CÓMO EVITAR BREXIT

CÓMO EVITAR BREXIT

domenec190716

El título de este artículo pudiera indicar la intención del autor del artículo de subvertir la voluntad del pueblo británico. Sin embargo, lo cierto es que el referéndum británico del 23 de junio de 2016 estaba mal planteado.

En primer lugar, hay que reconocer que la democracia directa no es el mejor instrumento para decidir cuestiones tan transcendentales como la pertenencia a la Unión Europea, pues su resultado tendrá un gran impacto en las vidas de las generaciones futuras, ya que normalmente se aprovecha para votar contra la opción que defiende el Gobierno, como pasó en Francia con el referendo sobre la Constitución Europea en 2005, o bien resulta complicado organizar un verdadero debate democrático porque el ciudadano medio no es un experto en asuntos europeos al tiempo que, en el caso británico, una prensa sensacionalista eurófoba ha escorado el resultado en favor de la campaña por la salida, la cual ha logrado con éxito convertir la consulta en un referéndum sobre la inmigración.

En segundo lugar, y de manera más decisiva, la pregunta del referéndum no especificaba el estatuto del Reino Unido respecto de la Unión Europea en el caso de una salida, pues hay por lo menos dos maneras de irse: convertirse en un país tercero y quedarse fuera del mercado interior y de la libre circulación de trabajadores y personas (como Canadá, que acaba de negociar ahora un tratado de libre comercio con Europa), o bien seguir en el Espacio Económico Europeo (EEE), que implica acceso completo al mercado común, pero también aplicar todos los reglamentos y directivas europeas relevantes a efectos de aquél (que son la mayoría), aportar dinero al presupuesto y aceptar la libertad de inmigración (que es el modelo de Noruega).

Lo cierto es que los británicos no se han pronunciado en el referéndum por ninguno de los dos modelos, y que en términos políticos y económicos son peores que el statu quo, es decir, la permanencia.

La primera alternativa es sin duda la peor. El 50 por ciento de las exportaciones británicas va a la Unión Europea. Convertirse en un país tercero significa reinstaurar la aduana y las barreras arancelarias, en tanto se negocia un tratado de libre comercio que llevará años completar (por no hablar de que de la noche a la mañana el Reino Unido se quedaría fuera de 50 tratados comerciales firmados por la Unión con el resto del mundo, que tendría que renegociar por su cuenta, desde una posición más débil y con menos capacidad técnica al llevar cuarenta años sin participar en las rondas comerciales). De hecho, la mayoría de los que han hecho campaña por la salida dicen querer mantener el acceso al mercado interior europeo, el más grande del mundo. Además, Gran Bretaña tendría que de manera acelerada copiar o derogar no menos de diez mil normas europeas.

La segunda posibilidad, el modelo noruego, es la menos mala de las soluciones, ya que el Reino Unido se mantiene en el mercado único y conserva en su acervo jurídico la mayoría de la regulación europea con relevancia para el EEE. El problema es que el Reino Unido se queda formalmente fuera de la Unión, lo que satisfaría a algunos, pero tendría que aceptar la libre circulación de personas y trabajadores, asunto que ha sido el gran caballo de batalla del referendo, poner dinero al presupuesto de la Unión, y encima aplicar normas europeas sin haber participado en su elaboración, al retirarse de las instituciones comunes, lo que es mucho peor que el statu quo, en el que en efecto la regulación comunitaria se impone a la nacional, lo que disgusta a los nacionalistas, pero al menos sus representantes en el Consejo y en el Parlamento Europeo tienen algo que decir al respecto.

El dilema es por tanto endiablado. Seguramente el gobierno británico desea el mejor de los mundos posibles: pleno acceso al mercado único pero con control de la inmigración europea y sin obligación de cumplir las normas del EEE y sin contribuir al presupuesto comunitario. Pero esto es una quimera, difícilmente los 27 aceptaron tal alternativa.

El mejor escenario para el Reino Unido es negociar la solución noruega, reconocer que es peor que el statu quo, y organizar un segundo referendo para validar el resultado de la negociación frente a la permanencia. Sea cual sea la decisión del pueblo, estas dos alternativas son preferibles a convertirse en un país tercero como cualquier otro. Theresa May, la nueva primera ministra británica, necesitará una buena dosis de liderazgo y convicción para preservar los intereses de su país al tiempo que respeta el mandato de su ciudadanía.