DEMOCRACIA AMENAZADA

La democracia languidece, en un escenario donde el miedo y la incertidumbre atenazan a un número cada vez mayor de ciudadanos. Pero puede recuperar su vigor y su fuerza. Sólo es preciso ampliar los espacios de libertad, bienestar y seguridad, para todos los seres humanos, a través de un nuevo impulso democrático en esta ocasión global.

Qué fácil parece todo cuando se afirma o describe en unas pocas líneas. Y más, siendo consciente que una cosa es saber lo que se tiene que hacer y otra muy distinta es ser capaz de hacerlo. Como demuestran los datos sobre ampliaciones o reducciones netas de derechos políticos y libertades civiles en los distintos países. Aun así, hay que intentarlo y dejar de ser un espectador en la vida, porque pequeños y continuos cambios en la dirección de más democracia e igualdad, transformarán a las personas y las prioridades de la sociedad.

Durante los últimos once años, el mundo lleva experimentando una senda democrática descendente. El último ejemplo de esta tendencia alarmante, la encontramos en que sesenta y siete países sufrieron reducciones netas de derechos políticos y libertades civiles, durante el año 2016. En sentido positivo, se puede afirmar que, en los últimos doce meses, treinta y seis países han registrado aumentos de derechos políticos y libertades civiles, como señala Freedom House en su informa anual de Libertad en el Mundo.

Hoy en el mundo, hay 87 países que pueden denominarse libres. En estos países, que suponen el cuarenta y cinco por ciento del total, habitan 2.886.000.000 personas, es decir, el treinta y nueve por ciento de la población de la tierra.

Hay 59 países, que representan el treinta por ciento, que son parcialmente libres. En estos Estados viven 1.850.000.000 de personas. El veinticinco por ciento de la población total del planeta. Y por último, hay 49 países, que representan el 25 por ciento del total, que no son libres. Y en ellos, habitan 2.664.000.000 personas, el treinta y seis por ciento de la población mundial.

Pero no es solo una cuestión numérica. Aunque se ha producido un descenso del dos por ciento en el total de países libres entre el año 2006 y el año 2016, desde un cuarenta y siete por ciento a un cuarenta y cinco. Y ha aumentado un dos por ciento el número de países que son considerados no libres. También es una cuestión cualitativa, porque siendo cierto que en los últimos años las reducciones de la libertad se concentraban en general entre las autocracias y las dictaduras que, como señala Freedom House, iban de mal en peor, en 2016 fueron las democracias consolidadas donde se produjeron más recortes. Destacando Europa, donde casi la cuarta parte de los países que registraron descensos en 2016 estaban en este continente.

En Europa Central, el triunfo de líderes populistas en las elecciones ha provocado fuertes retrocesos democráticos, que pueden extenderse a más países. Entre ellos, destacan Hungría y Polonia. En Hungría, desde 2010, con la victoria de Viktor Orbán, no solo está beneficiando a una élite económica afín, sino que tiene comportamientos que chocan con el Estado de Derecho, como se ha podido observar con sus acciones con los refugiados. En Polonia, desde la victoria del Partido Ley y Justicia (PiS) se ha producido una ocupación del poder por parte de este partido, que ha debilitado gravemente las instituciones democráticas.

El ascenso de partidos populistas y antisistema también se está produciendo en Francia, Alemania, Austria, Holanda, España, República Checa lo que está provocando un debilitamiento de los valores democráticos que puede provocar un cambio radical en el panorama político europeo los próximos meses, con elecciones en varios países. Como señala Freedom House, “la xenofobia, la intolerancia religiosa y, en algunos casos, la neutralización de las instituciones democráticas por motivos partidistas están ganando aceptación entre los votantes y los funcionarios gubernamentales”.

Además, la UE, dentro de su desorientación ante el auge de los populismos y movimientos antisistema, realizó un acuerdo vergonzante con Turquía para expulsar refugiados. La respuesta del Presidente turco ha sido establecer un estado de emergencia, donde se han suspendido las libertades, tras un intento fallido de golpe de estado. Y claro, Europa está por la crítica formal y no por la actuación real en defensa de la democracia y la libertad.

Este escenario, está siendo aprovechado por los Estados no libres para realizar dos políticas complementarias. Por una parte, saltarse más libremente los derechos humanos y establecer colaboraciones entre ellos de auxilio mutuo, ya sea para evitar sanciones o prestarse apoyo ante posibles debilidades que puedan llegar a su derrocamiento. Y por otra, más reciente, están destinando muchos recursos para apoyar a los movimientos populistas de las democracias europeas y americanas para debilitarlas desde dentro. El último ejemplo, ha sido la injerencia rusa en las elecciones Presidenciales de EEUU, que ha traído como consecuencia que en Holanda se haya vuelto al recuento electoral manual para evitar posibles manipulaciones.

Los tiempos son complicados, los miedos aumentan y es preciso frenar la amenaza democrática que suponen los populismos nacionalistas y los excesos de los Estados no democráticos. Para ello, hay que afianzar la utilidad de la democracia, los derechos humanos y el Estado de Derecho. Y ello, solo se conseguirá con más igualdad, libertad y justicia social para todos, y especialmente para las personas que están más desprotegidas.

Este es el camino.