¿CUÁNDO SE DEBE CELEBRAR LA PRIMERA VOTACIÓN DE INVESTIDURA?

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Entre los rumores e hipótesis que corren al hilo de las reuniones que está manteniendo el Rey con los representantes de los grupos políticos con representación parlamentaria, circula la especie de que, como candidato del partido que más escaños tiene en el Congreso de los Diputados, Rajoy sería propuesto por el Monarca para acudir a esa Cámara para intentar obtener la investidura. Corre también la noticia o el rumor de que Rajoy ofrecerá al PSOE (y también a Ciudadanos) un acuerdo al exponer el programa político del Gobierno que pretende formar, pero no antes, es decir, que no parece que Rajoy vaya a tener más encuentros con el Secretario General del PSOE, Pedro Sánchez.

De ser cierto ese rumor, el PSOE tendría poco tiempo para analizar la propuesta de Rajoy y, lo que es más importante, escasísimas posibilidades de negociar con el Partido Popular. Hay que tener en cuenta que el Reglamento del Congreso de los Diputados no prevé ningún plazo para efectuar la primera votación después del debate entre el candidato y los representantes de los Grupos Parlamentarios (digo bien, Grupos Parlamentarios, porque en todos los debates de las dos Cámaras ya ni participan los grupos políticos que han acudido a entrevistarse con el Rey sino los Grupos Parlamentarios constituidos y los Diputados del Grupo Parlamentario Mixto) pero esta votación puede celebrarse de inmediato o muy poco tiempo después. Por consiguiente, es muy difícil que haya una mínima negociación entre el Partido Popular y el PSOE con el fin de que éste se abstenga o vote a favor del candidato Rajoy. Y con la correlación de partidos en el Congreso es seguro que el candidato conservador no obtendrá la mayoría absoluta de ciento setenta u seis votos, que la Constitución establece para elegir al Presidente del Gobierno en primera votación

En cambio, la Constitución sí ha establecido un plazo de cuarenta y ocho horas para celebrar la segunda votación, para la que sólo se requiere mayoría simple de votos, es decir, más votos positivos que negativos. A lo mejor en ese limitado plazo de dos días el candidato Rajoy logra convencer al PSOE para que se abstenga, pero realmente se presenta muy difícil. El problema es que si se celebra una primera votación, empieza correr el plazo preclusivo que conduce de derecho necesario a la convocatoria de elecciones dos meses después de la primera votación fracasada.

Como hay acuerdo amplio (aunque no unánime) en que no es bueno que se celebren nuevas elecciones y que esté en funciones un Gobierno durante, aproximadamente, seis meses, sería necesario que se efectuara una interpretación que no considerara ineluctable el “derecho natural” del partido que ha obtenido el mayor número de escaños a concurrir en primer lugar a la solicitar la investidura del Congreso de los Diputados. La Constitución no lo prevé ni lo puede prever.

Cuando se tuvo perspectiva para valorar los procesos constitucionales desarrollados en Europa después de 1918, un gran constitucionalista franco-ruso, Mirkine-Guetzévitch, habló del parlamentarismo racionalizado, caracterizado por el hecho de que una mayoría parlamentaria recibe el poder y elige al Gobierno (Modernas tendencias del Derecho constitucional, Madrid, 1934, págs. 13-19). Ese proceso jurídico trata de impedir las crisis gubernamentales prolongadas, como dijo el Tribunal Constitucional español en su sentencia de 6 de febrero de 1984, e inspira muy directamente nuestra Constitución. Han pasado ochenta años desde esa caracterización del parlamentarismo, pero su esencia es la misma: si el Parlamento otorga la confianza a un Gobierno es para que éste pueda gobernar con cierto desahogo. Por eso el Gobierno necesita en cualquier sistema parlamentario una mayoría suficiente, mayoría que se la puede proporcionar un solo partido o varios que formen mayoría parlamentaria.

Como he tenido ocasión de escribir recientemente (“Mitos sobre la investidura”, El País, 2 de enero de 2016), un partido que obtiene más escaños que los demás, pero no los suficientes para formar Gobierno, no es un partido vencedor. Es un partido perdedor, doblemente fracasado, porque ni ha obtenido suficientes escaños para gobernar solo ni ha sido capaz de convencer a otros partidos para que lo apoyen. Así le ocurrió en las pasadas elecciones municipales y autonómicas al Partido Popular y ha vuelto a ocurrirle en diciembre pasado. Y ese partido, por ser perdedor, no tiene un derecho especial a acudir al Congreso si se sabe que va a fracasar. En consecuencia, lo que importa en una democracia parlamentaria es que un partido, tenga más o menos votos que otros, logre obtener la confianza del Parlamento (en el mismo sentido, Tomás de la Quadra-Salcedo: “La función del rey constitucional”, Ahora, 15 de enero de 2016; y Antonio Torres del Moral: “Laguna en la investidura presidencial”, El Mundo, 18 de enero de 2016).

Todo ello nos lleva a una conclusión. De momento, el Rey sólo debe proponer como candidato a aquella persona de la que le conste, tras oír a los representantes de los grupos políticos, que tiene muchas posibilidades de obtener una votación suficiente, aunque sea por mayoría simple. Por hablar del caso de Mariano Rajoy, si éste informa al Rey de que sólo cuenta con el voto favorable de su partido y de Foro Asturias y la abstención de Ciudadanos y, al mismo tiempo, Pedro Sánchez informa al Monarca que, salvo pacto previo que no tiene visos de acordarse, el PSOE no va a votar a Rajoy, no tiene mucho sentido que ese candidato acuda al Congreso a recibir dos derrotas en sendas votaciones (que no importa, cada cuál es libre de sufrir cuantos revolcones quiera) y abrir el plazo que conduce en dos meses a la convocatoria de elecciones.

Por ello, sería aconsejable no precipitarse, que Rajoy no extorsione con su deseo de acudir al Congreso bajo la amenaza implícita de la disolución, y que se busque un entendimiento. Evidentemente, no se puede estar muchas semanas sin investidura, a fortiori cuando la Constitución contiene una laguna que no permite desatascar la situación, sino mediante una votación de investidura fracasada, como advertí en el citado artículo y ha repetido Torres del Moral. Pero no pasaría nada si el Rey celebrara no una sino dos o tres rondas de información siempre, claro está, que Rajoy (o mejor aún, el Partido Popular sin Rajoy) hiciera varias ofertas al PSOE y a Ciudadanos.