CUANDO UN PARTIDO DECLINA ELECTORALMENTE

gfdez280916

La historia de los partidos políticos europeos es la historia de unos seres vivos que nacen, se desarrollan y se mueren. Es cierto que hay países más estables (el Reino Unido, Alemania) pero ni siquiera en países muy estables el sistema de partidos deja de estar en continuo movimiento pues siempre aparece algún partido y desaparece otro.

Esta reflexión viene a cuento acerca del declinar electoral del PSOE desde noviembre de 2011. Se entiende que muchos electores de izquierda no quisieran votar al partido que había reformado la Constitución en sentido neoliberal y que en la primavera de 2010 no había sabido afrontar la crisis más que a costa de recortes sociales. Pero en 2015 el Gobierno de Rodríguez Zapatero estaba muy lejano y a partir de esa fecha el PSOE no ha dejado de perder electores cada vez que se ha concurrido a las urnas.

La salida fácil de achacar los fracasos electorales a personas, a los dirigentes del partido perdedor, puede servir de desahogo pero no ayuda a parar la crisis porque hace depender de unas pocas personas la orientación de una gran organización. Es cierto que al ser el PSOE un partido socialdemócrata el fenómeno excede las fronteras españolas, pues se sitúa en la crisis de la socialdemocracia europea que también están experimentando los partidos alemán y francés y, con otros rasgos, los laboristas británicos. Pero también hay que analizar las causas nacionales del declive.

En una de las grandes obras sobre partidos políticos escritas en el siglo XX, Partidos y sistemas de partidos de Giovanni Sartori (Madrid, 1980), el politólogo italiano atribuía tres funciones a los partidos: expresión, canalización y comunicación. La función de expresión significa que el partido representa al pueblo al expresar las exigencias de éste. La función de canalización va más allá de la expresión y permite canalizar la opinión. Finalmente, la función de comunicación política permite recibir mensajes desde abajo y enviar mensajes desde arriba, con lo que ciudadano comunica cosas al Estado.

Este enfoque funcional de los partidos puede tener alguna otra utilidad, al igual que otras aportaciones más recientes (von Beyme, Mella, Ware) para situar el análisis del declive electoral en una doble perspectiva, funcional e ideológica.

¿El PSOE representaba al pueblo a partir de diciembre de 2015 y expresaba las exigencias de éste? Dejando a un lado a una fracción conservadora amplísima del pueblo, que se siente representada por el Partido Popular y una fracción minoritaria que se siente representada por los partidos independentistas, el pueblo que tiene aspiraciones y exigencias de igualdad y de bienestar no se ha sentido totalmente representado por el partido socialdemócrata y ha creído ver en un grupo de aventureros como Podemos el partido que podía expresar sus aspiraciones. Podemos y sus aliados, como se ve en los Parlamentos y en los Ayuntamientos donde están presentes, no expresan exigencias populares sino de minorías muy minoritarias (los manteros en Barcelona, o los africanos que saltan vallas en Madrid, por poner dos ejemplos) y sólo aspiran a controlar los aparatos del Estado como expresó Iglesias Turrión en su coral rueda de prensa en la que trató de subyugar al PSOE en enero de 2016. Pero lo cierto es que mucho ciudadano de izquierda todavía cree que Podemos puede expresar sus intereses, por lo que hace falta un trabajo muy intenso de canalización, en expresión de Sartori, para que los electores vuelvan a ver en el PSOE el partido que mejor representa al ciudadano para formar un Gobierno.

Como el arbitrismo es fácil y barato, pedir que el PSOE vuelva a desempeñar funciones de expresión (y tras ello, de canalización y comunicación) es también fácil pero hace falta algo más. Porque el PSOE falla en la comunicación hacia las franjas más jóvenes de la población que no conoce la labor modernizadora de los Gobiernos socialistas hasta 1996. Y falla también el nexo ideológico o programático, donde el ciudadano tiene que ver que el PSOE, a diferencia de otras socialdemocracias avejentadas de Europa, ofrece programas que atacan la crisis social a que nos ha llevado la crisis económica a partir de 2008. Si los grandes poderes económicos, con oportunismo, aprovecharon la crisis para acentuar los mecanismos de explotación sobre los trabajadores y las clases medias, ¿por qué el PSOE no puede ofrecer un programa realista pero radical para favorecer a los ciudadanos (jóvenes y no tan jóvenes) a los que la crisis ha expulsado del mercado de trabajo y les ha provocado precariedad laboral y vivencial.

Un nuevo programa regenerador no se elabora en dos meses. Hace falta una elaboración sosegada y minuciosa. Y una vez elaborado, hacen falta muchos meses para su difusión y para que cale en los ciudadanos. Pero no debería retrasarse su elaboración si queremos que cambie la percepción que muchos ciudadanos tienen del PSOE.