Rafael Simancas

DEMASIADOS REGATES

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Felipe González llegó a describir la situación política de nuestro país tras los resultados electorales del 20 de diciembre como “Italia sin italianos”, y el discurrir de los acontecimientos, por desgracia, le está dando la razón. Contamos con una representación política extraordinariamente fraccionada pero, al menos hasta ahora, no contamos ni con la disposición ni con la pericia de los políticos italianos para gestionarla con acierto.

Por vez primera desde la Transición Democrática, la formación de una mayoría de Gobierno no puede deducirse de manera clara y directa a partir del resultado de las urnas. El mandato de los electores apunta claramente al entendimiento y al acuerdo entre diferentes. Pero resulta evidente que no estamos a la altura del reto.

En el mes largo que ha transcurrido desde la jornada electoral, el cálculo de los intereses partidarios ha primado sobre la generosidad a favor de los intereses generales. Los tacticismos de vuelo bajo se han impuesto sobre las estrategias de altura. Y las fintas, los regates cortos y las teatralizaciones predominan sobre los diálogos sinceros y la búsqueda honesta de metas comunes.

El primero en apuntarse al esperpento ha sido el mismísimo presidente del Gobierno en funciones y candidato del partido más votado. Mariano Rajoy ha desairado al Jefe del Estado y ha tomado el pelo a los españoles declinando el encargo de intentar una investidura, “pero solo por ahora”. El candidato del PP actúa como si los tiempos y los procedimientos formales de nuestra democracia pudieran ponerse a disposición de sus intereses personales.

Rajoy debe aclarar al Rey y a los españoles si es candidato a la presidencia del Gobierno o si no lo es. Si se declara dispuesto a intentarlo debe asumir el encargo, entablar las negociaciones precisas y someterse al voto del Congreso. Tanto el Rey como la Mesa del Congreso le darán todas las facilidades en cuanto a los plazos que necesite para tal labor, pero no puede despachar el asunto con un “Ahora no, pero ya veremos si me conviene más adelante”. ¿Calculaba Rajoy entonces el efecto de las últimas detenciones de corruptos populares sobre su debate de investidura? ¿De verdad cree que alguien podrá olvidarse de la corrupción del PP porque pasen unas semanas? Inaceptable.

Los dirigentes de Podemos han tomado las instituciones por un plató televisivo más, desde el primer momento. Nada más llegar al Parlamento proclamaron que por fin se sentaba en los escaños “la genuina representación de la gente”, como si los demás diputados representáramos al resto del reino animal. Utilizaron la formalidad del acatamiento a la legalidad vigente como una oportunidad para reiterar sus consignas partidarias, como si los demás hubiéramos renunciado a defender nuestros valores o propuestas, o como si no hubiera otras oportunidades para hacerlo conforme a los cauces y tiempos que establecen las normas.

Los líderes de Podemos formulan sus presuntas ofertas de acuerdo de Gobierno mediante una escenificación insultante para aquellos a quienes presuntamente está dirigida la oferta. ¿Cómo puede ser el destinatario de la oferta el último en enterarse de la misma? ¿Cómo puede confiarse en una propuesta que se presenta con el aderezo de descalificaciones como “las viejas maquinarias partidistas” o “el PSOE pondría hoy su firma bajo cualquier papel”, y las alusiones al “nuevo búnker” franquista o al “viejo turnismo” predemocrático? ¿Es aceptable una propuesta que antes de tratar sobre el qué hacer ya ha dispuesto quiénes ocuparán cada ministerio?

Cuando las propuestas no se plantean con seriedad cabe sospechar sobre la intención auténtica del proponente. ¿Qué buscaban? ¿Imposibilitar el acuerdo? ¿Hacerlo increíble? ¿Forzar la repetición de las elecciones? Sería muy lamentable. Como lamentable es también que reiteraran el discurso del falso acuerdo PP-PSOE y el supuesto búnker, a propósito de una asignación de escaños en el hemiciclo que no les gusta y que, efectivamente, puede ser discutible. ¿También el lugar en el que se sienta Iglesias o Errejón es objeto de la “conspiración de las élites”?

Este es el panorama lamentable con que algunos han respondido al reto planteado por los electores: los regates de Rajoy, las teatralizaciones de Podemos y el ridículo de los independentistas catalanes rasgándose hipócritamente las vestiduras porque no han sido recibidos por el Jefe de un Estado que no reconocen y que quieren destruir.

El PSOE es prácticamente el único actor político relevante que ha mantenido la misma posición responsable desde la misma noche del 20 de diciembre. A Rajoy le corresponde legítimamente intentar la investidura en primer lugar. Los socialistas nos opondremos a su investidura. Y si Rajoy fracasa, convocaremos al resto de las fuerzas del cambio a un acuerdo para intentar la formación de un gobierno alternativo, progresista y reformista.

Ojalá Rajoy actúe con responsabilidad y aclare de una vez si es candidato a la investidura o si renuncia definitivamente. Y, si Rajoy fracasa, ojalá entonces las fuerzas que han obtenido el mandato ciudadano de propiciar el cambio, del PSOE a Podemos, Ciudadanos y Unidad Popular, puedan llevar a cabo un diálogo sincero y transparente, para dar pie a la formación de un gobierno que afronte las reformas pendientes para la recuperación justa y la regeneración democrática en nuestro país.