¿CÓMO CONSTRUIR DE NUEVO UN ESTADO DE BIENESTAR?

Una de las señas de identidad de Europa, el Estado de Bienestar, hace aguas.

La crisis económica del 2008, la globalización del capitalismo, el trabajo precario, los excedentes de una mano de obra que no es necesaria en una producción cada vez más tecnológica, el descenso del nivel de la clase media mundial, el envejecimiento de la población, … es decir, aparecen nuevos problemas sociales graves a los que el Estado de Bienestar no hace frente, fundamentalmente, porque se fue desmantelando desde la ofensiva neoliberal de los años 80, y que aún no ha cesado.

¿Necesitamos un Estado de Bienestar? Nadie lo niega. Se aclama la “paz social” que conquistó el Estado de Bienestar, aunque al mismo tiempo las críticas se ceban en él: es caro, ineficaz, insolvente, …

Pero, ¿disponemos hoy de las condiciones sociales necesarias para realizar un pacto político-social que desarrolle de nuevo el Estado de Bienestar?

Decía Claus Offe, en su libro Contradicciones en el Estado del Bienestar (1990), “El Estado de bienestar ha sido el resultado combinado de diversos factores (…) El reformismo socialdemócrata, el socialismo cristiano, élites políticas y económicas conservadoras ilustradas, y grandes sindicatos industriales fueron las fuerzas más importantes que abogaron en su favor y otorgaron esquemas más y más amplios de seguro obligatorio, leyes sobre protección del trabajo, salario mínimo, expansión de servicios sanitarios y educativos y alojamientos estatalmente subvencionados, así como el reconocimiento de los sindicatos como representantes económicos y políticos legítimos del trabajo”.

Efectivamente, fue necesaria la unión de diversas fuerzas políticas y sociales para conseguir aquel resultado.

¿Cuál es la situación hoy?

El socialismo naufraga en Europa sin encontrar cómo frenar el capitalismo salvaje que se ha instalado, pero, sobre todo, sin disponer de un discurso único, cohesionado, alternativo a la cultura neoliberal que tan fuertemente se ha instalado en los individuos. Lo que vemos hoy es un socialismo dividido allí donde compite electoralmente (véase el caso español) o dispuesto a apoyar a candidatos liberales con tal de frenar a la ultraderecha (véase Francia) o peleando en solitario como Quijotes sin conseguir romper las aspas del molino (véase el caso griego). La división de los partidos políticos de la izquierda, las rencillas, la desorientación, la incapacidad para canalizar la indignación y frustración ciudadana están haciendo mella en el socialismo europeo, que ya no dispone del voto de la clase trabajadora cohesionado en torno a su ideología. ¿Qué fortaleza tiene el socialismo político para plantear las condiciones de un nuevo Estado de Bienestar?

Por otra parte, la derecha neoliberal (incluso extremista, como el caso de EEUU) está barriendo pese a la crisis económica o quizás gracias a ella. El triunfo de personajes como Trump ha despertado una oleada de euforia para la extrema derecha europea que predica un populismo xenófobo e incendiario. La crisis económica no ha comportado una caída de la cultura neoliberal, sino más bien al contrario: la supervivencia, el miedo a perder lo que se tiene, la inseguridad y la precariedad generan sentimientos de exclusión frente al otro. El discurso neoliberal no busca actualmente punto de acuerdo ni de consenso, sino una confrontación, un choque de trenes, porque solamente del resultado de la colisión, “del todo va de mal en peor”, puede recoger los votos desesperados. ¿Qué necesidad tiene la derecha neoliberal en negociar unas nuevas condiciones sociales?

El tercer elemento imprescindible en la negociación fueron los sindicatos. No hace falta analizar la pérdida de fuelle que estas organizaciones sindicales han sufrido. El nuevo concepto del trabajo, la precariedad sin condiciones laborales, la aparición de nuevos lugares donde instalar fábricas con costes más económicos, las leyes que asfixian las negociaciones colectivas, la propia endogamia de los sindicatos (muy similar a la que han sufrido los partidos políticos) han supuesto un enemigo abierto contra la fortaleza sindical. ¿Son actualmente elementos activos y potentes para imponer condiciones de derechos laborales y sociales en esta inacabable crisis económica?

A la pérdida de fortaleza de los principales protagonistas de una negociación de tan hondo calado, hay que sumar el nuevo escenario internacional.

La sociedad de pleno empleo garante de autonomía ha desaparecido frente a trabajos precarios y mal pagados. Hoy, disponer de un trabajo a tiempo completo ya no garantiza la estabilidad y la seguridad vital, sino que muchos pueden seguir viviendo en la precariedad.

El sistema productivo no necesita mano de obra para reconstruir y producir, como ocurrió en la Europa de la posguerra. Nos enfrentamos a un sistema que “expulsa” mano de obra.

La desigualdad es imparable y creciente. Nunca, en toda la historia de la humanidad, la desigualdad ha sido tan abismal, lo que ha provocado “la secesión de los ricos”, como apuntan Ariño y Romero en su último ensayo. Una separación de aquellos que más tienen y que ya no forman parte de ningún Estado-nación ni de ninguna estructura de clase, puesto que su fortuna es tan incalculable que sale de los límites de la razón. La crisis no ha sido perjudicial para todos, hay quienes han ganado mucho, muchísimo en estas aguas turbulentas.

Si la desigualdad crece, el capitalismo financiero ha convertido al dinero en el becerro de oro, si el trabajo manual es un excedente, si los derechos sociales y laborales se diluyen, si los protagonistas de aquel acuerdo están sin fuerzas, ¿qué condiciones existen hoy para propiciar un nuevo Estado de Bienestar?