DE DÓNDE VENIMOS Y A DÓNDE VAMOS

somoza180116

Sirva esta primera tribuna de 2016 para hacer una breve reseña de lo que, en términos macroeconómicos, ha supuesto el año 2015 y aventurar lo que puede ser 2016, aun a pesar de que el resultado de las pasadas elecciones generales deja en la incertidumbre la orientación de la política económica del nuevo Gobierno, y por ende la intensidad del ajuste presupuestario que debería negociarse con la Comisión Europea que ya avisó de esto, a la luz de los presupuestos aprobados en los estertores de la presidencia de Rajoy. El hecho de que países europeos del peso de Francia e Italia también manifiesten incumplimientos de los compromisos de equilibrio presupuestario puede favorecer la posición negociadora.

El crecimiento del PIB en 2015 ha sido importante. Obviamente, a estas fechas no se dispone del dato definitivo, pero todo parece indicar que será superior al 3%, probablemente el 3,2%. Este crecimiento vendría explicado por la demanda interna, tanto por parte del consumo como la inversión, aunque en los últimos meses parece que ésta ha podido frenarse. En definitiva, el consumo privado de las familias y empresas aparecería como el principal motor del crecimiento económico, que ha cogido el relevo al sector exterior que tan positivo comportamiento tuvo durante la mayor parte de la crisis. Más de 500 mil nuevos afiliados a la Seguridad Social sustentarían esta recuperación de la demanda, así como más de siete años de “ajustarse el cinturón” por parte de los trabajadores/familias que lograron mantener el empleo en este período y que, sin ver todavía una sólida recuperación, habrían adoptado decisiones de consumo, frente a años anteriores en los que gran parte de la renta bruta se destinaba a disminuir, lentamente, los niveles de endeudamiento. 2015 ha supuesto la recuperación del consumo, aunque no tanto de la inversión por ponerle un pero.

Como ya hemos manifestado en pasados comentarios de esta sección de Coyuntura Económica, la economía española ha tenido este 2015 el viento de cola. Tanto la política monetaria implementada por el BCE (es verdad que podríamos decir que tardíamente), la depreciación del euro y la evolución del precio de las materias primas, sobre todo del petróleo, ha supuesto un importante incremento de las disponibilidades líquidas en manos de los agentes económicos (empresas, hogares y sector público) lo que sin duda ha sumado bastantes décimas el PIB, sin que pueda achacarse tal cuestión a la actuación del Gobierno español. Los precios, que han finalizado el año con un IPC en el 0%, parece que no vayan a conducirnos auna preocupante crisis deflacionaria, temida enfermedad para la cual no existe una receta clara. Y con relación a otro de los tradicionales desequilibrios de la economía española, el déficit exterior, el balance a octubre es de un superávit de balanza corriente que casi triplica al que teníamos en 2014.

Hasta ahora los signos vitales más positivos del convaleciente que todavía padece importantes secuelas de la crisis y problemas estructurales. El endeudamiento de las AAPP es ya de casi el 100% del PIB y parece improbable que se pueda corregir de manera significativa en años venideros; y además el funcionamiento del mercado de trabajo sigue siendo deficiente, pues la tasa de paro continúa en un indecente 21%, y las características del empleo creado no parecen incidir en su calidad, y todo ello cuando ya estamos previendo una desaceleración para el año que ahora comienza.

En efecto, para 2016 el crecimiento económico parece que se quedará por debajo del registrado en 2015, lo que reducirá el ritmo de generación de empleo. La incertidumbre relativa a los problemas para la formación de un nuevo Gobierno es un elemento que no contribuye a corregir esta situación, pues los grados de libertad con los que cuenta cualquier nuevo Ejecutivo que quiera modificar la senda de la política económica son reducidos, siempre tutelados por las autoridades económicas europeas y los prestatarios internacionales. Los riesgos de deterioro son grandes si los inversores intuyen desgobierno e inestabilidad.

En el plano internacional, tampoco encontramos elementos favorecedores del dinamismo económico y más bien son los elementos de riesgo los que inclinan la balanza: la desaceleración de la economía China, la crisis en los países emergentes por la caída de las cotizaciones de las materias primas, un precio del barril de petróleo que a día de hoy en el entorno de los 30 euros no predice sino atonía de la demanda (aunque para España los efectos globales de estos niveles puedan ser positivos). En EEUU ya ha comenzado una senda de normalización de la política monetaria y, en consecuencia, elevación progresiva de los tipos de interés, mientras que en Europa (área Euro) las condiciones monetarias seguirán siendo expansivas, con tipos de interés bajos y un euro débil.