DESPERTAR

Despertar, como escribió Tranströmer, es un salto en paracaídas del sueño. Tras las elecciones generales del 28 de abril, el despertar para los distintos líderes políticos españoles no ha sido el mismo. En las primeras horas de la noche del domingo, según se iban contando las papeletas de las urnas en cada uno de los colegios electorales de España, los sueños y los deseos de cambio de la mayoría de los españoles se iban haciendo realidad. Cada escaño que obtenían los partidos de progreso, y especialmente el PSOE, era un paso hacia un futuro en convivencia, progreso e igualdad.

Pero también, junto al sentimiento de victoria, había un sentimiento de alivio, porque esta vez no se había producido la gran sorpresa. El gran salto hacia atrás, que habría supuesto un gobierno de las dos derechas y la extrema derecha.

Demasiado reciente en la vida de millones de ciudadanos tanto sufrimiento; demasiado reciente tanto recorte de servicios públicos; demasiado reciente tanto recorte de derechos y libertades por parte de los gobiernos del PP, hicieron reaccionar y movilizarse a muchos españoles que en otras ocasiones no habrían participado.

En las primeras horas de la noche del domingo toda España podía ver cómo, tras once años, el PSOE volvía a ganar las elecciones generales. Un éxito del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, un éxito para el PSOE y un éxito para el país. España, había decidido mayoritariamente dar estabilidad al gobierno actual. 7,5 millones de votos, el 28,7 por ciento, 123 escaños en el Congreso y mayoría absoluta en el Senado.

Pero mientras la noche primaveral en la calle Ferraz reflejaba la alegría de la victoria, esa misma noche primaveral yacía desierta en la calle Génova, sede del PP. 4.3 millones de votos, pasar de 137 a 66 escaños en el Congreso, ser residuales en el Senado tras perder la mayoría absoluta, y tener solo 9 diputados más que Ciudadanos y escasamente 200.000 votos más, despertaron al PP y a su líder, Pablo Casado.

Si despertar, como escribió Tranströmer, es un salto en paracaídas del sueño. El paracaídas, a Pablo Casado y a el PP se le abrió tarde y mal. Porque de su sueño de las tres derechas gobernando en España, con él de presidente del Gobierno, pasó a intentar digerir una pesadilla en forma de debacle histórica para su formación política.

Dicen que, en las primeras horas del día, la conciencia puede abarcar el mundo. Y eso ha debido pensar Pablo Casado que, al día siguiente de la debacle, de repente, tras despertar, con el agobio de unas elecciones europeas, autonómicas y municipales en dos semanas, decidió mudar de piel, decidió mudar de pensamiento y estrategia y descubrir algo que ya sabía la sociedad española, que Vox es un partido de extrema derecha, que el PP es de centro-derecha, y que puede llegar a algunos acuerdos de Estado con el Gobierno socialista. ¡Lo que hace el instinto de supervivencia!

Muchos descubrimientos nuevos para tan poca conciencia. Pero, sobre todo, mucho teatro, por no decir engaño, para una sociedad, la española, que está cansada de que la engañen. El PP, necesita cambiar si quiere sobrevivir, y es cierto que por no hacer bien el trabajo de regeneración antes, ahora están en el peor momento que les ha podido tocar a quince días para unas nuevas elecciones.

A pesar de ello, es preciso recordar a Pablo Casado, pero también a Ciudadanos y Vox, que no vale todo por un puñado de votos, que encima muchas veces ni llegan. En democracia, es preciso unir a las sociedades y no dividirlas, como han pretendido en este último año. Espero que hayan aprendido la lección y abandonen la división, la polarización y la crispación.

La lección que ha dado España, mirando hacia el fututo, el progreso y la convivencia, no puede ser un espejismo. Las españolas y españoles que se movilizaron para que el PSOE ganara las elecciones generales tienen que volver a hacerlo en las elecciones europeas, autonómicas y municipales.

¿Por qué? Porque no es lo mismo unas instituciones europeas que promuevan el bienestar o la austeridad; porque no es lo mismo privatizar la sanidad o la educación, que aumentar los servicios públicos y su calidad; y porque no es lo mismo una ciudad limpia, segura y sin contaminación, que una ciudad para la especulación.

El voto, el último domingo de mayo, tiene que servir para llevar la luz de la primavera a muchas instituciones que llevan padeciendo, durante muchos años, el oscuro otoño de gobiernos del PP.