DAESH: ¿DERROTA FINAL O ENÉSIMA TRANSFORMACIÓN DEL JIHADISMO?

sacaluga191016

Ha comenzado lo que parece ser la penúltima batalla en la guerra contra el Daesh. Se está librando en Mosul, segunda ciudad de Iraq en población, capital del autoproclamado Califato y epicentro de su poder económico y propagandístico.

LA BATALLA DE MOSUL

Los análisis previos anticipan una campaña sangrienta que puede durar dos meses o más, según el optimismo o la cautela de unos u otros. Todos, en cambio, coinciden en el pronóstico sobre el resultado: ganará la denominada coalición. ¿Quiénes la componen? Un complejo y desigual conglomerado de fuerzas compuesto por el ejército regular, la policía federal y las fuerzas antiterroristas de Iraq, los peshmerga (milicianos) kurdos, las milicias chiíes pro-iraníes semiautónomas, fuerzas tribales sunníes y rebeldes pro-turcos. En labor de apoyo, protección y orientación, la aviación, los servicios de inteligencia y las fuerzas especiales norteamericanas y otros efectivos militares europeos (1).

El pronóstico es palmario. Ante tal despliegue de fuerza, los jihadistas (entre 3.000 y 5.000 según las fuentes) sólo tienen contadas opciones: una resistencia parcialmente subterránea, numantina, horriblemente destructiva y sangrienta, con la aniquilación como único horizonte plausible; la huida (muy improbable, al menos en condiciones favorables); o la rendición incondicional (convertida en otra forma de sacrificio, ya que nadie garantiza clemencia a los derrotados).

Uno de los principales expertos en Iraq, por su experiencia directa en varias zonas del país, Michael Knigths. Este analista asegura que son muy improbables los llamados “escenarios pesadilla” (sacrificio de gran parte de la población convertida en escudos humanos, voladura de los puentes sobre el Tigris, destrucción de los sistemas de agua y electricidad, desencuentros o malentendidos entre los asaltantes y la resistencia local o enfrentamientos sectarios entre los distintos grupos de la coalición). La extensa red de vigilancia aérea y sobre el terreno desplegada durante meses por Estados Unidos y el Gobierno iraquí parece suficiente para prevenir estos desastres (2).

Quién sabe. En todo caso, el verdadero debate sobre la campaña de Mosul no es militar, por mucho que en algunos medios se sienta de nuevo esa excitación que sólo parecen despertar las noticias bélicas. En Mosul se juega, a decir de muchos observadores, el futuro cercano de Iraq. Y, quizás, de toda la región.

Lo más difícil no será expulsar al Daesh sino establecer en la ciudad y en su área de influencia (provincia de Ninive y aledañas en el norte del país) un sistema que garantice la estabilidad y la convivencia entre nacionalidades, etnias y confesiones (3). La ambición de las potencias regionales limítrofes (Turquía e Irán) y la incertidumbre sobre la política de la nueva Administración norteamericana hacen imposible prever un desenlace satisfactorio de este dilema político. Por no hablar del fantasma de la partición (4), una tentación o amenaza que resulta también recurrente en Siria.

LA REESCRITURA DE LAS PROFECÍAS

Otro factor que complica la estabilidad es la vecina guerra de Siria. Si el Daesh pierde su capital institucional y económica, se verá obligado a librar su última batalla en Raqqa, su bastión militante y propagandístico en Siria. En las últimas semanas habrían llegado a esta ciudad cientos de cuadros del califato acompañados de sus familias, procedentes de Mosul, para escapar del exterminio anunciado. Seguramente, apenas conseguirán aplazar su aniquilación. Las posiciones del Daesh en Siria están diluyéndose por días.

El pasado fin de semana los extremistas abandonaron Dabiq, localidad emblemática como pocas, donde la propaganda califal situaba la que debía ser victoria definitiva contra los cruzados, según una ancestral profecía. Los rebeldes sirios pro-turcos se apoderaron de la ciudad con una facilidad mucho mayor de lo esperados, desmintiendo pronósticos de sacrificio masivo de los milicianos califales. La propaganda jihadista, en un reflejo orwelliano, ya está reescribiendo sus proclamas de hace dos años y anunciando que “no era aún el momento de la batalla definitiva” y otros mensajes de improbable fortuna (5).

El ISIS (o Daesh) está acabado. Todo indica que Obama dejará la Casa Blanca con ese objetivo prácticamente cumplido. Otra cosa es que el extremismo islámico esté derrotado. Eso sería una pretensión irreal, absurda. Después de todo, este Estado Islámico es heredero de otras formaciones similares o análogas que se solapan y suceden de forma espontánea, casi inevitable. La propuesta extremista desde una óptica político-religiosa es una realidad que será difícil desarraigar en Oriente Medio durante generaciones, mientras no haya un cambio en las condiciones de vida de la población, un giro impensable en las políticas de las potencias occidentales en la zona y un reequilibrio de las opciones políticas locales o regionales.

La derrota (militar) del Califato puede alentar la narrativa del martirio, muy fértil en aquellas mentalidades, por incomprensible que nos resulte a los occidentales. De las ruinas de Al Qaeda, devastada tras el 11-S, emergió una nueva corriente de extremismo islámico que el Daesh supo interpretar, reorientar o liderar. Lo más probable es que otra formación, se llame como se llame, emerja del apocalipsis jihadista que se perfila en Mosul y Raqqa.

De hecho, los líderes del Califato ya han anticipado su destrucción y han ensayado alternativas de supervivencia: en África, en Asia, pero sobre todo en Occidente. El ISIS perderá su condición de Estado (lo ha perdido ya) y regresará (ya lo está haciendo) a la clásica forma de organización armada o terrorista. Si puede hará daño, mucho daño, Europa, con atentados de gran envergadura. Cuando los militares de élite occidentales terminen su trabajo en Iraq y en Siria, se multiplicará el trabajo de los distintos cuerpos policiales y de inteligencia, sometidos ya a una presión enorme, en Europa, en Estados Unidos y en otras latitudes.

Las profecías no se cumplen casi nunca, como en Dabiq; los pronósticos, sólo a medias. Y las batallas desiguales como la que se va a librar en Mosul, o próximamente en Raqqa y otros enclaves de Siria, terminan replicándose en nuestras ciudades, en forma de coches-bombas, atentados suicidas y cualquier otra forma de venganzas mortales.

NOTAS

(1) “Quelles sont les forces en présence por la bataille de Mossul”; Comment la bataille contre l’Etat islamique se prépare-t-elle autour de Mossoul?”. LE MONDE, 17 de octubre.

(2) “The liberation of Mosul will go betther than you thought”. MICHAEL KNIGHTS. THE WASHINGTON INSTITUTE, 18 de octubre.

(3) “Truly winning the battle of Mosul”.DANIEL BIMAN. MARKAZ,BROOKING INSTITUTION, 18 de octubre.

(4) “Is protecting Mosul minorities an excuse for partition?”. BEVERLY MILTON-EDWARDS. AL JAZEERA, 17 de octubre.

(5) “After losses in Sira and Iraq, ISIS moves the goal posts”. NEW YORK TIMES, 18 de octubre.