Rafael Simancas

CONTRA LA PEREZA ELECTORAL

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Buena parte de la ciudadanía que el 20 de diciembre optó por el cambio, hoy siente frustración. Existe una sensación legítima y explicable de fracaso colectivo ante la nueva convocatoria electoral. Está justificado, incluso, el reproche hacia quienes no han actuado con lealtad al mandato de cambio que recibieron en las urnas hace cuatro meses. Sin embargo, no hay lugar para la pereza electoral.

El principal argumento para la movilización electoral es básico. Puede que algunos sientan aquí cansancio o aburrimiento por la reiteración de la llamada a las urnas, pero el derecho a votar ha de considerarse aún como un lujo antes que una carga pesada. Porque el derecho a elegir democráticamente a nuestros representantes y a nuestros gobernantes constituye una excepcionalidad en la historia de España y una rareza en el mundo de hoy.

El 73,2% de los españoles con derecho a votar acudieron a las urnas el pasado 20 de diciembre. A su vez, más del 70% de estos electores apostaron por el cambio antes que por la continuidad de las políticas del Gobierno del PP. ¿Existe hoy alguna razón menos que entonces para votar por el cambio? Desde luego que no. Los españoles siguen necesitando, en igual o mayor manera, un cambio drástico en las políticas públicas para alcanzar la recuperación justa, la regeneración democrática y un nuevo pacto territorial.

Además, entre el 20 de diciembre pasado y el día de hoy los electores del cambio han aprendido muchas cosas. Algunos ciudadanos decidieron confiar en ciertos líderes “emergentes” que prometían una “nueva política”, sin querencia por los sillones, sin sectarismos, sin aquel “y tú más” que reprochaban a los partidos tradicionales. Sin embargo, durante este tiempo, algunos de estos líderes “emergentes” se han caracterizado precisamente por su ambición desmesurada y por su rencor inexplicable, en el peor estilo de la “vieja política”.

En este tiempo hemos aprendido que aquello tan “nuevo” de “los de arriba y los de abajo”  solo era un eslogan en boca de los que preferían no definirse ideológicamente, para practicar aquello tan “viejo” de “quítate tú para ponerme yo”. Hemos tenido oportunidad de constatar que votar PP es votar inequívocamente continuidad. Que votar Ciudadanos puede servir para cualquier cosa. Y que votar Podemos sirve para bloquear las oportunidades de cambio y para que Rajoy siga gobernando indefinidamente.

Y hemos podido concluir que solo aglutinando el voto en el PSOE podrán hacerse realidad las oportunidades de cambio en este país. Cuanto más fuerte esté el PSOE, más posibilidades tendremos de jubilar a Rajoy y contar con un Gobierno de cambio. Cuanto más débil esté el PSOE, más posibilidades existen para que la pinza otorgue a Rajoy la continuidad que no merece y que no desea la mayoría de los españoles.

Un último argumento contra la pereza electoral de los votantes del cambio. Los otros no se cansan nunca.