DE ESPECTADORES, FANS Y MILITANTES

La desconfianza en los partidos políticos continúa aumentando de manera constante. Así, en los últimos años, el 80% de los ciudadanos de la UE y más del 90% de los españoles tiende a desconfiar de los mismos. A pesar del rechazo evidente de la población hacia los partidos políticos, hay que afirmar que éstos siguen siendo el canal más importante para la participación política y ciudadana en cualquier democracia. No hay democracia sin partidos políticos.

Entonces, ¿qué está ocurriendo? Siendo la respuesta compleja, se puede decir que, en la sociedad mediática en la que vivimos, se ha producido un fenómeno de exaltación y prevalencia de la figura de los líderes sobre las organizaciones políticas a las que pertenecen. Este hecho ha provocado una subordinación de los partidos políticos y sus militantes a las decisiones y deseos del líder, que es muy mal visto por la sociedad en su conjunto.

Y es aquí, en las personas que militan en un partido político, donde quiero llegar en esta ocasión. Lo primero que hay que constatar es que los ciudadanos que deciden afiliarse a una formación política son un número muy reducido del conjunto de la población. Por tanto, estos ciudadanos que desean participar activamente, y deciden canalizar su participación a través de un partido político, no deberían, al tomar esta decisión, perder derechos de ciudadanía sino aumentarlos, en cuanto a su libertad de opinión, reunión o decisión. Pero, ¿qué pasa realmente con las personas que deciden afiliarse a un partido político?

Durante las últimas décadas, las personas que se han animado a afiliarse a un partido político han pasado por varias situaciones. Entre ellas, se pueden destacar: el militante como espectador, la más vigente durante las últimas décadas; el militante como fan, de más reciente creación, y el militante como militante, que es a la que hay que llegar.

El militante como espectador. El culto al líder y la subordinación a sus decisiones han traído como una de sus consecuencias que los espacios de debate y decisiones colectivas han ido reduciéndose. Los hiperliderazgos y la burocracia interna no solo no han fomentado, sino que han impedido y obstaculizado una participación cada vez más demandada en la sociedad en su conjunto, y en el interior de los propios partidos. De esta manera, los afiliados de base de los partidos han visto como su papel cada vez era más pasivo, y se iba asemejando al público de un gran espectáculo, que sólo tiene el recurso del aplauso o, en el mejor de los casos, la ausencia o el silencio disconforme. Eso sí, mientras, en los estatutos de las organizaciones, se plasma una supuesta participación, que no es tal.

Pero algo está cambiando. La demanda de participación en los partidos ha dado lugar a espacios de mayor participación para la militancia en la elección de sus líderes, con un militante un voto. Fórmula positiva, que en algunos casos ha provocado el efecto contrario. Es decir, la individualización en la elección del líder, sobre el proyecto colectivo, ha servido para reducir aún más los espacios democráticos de participación. ¿Cómo? Con el argumento de que cualquier demanda de debate o discrepancia en la estrategia es acusada de desleal por la burocracia interna al servicio del líder. Así se marchitan los espacios de debate y decisión para la inmensa mayoría de la militancia.

En este contexto, recientemente se está produciendo un fenómeno nuevo, importado del mundo de la música, que entorpece la necesaria profundización en el debate y en las decisiones de los militantes. Me refiero a una especie de fenómeno fans que se produce en algunos militantes en relación a un líder. Se puede hablar de la existencia de fans del líder.

Personas que lo que las define principalmente es ser admirador o seguidor de alguien dentro de la organización. Son gente apasionada, que al volverse fan dedican gran tiempo de su vida a seguir y apoyar siempre a su líder, haga lo que haga, se equivoque o no. Al sentirse orgullosos de apoyar a su líder/ídolo, y crear un vínculo afectivo fuerte con él y los demás miembros del grupo, no dudan en atacar a todas aquellas personas que dentro o fuera del partido político tienen posiciones diferentes a su líder.

Tanto el militante como espectador, como el más reciente militante como fan, tienen que ser superados, para que los partidos políticos recuperen protagonismo social sobre la base de una amplia participación de los afiliados en el debate y en la toma de decisiones. Junto a ello, en sociedades tan diversas como las actuales, es preciso consagrar el pluralismo interno en los partidos políticos, como medio más democrático y eficaz para conseguir mayorías políticas que te permitan llegar al gobierno y cambiar la sociedad.

Por tanto, potenciar la figura del afiliado, como instrumento fundamental para el avance del partido político y como elemento central de enlace con la ciudadanía, es la base sobre la que deben pilotar los partidos políticos que quieran tener futuro. Esto significa articular mecanismos internos para lograr que los militantes de base puedan tener mayor peso en la toma de decisiones internas (programas, elección del líder por primarias al igual que los candidatos, representación de las minorías en los órganos mediante voto proporcional, etc.), con el objetivo de aumentar la implicación y el compromiso activo de estos, y aumentar la base democrática real de los partidos políticos.