CRISIS Y SUPERVIVENCIAS

Cada ciclo electoral contiene una lógica interna que lo mueve, lo condiciona, establece los parámetros que son funcionales. En el que nos encontramos se inició con los últimos años del gobierno Zapatero. La crisis económica y su gestión feroz se combinaron con las protestas sociales del no nos representan, para hundir al PSOE en la miseria electoral de 2011. El PP, con un regate en corto, prometió el oro y el moro a una sociedad desmoronada económicamente. Solamente para el día después, sumergirse en una doble espiral de “dije diego” atornillando aún más la desigualdad, y exponer sus vergüenzas orgánicas de corrupción y (¿aún supuestas?) contabilidades B.

Ciudadanos en busca del electorado de centro perdido, miraba a la socialdemocracia y a lo liberal con un cierto estrabismo ideológico. La ambigüedad le daba un “nosequé” posmoderno alternativo. Y creció en apoyos entre un electorado desorientado. Izquierda Unida, en un movimiento clásico, se puso el traje de Podemos y surfeó sobre las ondas del 15M.

Con el PSOE “k.o.” ejerciendo de institucional y el PP en caída evidente, tomaron vuelo los “new wave”. Nueva política, regeneración, dar aire fresco a la representación. Ciudadanos y Podemos se elevan en un viento que prometía algo más. En 2015 y 2016 se juntan los vuelos, en decadencia de los viejos y el ascenso de los nuevos. Hasta aquí la lógica de lo caduco y lo nuevo daba latido a los electorados. La lógica del “muera lo viejo y viva lo nuevo”. En lo viejo, dos partidos en crisis de supervivencia.

Las tendencias estaban definidas cuando aparece en el PSOE un cabo suelto y rompe esquemas. Cambia el ritmo y el paso socialista. Es un evento local, pero que reordena las expectativas en la izquierda. Unidas Podemos ya no se enfrenta a la decadencia orgánica y electoral con la que parodia al PSOE y que le suministró tantos nutrientes. La discontinuidad está servida y lo que subió baja y lo que bajó sube. El PSOE supera su crisis de supervivencia en un periodo intenso entre 2011 y 2019. El regreso del PSOE significa un retroceso electoral de Podemos. Como dos más dos son veintidós.

Sin embargo, el PP se encuentra en el apogeo de la suya. Iniciada en 2015, sigue en la tendencia que le dejó sus incumplimientos y la corrupción. Es el PP que heredó Casado y cuyas hipotecas nunca ponderó. Ese eje de declive electoral aún alimenta a Ciudadanos y un satélite llamado Vox. Por resumir, si el PP ya entró explícitamente en crisis, Unidas Podemos está en proceso al igual que Vox.  Los tres, a su ritmo luchan por su supervivencia.

De la quema, hasta ahora, se libra Ciudadanos. Pero es un sinvivir. Su fuerza depende de la debilidad de Casado. Si Casado no se convierte en un líder, Ciudadanos estabiliza y crece. Y es lo que parece. En lo que queda, los partidos de derechas en España han entrado en guerra de trincheras. Una batalla posicional en la que salir a campo abierto es ser batido y abatido en un fuego “amigo” cruzado. En esa, mejor no moverse. El primero que haga política pierde.

Ya en ello, Rivera continua con su maniobraba envolvente por la derecha, para embolsar al electorado del PP. Ahí le valen oficiales “expeperos” ya sin carga ni cargo, y que se encontraban en espera de destino. A saber cuál, pensaban ellos. En ese escenario, Casado no tiene mapa ni orientación. A veces Rivera ataca por el flanco izquierdo o le machaca desde la derecha. A más abundar, el regimiento de zapadores mediáticos conservadores está en el roe que roe, y ya para qué. Casado tiene un problema y es él mismo. Es un recolector, un heredero, un gestor de la empresa familiar y no un emprendedor. Parece que carece del espíritu que la política española de ahora merece. El PP le eligió para otra tarea que ya no es. En esa, está perdido. Rivera es “self made man”, un “free rider”, un cazador. Y gruñe al PSOE mientras muerde al PP, que es la pieza verdadera. Puede que no lo devore, pero cojera le deja. Ciudadanos es muleta y mordisco.

La falta de contenidos o programa la ha solucionado Rivera con una idea genial. El plan de Rivera es terminar con el plan de Sánchez. Así de fácil. Como un mimo ante un cristal invisible, gesticula y escenifica. Su plan es terminar con el plan de Sánchez. ¿Cuál es el plan de Sánchez? Ser presidente del gobierno. ¿Algo más? La ausencia de contenidos, objetivos y propuestas de Ciudadanos se llena de repente con el plan ajeno. Y ya está. Su plan es terminar con el plan, y es cuestión de que haga lo que diga Sánchez, es su plan. Puestos en ese plan, no esperen política en Ciudadanos, que Rivera de eso está a plan. Fue difícil seguir la argumentación tipo “pinypon”: bandas, habitaciones del pánico… Como buen fan de Mark Twain, Groucho Marx, Woody Allen y otros que tal, espero la publicación del diario de sesiones para aumentar mi biblioteca. Se salió.

Vox se quedará y poco más. Hay más movimiento en el orgullo gay que en el orgullo patrio añorante del movimiento. La gran incógnita es cuánto tiempo llevará IU el traje de Edgar (Los hombres de negro). Lo pasado en La Rioja demuestra cómo le tira el traje UP de las sisas. Izquierda Unida hace política de décadas. Sabe lo que vale y cuesta un voto. Lo difícil que es dejar de ser testimonial y pasar a ser funcional. En esa, escucho a Echenique explicar que los ministerios no tenían suficientes competencias. Que solo les valía para ser visibles, tener presencia social y política. Para ser creíbles y consolidarse. Y sobrevivir diría yo. Pero no. Casi parece que prefieren decaer matando. ¿A la derecha y la clase dominante? Preguntará usted. Pues no. En este serial te pierdes un capítulo y ya no te enteras. Ellos no estaban en política para permanecer, sino para hacerse un Iznogud en la izquierda (ya saben lo de ser Califa en lugar del Califa). Al igual que Rivera en la suya.

Tengo una mala noticia para Rivera. No será presidente antes de cumplir cuarenta años. No sé, llámenlo intuición, pero tanto aceleramiento tendrá un porque, una meta, un querer. A veces, la que parece más tonta es la decisiva. El plan de Sánchez es ser presidente diez años más. Y es terrible. Eso le pone ya en los cincuenta. Eso sí, para entonces ya serán los nuevos cuarenta.