los electores, a los que se transmite el mensaje de que todos los partidos son iguales y no vale la pena votar a ninguno. Lo más preocupante es que esa desmovilización planea más sobre los electores de izquierdas que de derechas. Los electores de derechas son menos volátiles y no se les ocurre desmovilizarse porque discrepen de sus partidos: ya veremos cómo los votantes de la derecha, olvidadas las veleidades hacia Ciudadanos y hacia Vox, acuden a votar en masa al Partido Popular. En cambio, ese mensaje de la antipolítica puede calar en los votantes de la izquierda, más críticos que los de derecha, y puede provocar cierta abstención que sólo beneficia al Partido Popular. Por eso se debe decir sin eufemismos que la crítica genérica a los “políticos” y a los partidos (tan habitual en medios progresistas como la Cadena SRR y El País) beneficia de rebote a la derecha porque desmoviliza a la izquierda. 

La antipolíica que beneficia a la derecha y perjudica a la izquierda tiende a olvidar que todo comportamiento político posee un sustrato estructural que es el que ayuda a entender situaciones atípicas. A este respecto, José Félix Tezanos escribía recientemente que “de nada servirá efectuar manifestaciones personales de rabia y frustración dramatizadas, ni atizar las llamas inquisitoriales en la búsqueda de culpables y de chivos expiatorios” (“¿Cómo salir de los bloqueos políticos?”, Temas para el debate, núm. 299, octubre 2019, pág.7). Es decir, no hay una red perversa que quiere hundir la política de este país pues todo partido actúa, con acierto y con error, conforme a sus propias estrategias. Y si estamos en la situación actual, como he escrito aquí otras veces, es porque la crisis económica de 2008 y la política devastadora del Gobierno de Rajoy provocó la ruptura del bipartidismo imperfecto implantado en 1977 y la Constitución y las Leyes políticas no están pensadas para aplicarse en el contexto multipartidista.

Por eso hay que lograr unos resultados que, a partir de la movilización de la izquierda, aseguren la gobernabilidad. Y tras ello, hay que buscar nuevos mecanismos constitucionales y legales que contribuyan a salir del bloqueo que pende sobre nuestras cabezas.