¿CÓMO ORIENTARSE EN EL INTERIOR DE UN BLOQUEO?

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Se nos solicita una reflexión sobre el momento político actual y sobre cuál es el mejor camino que en nuestra opinión debería escoger el PSOE, partido que tiene la llave de la situación.

Lo primero que hay que decir es que las tres alternativas que se vislumbran son malas, tanto para el propio PSOE como para el conjunto del país. A saber: a) conceder la investidura a Mariano Rajoy mediante la abstención de 11 diputados del PSOE; b) intentar un pacto con Podemos y Ciudadanos para desalojar a Rajoy de la Moncloa y poder revertir sus políticas; y c) ir a unas terceras elecciones. Cuando se producen este tipo de situaciones, lo mejor para orientarse es priorizar las alternativas y quedarse con la menos mala. Analicemos una por una:

Permitir gobernar a Rajoy es manifiestamente malo. Sus políticas han producido mucha injusticia y desigualdad social. Se han aprobado leyes como la LOMCE, la reforma laboral, y la ley mordaza muy dañinas para la sociedad y con tan solo los votos de su mayoría absoluta. Hubo incluso un acuerdo parlamentario de toda la oposición para revertir esas leyes en cuanto hubiera una mayoría suficiente. Está además el tema de la regeneración política y de la lucha eficaz contra la corrupción, que sería temerario dejar a su cuidado, a la vista de su comportamiento reiterado de proteger a los corruptos de su partido: se puso del lado de Matas, Camps, Bárcenas, Mato, Fabra, Barberá, Soria, etcétera, todo el tiempo que le fue posible y utilizó todos los recursos judiciales a su alcance para retrasar y minimizar los posibles castigos a los responsables. Por muchos pactos anticorrupción que firme, sencillamente no es de fiar. Adicionalmente, si el PSOE utilizara sus votos para permitir la investidura, el país se quedaría sin oposición creíble. El PSOE resultaría dañado y sus votantes se desplazarían hacia el populismo, haciendo el país más ingobernable. Seguramente ese es el cálculo por el que ha apostado el PP y su potente coro mediático a juzgar por la ingente y un tanto obscena presión que llevan ejerciendo sobre el PSOE desde el 20-D.

Ir a terceras elecciones es manifiestamente malo. Las instituciones y la clase política, ya muy desprestigiadas en estos momentos, alcanzarían cotas de desprestigio muy peligrosas para la convivencia democrática. Desde la sociedad civil, se podría incluso convocar a una huelga de urnas vacías. No se puede decir impunemente a la ciudadanía que se ha equivocado por dos veces y que ha de votar una tercera vez. Máxime cuando esta estima que una parte importante de los obstáculos tienen más que ver con la ambición personal de algunos líderes que con dificultades programáticas.

La opción del pacto transversal PSOE-C’s-Podemos es mala, pero no tanto como las otras dos. Su maldad no tiene que ver con la política que sería posible realizar sino con la tremenda inestabilidad del Gobierno resultante. Las principales dificultades son la muy escasa fiabilidad que ofrece Podemos como aliado y el veto mutuo entre los dos partidos emergentes. Veto, por otro lado, comprensible, porque ambos han de responder ante sus votantes, y estos tienen realmente una opinión muy negativa del partido contrario. Tampoco coinciden en sus aliados naturales. Los de C’s son lógicamente el PP y el PSOE, con los que se sentirían confortables, mientras los de Podemos son el PSOE y los partidos nacionalistas, con los que coinciden en las consultas de autodeterminación.

En mi opinión esta es la opción que debe intentarse en primer lugar y por cierto la que parece está intentando Pedro Sánchez, a pesar de las voces discordantes de algunos barones. Y se debería intentar a fondo, no como un maquillaje para cubrirse las espaldas ante unas posibles elecciones. A fondo, porque si triunfara sería posible un periodo, no necesariamente de cuatro años, en el que iniciar las intensas reformas que el país necesita desesperadamente, como son las de rescate social para reducir las bolsas de pobreza, los planes de emergencia de empleo para jóvenes y parados de larga duración, hacer sostenibles las pensiones, acordar un pacto educativo y de investigación, la reforma energética, o abordar el tema territorial con la vista puesta en una reforma de la Constitución, entre otros. A pesar de las dificultades, hay al menos dos cosas que unen a estos tres partidos: su rechazo a las políticas del PP y muy en particular a la continuidad de Mariano Rajoy, y el temor a unas nuevas elecciones por razones puramente partidistas: es muy probable que la gran abstención previsible se concentre en ellos tres antes que en el PP.

La metodología del pacto también es importante. El programa a llevar a cabo debería detallarse lo más posible, puesto que no lo podría llevar a cabo un Gobierno de coalición, improbable ante los vetos mutuos entre Podemos y C’s. Los puntos a incluir en dicho programa serían en un principio la intersección común de los tres programas. Si un punto –pensemos por ejemplo en los referendos de autodeterminación o en el contrato único- solo es apoyado por uno de los tres, no tendría ningún sentido incluirlo. Entre otras cosas porque sería fácilmente derrotado en la votación parlamentaria. He leído atentamente los tres programas y esa base común es mucho más amplia de lo que muchos imaginan. Sería en mi opinión suficiente para que a los tres partidos les mereciera la pena ponerla en marcha. En particular, en materia de regeneración política las coincidencias son cercanas al 100%, y en torno al 80% para las medidas de rescate social. Las menores coincidencias se dan en el terreno de las leyes laborales.

Si al final triunfaran los personalismos y los vetos y esta vía quedara cegada, el PSOE tendría que escoger alguna de las otras dos vías que yo he calificado de manifiestamente malas. De nuevo, habría que priorizar: ¿qué es peor, un Gobierno en minoría del PP o unas terceras elecciones? Mi respuesta a esa pregunta la tengo clara pero prefiero decirla cuando se dé el caso si es que se da, y ojalá que no se dé.