¿CÓMO SE LIMPIAN LOS ESCÁNDALOS DE CORRUPCIÓN SI NO SE ACOMPAÑAN DEL CASTIGO EN LAS URNAS?

noguera140916

Los escándalos del PP siguen y siguen. Ahora le toca a la todopoderosa e íntima amiga de Rajoy, Rita Barberá.

Lo más significativo de este permanente hedor de corrupción e irregularidades, que parece no tener fin, es la reacción del PP y de Mariano Rajoy. ¿Y cuál es? Pues la de siempre, ni más ni menos. Es decir, el PP parece no haberse enterado de que España, para salir del agujero de crisis económica y moral en la que vivimos instalados, necesita limpiar hasta el fondo, caiga quien caiga. Y ello supone cambiar las formas, las actitudes y las mentalidades de los dirigentes del PP relacionados con la corrupción.

Pero ayer, ver los informativos de cualquier cadena era un “dejà-vu”. Mariano Rajoy se hacía el mudo mirando hacia otro lado cuando le preguntaban por Rita; los ministros salían a decir que había que dejar que la justicia actuara y que no había aún elementos de dimisión; la secretaria general u otros dirigentes repetían la frase tópica y típica de “creo en su inocencia” como ya dijeron de otros muchos (Bárcenas, Rato, Fabra, Camps, Matas, y un larguísimo etcétera).

Si Rajoy y el PP mantienen la misma actitud esperando, como siempre, a que todo escampe, a que el tiempo juegue a su favor, porque al final la memoria colectiva es más débil de lo que parece, porque el lío electoral hace que la gente más consciente se abstenga, y una gran mayoría piense lo más cómodo que se resume en “todos son iguales y o nos roban estos o lo harán los otros”, demuestran que no tienen ninguna voluntad de corregir y enmendar, porque siguen instalados en la trampa y en la deshonestidad.

Al final, en España, parece que no pasa nada. Que la indignación ha quedado reducida a los sectores más progresistas, a la ciudadanía más crítica, que suele ser al mismo tiempo la que antes se desmoviliza. Porque el PP aumenta en las encuestas, parece remontar y salir del agujero, porque su votante, aún con la nariz tapada, prefiere la seguridad y la estabilidad de los corruptos conocidos a la inseguridad de lo que vendrá que, como dicen algunos, “está por demostrar que no sean más de lo mismo”. Resulta increíble y difícil de explicar qué es lo que subyace en los sentimientos de una gran parte de los españoles, hasta dónde la picaresca, el enchufismo, la trampa y la mentira que hizo mella como una vía de escape a la férrea cultura impuesta en el régimen franquista, sigue predominando hoy.

Y con estos mimbres hay que hacer un Gobierno. Asusta ir a unas terceras eleccione,s porque los resultados pueden ser impredecibles y encontrarnos con un aumento aún mayor del PP, lo que “legitimaría” socialmente que una maquinaria de hacer billetes en negro pudiera gobernar sin modificar un ápice sus conductas inmorales e ilegales.

Pero al mismo tiempo la formación de un Gobierno ahora mismo supone aceptar que el PP y Rajoy gobiernen con todos los casos de corrupción en vías judiciales. ¿De verdad refuerza la democracia tener a un Gobierno bajo sospecha? Ciudadanos tiene una patata caliente. Han sido los defensores a ultranza de que Rajoy gobierne sin pedirle su cabeza ni el cambio generacional para retirar a todos los que urdieron esta trama. Y, recién firmado el pacto, el PP se ríe en la cara de sus posibles socios de gobierno. ¿Le basta a Ciudadanos con que Rita dimita de senadora para taparse la nariz y seguir adelante? ¿Le basta con que De Guindos explique a trompicones lo de Soria? ¿Le basta con que Bárcenas retire ahora “lo que dije, digo”?

Hemos de cerrar la etapa de la corrupción española, y para ello, es imprescindible que otros actores políticos estén en la escena parlamentaria. No se puede seguir teniendo a Rajoy, sus compañeros de viaje, y la época de la burbuja inmobiliaria y la estafa sentados en los escaños. El PP debe regenerarse, no sé si por su propio bien, pero sí por la salud democrática de nuestro país, que cada vez necesita más un psiquiatra que analice los comportamientos colectivos.

España no puede permitirse vivir en un permanente caos político-judicial. ¿O sí?

La imagen de España, su cultura del trapicheo y la estafa, la limpieza de la corrupción, el valor de la justicia, la honestidad de los políticos, la fortaleza de la democracia, y el sentido común de la ciudadanía está en juego en las siguientes elecciones autonómicas. Si, pese a todo, el PP sigue ganando elecciones, habrá que preguntarse cuál es la calidad moral de este país.