CREAR ESPACIOS DE CONFIANZA

iglesias060416

Se debe decir en voz alta: Hay esperanza. Cuanta más participación e implicación de los ciudadanos, más esperanza. Cuanta más transparencia, menos impunidad y más democracia e igualdad. Dijo Kofi Annan, ex Secretario General de la ONU, en una ocasión, que la voluntad de la gente tiene que ser la base de la autoridad gubernamental. Y que este es el fundamento de la democracia y del buen gobierno.

Pues bien, en una sociedad tan dual y, a la vez, tan interconectada como la actual hay dos claves para el éxito democrático. La primera, está en crear espacios de confianza. Y la segunda, que los ciudadanos sepan que siempre habrá justicia. Hoy más que nunca, la confianza es la base sobre la que debe cimentarse un nuevo contrato social que construya un mundo de bienestar para todos los seres humanos. Esa confianza, que se forjará día a día en las calles, en las empresas, en las instituciones, en el trabajo colaborativo, será global y local, y cambiará el mundo.

El esfuerzo para recuperar la confianza de los ciudadanos en todos los planos de la vida social, política y económica implicará grandes cambios, que se establecerán sobre compromisos basados en los principios y los valores que marca la Declaración de los Derechos Humanos.

Por ese motivo, fue esperanzador, pero no suficiente, ver y leer, en abril de 2009, como en la reunión del G-20 de Londres se proclamaba, con grandes palabras, que la era del secreto bancario se había acabado. Concretamente, en el punto decimoquinto de las conclusiones se decía: “Tomar medidas contra las jurisdicciones no cooperativas, incluidos los paraísos fiscales. Estamos dispuestos a desplegar sanciones para proteger nuestras finanzas públicas y nuestros sistemas financiaros. La era del secreto bancario se ha acabado. Señalamos que la OCDE ha publicado hoy una lista de países evaluados por el Foro Mundial de acuerdo con la norma internacional para el intercambio de información fiscal” La pregunta que surge es evidente: ¿en qué quedó todo aquello? Y más, cuando algunos países presentes firmaron acuerdos con Panamá para el intercambio de información, y siguió sucediendo lo que todo el mundo sabía y ahora se hace público.

Pero lo que hoy nos ocupa, es otra cuestión más importante. El hecho de que actores no gubernamentales colaboren para sacar a la luz información que obliga a los gobiernos a pasar de las declaraciones a la aplicación de la ley. Que un grupo de más de 370 periodistas, de un centenar de medios de comunicación de 76 países, haya trabajado durante un año para que hoy todo el mundo conozca cómo funcionan las sociedades offshore que se crean en paraísos fiscales, y a muchos de los titulares de esas sociedades que se caracterizan por su secretismo, marca un nuevo punto de inflexión.

Por una parte, frente a la concentración de los medios de comunicación que se ha producido en las últimas décadas, y que generó grandes multinacionales donde prima más la cuenta de resultados y sus interés de grupo que la libertad de información, se afianza un nuevo tipo de periodismo colaborativo que vuelve a dar a la libertad de expresión e información el papel central que debe tener en todo sistema democrático.

Por otra, el trabajo de denuncia colaborativa, que salta ahora a la luz con los Papeles de Panamá, muestra que es posible combatir estas prácticas por parte de los Estado si existe voluntad efectiva de hacerlo. Si han podido estos periodistas, más medios tienen los Estados para actuar y coordinarse. Por tanto, es el momento, de que los Estados y las organizaciones internaciones acaben con los paraísos fiscales, luchen contra la corrupción y apliquen la ley, a toda aquella persona o empresa que pretende participar en todos los beneficios de nuestra sociedad, sin contribuir económicamente a su sostenimiento.

Los papeles de Panamá, como antes la lista Falciani o los documentos de wikileaks, vuelven a poner frente al espejo a una sociedad donde la codicia y la ausencia de comportamientos morales, con el fin de conseguir unos beneficios individuales, están muy enraizado en personas y empresas que tendrían que destacar por su ejemplaridad.

Es cierto que impresiona el dato de más de 11,5 millones de documentos internos del despacho de abogados panameño Mossack Fonseca, uno de los cinco mayores registradores mundiales de sociedades “offshore”, y las personas que aparecen. Pero, ¿y la información de los otros cuatro registradores? ¿Dónde está? ¿Quiénes son? De momento, de la presión mediática y social de ser señalado al aparecer en estos papeles, se está pasando, por parte de numerosos Estados, a la apertura oficial de investigaciones que a buen seguro acabarán en condenas en algunos de los casos.

Es extraordinario ver como se les quita la máscara a farsantes profesionales de las élites económicas, políticas, culturales, deportivas y sociales. Personas que hasta hace escasos días todavía profetizaban sobre la importancia de la integridad, se encuentran ahora frente a su verdad. Como el primer ministro de Islandia que ha solicitado el adelanto de las elecciones como consecuencia de esta información; o el presidente de Transparencia Internacional en Chile que ha presentado su dimisión. Por no hablar de todas las “insignes” referencias patrias.

Pero hay que estar atentos, para que todos los defraudadores paguen por lo que han hecho. Y para recordar a aquellos que todavía creen que viven en el siglo XX, que con cuatro robagallinas de cuello blanco como cabezas de turco ya no sirve. ¿Y saben por qué? Porque la confianza y el trabajo colaborativo de muchos ciudadanos de todo el mundo lo impedirá. Al tiempo, que saldrá más información.

Bienvenidos al siglo XXI.