CON DOLOR Y VERGÜENZA

Desde el momento número uno, todo el día 1-O ha sido un despropósito, que ha producido vergüenza.

Como ha definido Pedro Sánchez, “un salto al vacío”.

Al final se ha producido la confrontación. Una situación que se veía venir aunque creíamos que no se produciría, pero la insensatez política ha generado más provocación y exaltación de las emociones que ahondar en la razón y el diálogo.

A Rajoy no se le ve propósito de enmienda en sus actuaciones represivas. Ha sido bochornoso ver al Estado ordenar a la fuerza la paralización de un simulacro de referéndum, que si el Gobierno hubiera dejado que se hiciera, hubiera muerto en las propias urnas, por ser ilegítimo, porque los censos eran una risa, y porque una gran parte de catalanes hubiera ejercido su derecho democrático, de votar o no, en completa tranquilidad, pero diciendo NO (gran parte de ellos) a la independencia.

Pero Rajoy ha provocado a todos los catalanes en su conjunto, tratándolos como delincuentes, de forma represiva, y generando una batalla España versus Catalunya. Mientras gran parte de españoles veíamos con estupor cómo la situación se convertía en un desmadre.

Mientras tanto, se alzaban los “líderes del independentismo” como víctimas de esta situación. La CiU reconvertida en el PDCat saca pecho, porque ha encontrado en la represión, un filón político. Y la CUP, absolutamente satisfecha, dispuesta a seguir la batalla hasta donde haga falta, aunque se queme Catalunya con ello. Como decía Borrell, “hay amores que matan”.

Las barbaridades que se dicen por ambas partes son inimaginables. Y las presiones que ambas partes han ejercido sobre la ciudadanía son insoportables.

Pero hasta aquí hemos llegado por la ceguera y el egoísmo de ambas partes que están buscando más sus propios votos “en casa” (el PP en España y el PDCat en Catalunya), sin importar las consecuencias.

Muchos nos hemos quedado en el medio, en la trinchera. Denunciando continuamente la política de Rajoy y el PP y denunciando al mismo tiempo la barbarie de este independentismo.

Pero si hasta el momento el independentismo estaba atravesando líneas rojas, en la última semana el Gobierno de Rajoy no se ha quedado atrás. Aunque lo de ayer no es aceptable, bajo ninguna justificación, por un Estado democrático. Ayer, el Gobierno de Rajoy perdió toda la razón que avala su defensa de España.

Y mañana, cuando el govern catalán siga adelante con esta locura, habrá roto también todos los puentes.

¿Cuál es el siguiente paso? ¿Encerrar en la cárcel a Puigdemont? ¿Montar barricadas en Catalunya? ¿Resolver todo esto de forma bélica?

Una vez más, se reclama diálogo, política, consenso, … pero qué ingenuo suena en medio de esta situación que ha pasado de la confrontación legislativa y jurídica a, literalmente, la violencia física. Qué difícil parece establecer diálogo cuando se han roto todos los puentes.

Lo peor es que, dentro de esta locura, seguramente Puigdemont y los suyos ansían que se produzcan elecciones para recoger muchos más votos, en una nuevas elecciones con carácter plebiscitario. Y probablemente, Rajoy piense lo mismo: que en unas nuevas elecciones, él se presentará como el único que ha intentado defender a España, con todas las “armas” posibles.

Y todavía es mucho peor si pensamos que probablemente ambos tengan razón, y esta locura aporte votos en las urnas de estos “exaltados” políticos capaces de quemar la tierra que pisan para que nada nuevo vuelva a crecer.

Día histórico triste y lamentable que todavía no ha terminado.